Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y, sin embargo, el más difícil de curar”,...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“La soberbia es
el vicio más frecuentemente castigado, y, sin embargo, el más difícil de curar”,
Nicolás Tommaseo (1802-1874) Escritor y lingüista italiano.
MAL MOMENTO
Hay fotografías
que los políticos presumen porque creen que comunican cercanía, trabajo y
territorio. Y hay fotografías que, vistas en su contexto, terminan diciendo
exactamente lo contrario.
El PRI Sinaloa
publicó este domingo una imagen que merece analizarse no por la pinta de una
barda, sino por el momento en que decidió presumirla. César Emiliano Gerardo
Lugo, Liliana Cárdenas Valenzuela, la senadora Paloma Sánchez y el alcalde de
Navolato, Jorge Rosario Bojórquez Berrelleza, aparecieron participando en una
jornada partidista bajo una frase que pretendía transmitir entusiasmo: “El PRI
se pinta de trabajo, equipo y compromiso con Navolato”.
Hasta ahí podría
tratarse de cualquier actividad partidista de domingo. Los partidos pintan
bardas, reorganizan estructuras, recorren municipios y comienzan a prepararse
para 2027. Morena lo hace. El PAN lo hace. Movimiento Ciudadano, PAS y el
propio PRI también. Nada extraño.
El problema es
que ese domingo no era cualquier domingo en Navolato.
Mientras
dirigentes priistas llevaban los colores de su partido a las paredes, el mar
había salido y el agua entraba a comunidades costeras del municipio. Altata,
Dautillos, El Tetuán, Las Aguamitas y Yameto registraban afectaciones. Había
viviendas anegadas, familias preocupadas por sus pertenencias y autoridades de
Protección Civil, Ejército, Marina, DIF y otras instituciones desplegadas para
atender la contingencia.
Y entonces la
fotografía cambia completamente de significado.
No porque
corresponda al PRI resolver una emergencia. Esa responsabilidad pertenece
fundamentalmente a los gobiernos y a las instituciones encargadas de protección
civil. Tampoco podemos afirmar que ninguno de quienes aparecen en la fotografía
haya realizado posteriormente alguna acción de solidaridad con las familias
afectadas.
El
cuestionamiento es otro: ¿qué decidió mostrar como prioridad política el PRI
mientras una parte de Navolato estaba bajo el agua?
Y
particularmente hay un personaje cuya presencia merece una reflexión diferente.
Jorge Rosario
Bojórquez Berrelleza no estaba ahí solamente como priista. Es el presidente
municipal de Navolato. Eso cambia todo.
Mientras César
Emiliano Gerardo Lugo puede justificar su presencia como dirigente estatal,
Liliana Cárdenas desde su responsabilidad partidista y Paloma Sánchez desde su
actividad política como senadora, el alcalde tiene una obligación que está por
encima de cualquier sigla cuando existe una contingencia en el territorio que
gobierna.
Su gobierno
estaba atendiendo la emergencia. Eso debe decirse y reconocerse. Hubo
funcionarios, cuerpos de auxilio y dependencias trabajando en las comunidades
afectadas.
Pero
precisamente por eso surge una pregunta incómoda. Si había familias sacando
agua de sus casas, ¿qué hacía el presidente municipal apoyando una pinta de
bardas de su partido?
No se trata de
exigirle que personalmente opere una bomba, cargue costales o conduzca una
patrulla. Gobernar significa coordinar instituciones. Pero también significa
entender que existen momentos en los cuales la presencia del gobernante tiene
un valor político y humano. Ese domingo era uno de ellos.
La imagen que
necesitaba Navolato no era necesariamente la de su alcalde con una brocha
frente al logotipo del PRI. Podía ser la del presidente municipal recorriendo
Dautillos, Altata, Yameto, El Tetuán o Las Aguamitas; hablando con familias,
supervisando refugios, preguntando qué hacía falta y encabezando personalmente
la respuesta de su gobierno.
No porque una
fotografía resuelva una emergencia. Sino porque gobernar también significa
estar. Y aquí aparece una contradicción todavía más evidente. El PRI acompañó
su publicación con la etiqueta “Cerca de la gente”.
La gente estaba
a unos kilómetros. Con agua dentro de sus casas. Ahí es donde la política
pierde el sentido del momento.
Paloma Sánchez
también debería revisar esa fotografía desde otra perspectiva. La senadora ha
construido un discurso crítico frente a los gobiernos de Morena y ha insistido
en señalar la inseguridad, los problemas económicos, las víctimas y la
necesidad de escuchar a quienes están padeciendo la crisis sinaloense.
