Una investigación que analizó información de más de 46 mil personas encontró una asociación entre una menor exposición al azúcar durante los...
Una investigación que analizó información de más de 46 mil personas encontró una asociación entre una menor exposición al azúcar durante los primeros mil días de vida y un menor riesgo de ansiedad décadas después; los autores aclaran que los resultados no demuestran una relación directa de causa y efecto.
La cantidad de azúcar consumida desde el embarazo y durante los primeros dos años de vida podría estar relacionada no solamente con la salud física, sino también con el bienestar mental décadas después.
Un estudio publicado en la revista científica Translational Psychiatry encontró que las personas expuestas a menores cantidades de azúcar durante los primeros mil días de vida presentaron posteriormente un menor riesgo de desarrollar ansiedad.
La investigación fue encabezada por Hana Navratilova, investigadora de la Universidad IPB de Indonesia, quien realizó el trabajo durante su estancia en la Universidad de Surrey, en Reino Unido.
El equipo partió de investigaciones anteriores que han relacionado el consumo de azúcar con enfermedades crónicas y buscó determinar si la alimentación durante una etapa particularmente importante del desarrollo también podía asociarse con problemas de salud mental posteriores.
Un experimento natural con más de 46 mil personas
Para estudiar esa posible relación, los investigadores aprovecharon un episodio histórico: el racionamiento de azúcar establecido en Reino Unido durante y después de la Segunda Guerra Mundial.
La investigación analizó información de más de 46 mil personas nacidas durante y después de aquel periodo, lo que permitió comparar individuos que durante el embarazo y sus primeros años estuvieron expuestos a diferentes niveles de disponibilidad de azúcar.
Los resultados mostraron que quienes permanecieron durante más tiempo bajo las restricciones presentaron posteriormente un menor riesgo de ansiedad.
Entre las mujeres, el estudio encontró que aquellas cuya exposición a las restricciones fue menor o inexistente durante las primeras etapas de vida presentaron una mayor probabilidad de desarrollar ansiedad con el paso de los años.
Los investigadores advierten, sin embargo, que se trata de una asociación estadística y que los resultados no permiten afirmar que consumir azúcar durante la infancia provoque directamente ansiedad en la edad adulta.
También podría influir en el gusto por lo dulce
La investigación encontró además otra diferencia interesante: quienes estuvieron expuestos durante más tiempo al racionamiento manifestaron en la edad adulta una menor preferencia por los alimentos dulces.
El hallazgo plantea la posibilidad de que algunas preferencias alimentarias posteriores puedan estar relacionadas con las condiciones nutricionales experimentadas durante etapas tempranas del desarrollo.
Los científicos también estudiaron posibles diferencias en el cerebro.
A partir de resonancias magnéticas correspondientes a casi 6 mil participantes, encontraron variaciones en el volumen de materia gris en 11 regiones cerebrales, entre ellas el cerebelo.
Estas diferencias son estudiadas como una posible pista para comprender los mecanismos que podrían relacionar la nutrición durante los primeros años de vida con la salud mental posterior.
Los primeros mil días
Los llamados primeros mil días comprenden aproximadamente el periodo que transcurre desde el embarazo hasta que el niño alcanza los dos años de edad, una etapa particularmente importante para su crecimiento y desarrollo.
Los nuevos resultados aportan evidencia sobre una posible relación de largo plazo entre la alimentación durante ese periodo y aspectos de la salud mental y las preferencias alimentarias.
Sin embargo, los propios investigadores consideran necesario continuar estudiando los mecanismos involucrados antes de establecer conclusiones causales o utilizar los resultados para formular recomendaciones específicas sobre prevención de ansiedad.
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