Es legítimo
hacerlo. Para eso también existe la oposición. Pero precisamente quien
cuestiona al gobierno está obligado a cuidar todavía más la congruencia entre
su discurso y sus actos. Si se reclama sensibilidad, hay que mostrar
sensibilidad. Si se exige cercanía, hay que estar cerca.
Si se critica a
los gobernantes por vivir alejados de los problemas ciudadanos, entonces una
emergencia representa una oportunidad para demostrar que existe otra manera de
hacer política.
Y el PRI la dejó
pasar. Imaginen por un momento otra fotografía.
Los mismos
dirigentes que llegaron a Navolato para pintar bardas suspendiendo la actividad
y trasladándose a las comunidades afectadas. Militantes priistas cambiando
brochas por escobas, palas, agua, alimentos o artículos de limpieza. Paloma
Sánchez escuchando a las familias. César Emiliano Gerardo coordinando
voluntarios. Y Jorge Rosario Bojórquez encabezando, como alcalde, la atención
política de la emergencia.
Probablemente
ninguna barda habría quedado terminada. Pero el mensaje habría sido mucho más
poderoso.
Rumbo a 2027
todos los partidos hablarán de territorio. Nos dirán que están caminando
colonias, visitando sindicaturas y escuchando ciudadanos. Veremos miles de
fotografías destinadas a demostrar quién está más cerca de la gente.
Navolato acaba
de ofrecer una pequeña lección sobre lo que realmente significa esa frase. Estar
en territorio no significa solamente llegar al municipio. Significa entender
qué está pasando cuando llegas.
Porque habrá
muchos domingos para pintar bardas. El mar no pregunta cuándo conviene salir. Y
cuando el agua entra a las casas de quienes gobiernas, las siglas deberían
esperar. Primero está la gente. Después, la barda.
TODO SUELTO
Cuando un
dirigente político necesita repetir que “nada está amarrado”, normalmente es
porque alrededor suyo ya comenzaron a circular versiones, apuestas, supuestos
acuerdos y aspirantes que se sienten más cerca de la candidatura de lo que
realmente están.
Eso parece estar
ocurriendo dentro de Morena en Sinaloa, y por eso adquiere relevancia la
insistencia de Imelda Castro Castro: no existen acuerdos anticipados para
entregar coordinaciones municipales o distritales y, por encima de grupos,
relaciones personales o negociaciones políticas, deberán estar las encuestas.
El mensaje
parece sencillo, pero en realidad intenta establecer desde ahora las reglas de
una competencia interna que cada semana suma nombres y que, conforme se acerque
2027, inevitablemente elevará la temperatura.
La expresión más
importante de Imelda quizá no sea que “la encuesta manda”, porque Morena lleva
años utilizando ese método para seleccionar perfiles. Lo verdaderamente
significativo es lo que agregó después: quien no gane una encuesta no debería
convertirse en producto de un acuerdo político porque, desde su perspectiva,
eso significaría arriesgar una elección.
Ahí aparece una
definición que toca directamente a los grupos internos y también a los aliados.
Morena pretende
que primero se mida competitividad y después se construyan los acuerdos, cuando
históricamente buena parte de la política partidista mexicana ha funcionado
exactamente al revés: primero se negocian posiciones y después se busca
justificar las decisiones.
Si Morena cumple
esa regla, muchos tendrán que recalcular. Una fotografía con Imelda no
garantizará una coordinación. Tampoco una relación con determinado grupo, haber
ocupado un cargo público, pertenecer a una estructura histórica o conseguir que
algún dirigente nacional levante la mano.
Todo eso seguirá
teniendo valor político, por supuesto, porque ayuda a construir relaciones y
presencia, pero el mensaje de la coordinadora estatal pretende establecer que
ninguno de esos elementos será suficiente por sí mismo. Quien quiera encabezar
un municipio o distrito tendrá que demostrar respaldo cuando llegue el momento
de medirlo.
Pero ahí
comienza precisamente la parte difícil. Mientras no existen resultados, todos
están de acuerdo con las encuestas. El aspirante que recorre colonias dice
confiar en ellas; quien tiene estructura asegura que serán el mejor método;
quien aparece bien posicionado exige que se respete la voluntad popular.
El verdadero
problema comienza cuando aparecen los números y solamente puede quedar uno.
Entonces llegan las preguntas sobre quién levantó la encuesta, cuál fue la
muestra, qué se preguntó, cómo se midieron los negativos, cuánto pesó el
conocimiento y quién decidió la metodología. Morena conoce perfectamente esa
película. La encuesta puede resolver una candidatura, pero no necesariamente
resuelve el conflicto que deja detrás.
Por eso las
declaraciones de Imelda también pueden leerse como un intento de administrar
desde ahora el día después. Si todos aceptan públicamente que la encuesta será
la regla, quien pierda tendrá menos argumentos para desconocer el resultado y
quien gane tendrá una legitimidad interna mayor para pedir que los demás se
sumen.
El desafío para
Morena no será solamente encontrar buenos números, sino conseguir que quienes
no resulten seleccionados permanezcan dentro del proyecto.
En una elección
competida, un aspirante inconforme puede no llevarse miles de votos a otro
partido, pero sí puede llevarse operadores, estructuras, liderazgos
territoriales o simplemente dejar de trabajar. Y esas pequeñas fracturas,
acumuladas municipio por municipio, terminan pesando.
También está el
problema de los aliados. Decir que incluso los acuerdos con PT y PVEM deberán
estar mediados por encuestas suena electoralmente lógico, pero políticamente
será más complicado aplicarlo. Las coaliciones no se construyen únicamente con
mediciones; también implican negociación, representación y distribución de
espacios.
¿Qué ocurrirá si
Morena tiene al perfil mejor medido en un municipio que alguno de sus aliados
considera indispensable? ¿Hasta dónde prevalecerá la encuesta y dónde comenzará
la negociación? No conocemos todavía esa respuesta, pero será uno de los puntos
donde se pondrá a prueba la regla que hoy está estableciendo Imelda.
A ello habrá que
agregar la paridad. La propia coordinadora estatal ya explicó que en el bloque
de Culiacán, Mazatlán, Ahome y Guasave podría terminar existiendo una
combinación de tres mujeres y un hombre o de dos mujeres y dos hombres.
Eso introduce
otra realidad: los municipios no podrán analizarse completamente como islas.
Puede existir una medición favorable para determinado perfil y, al mismo
tiempo, la construcción general de las candidaturas tendrá que cumplir reglas
de género, competitividad y eventualmente coalición. La encuesta puede mandar,
pero no gobernará sola.
Ahí está
justamente el punto que los aspirantes deberían entender. Nadie tiene boleto
comprado, pero tampoco basta con aparecer arriba en una encuesta para
considerar terminado el proceso.
Primero tendrán
que construir conocimiento y aceptación; después superar la medición;
posteriormente encajar dentro de la distribución de género y los acuerdos con
aliados; y finalmente lograr que quienes quedaron fuera acepten la definición.
Morena tiene frente a sí un rompecabezas bastante más complejo que simplemente
colocar nombres en una boleta.
También existe
un riesgo que el partido debería evitar: confundir popularidad con capacidad.
Una encuesta puede decir quién es más conocido o quién genera mayor intención
de apoyo en determinado momento, pero administrar Culiacán, Mazatlán, Ahome,
Guasave o cualquiera de los veinte municipios requiere mucho más.
Hay perfiles
capaces de ganar una encuesta y no necesariamente preparados para gobernar; de
la misma manera, pueden existir buenos administradores sin suficiente
reconocimiento electoral. La responsabilidad política de Morena será encontrar
el punto donde competitividad, trayectoria, aceptación y capacidad puedan
coincidir.
Por eso la
declaración de Imelda tiene una consecuencia que quizá todavía no se advierte
completamente: al fijar públicamente la regla también se obliga a respetarla.
Si mañana
alguien que perdió claramente termina encabezando una coordinación por un
acuerdo político, sus palabras regresarán. Si un grupo consigue imponer un
perfil sin medición, también. Y si los aliados reciben posiciones bajo una
lógica diferente a la que hoy se anuncia, quienes resulten desplazados tendrán
argumentos para reclamar.
Decir que nada
está amarrado es relativamente sencillo. Demostrarlo cuando comiencen las
definiciones será otra historia.
Porque la
verdadera prueba de Morena rumbo a 2027 no será solamente descubrir quién gana
cada encuesta. Será comprobar si puede procesar veinte municipios, distritos,
paridad, aliados, grupos y aspiraciones personales sin convertir cada
definición en una ruptura. La encuesta podrá mandar. Pero después tendrá que
entrar la política. Y ahí comenzará lo verdaderamente complicado.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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