Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma”, William Faulkner (...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Algunas
personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma”, William
Faulkner (1897-1962) Escritor estadounidense
REGLAS DEL JUEGO
La sucesión
municipal de Morena en Sinaloa acaba de incorporar una variable que puede
modificar buena parte de las lecturas que hasta ahora se hacían sobre Culiacán,
Mazatlán, Ahome y Guasave. Imelda Castro Castro abrió la posibilidad de que,
dentro del bloque de los cuatro municipios con mayor peso poblacional, las
coordinaciones terminen distribuidas entre tres mujeres y un hombre, o bien dos
mujeres y dos hombres. Lo que descartó fue el escenario inverso de tres hombres
y una mujer.
La declaración
importa porque hasta ahora buena parte de la conversación política se había
concentrado en revisar municipio por municipio: quién camina más, quién tiene
estructura, quién aparece mejor posicionado, quién pertenece a determinado
grupo y quién podría recibir respaldo de algún sector interno. Después de lo
dicho por Imelda, esa lectura resulta incompleta. Culiacán, Mazatlán, Ahome y
Guasave tendrán que observarse también como un bloque, porque el resultado de
una medición puede terminar relacionado con la configuración de género que
Morena deba construir en el conjunto.
Imelda puso
además sobre la mesa otro criterio: no habrá, según su explicación, municipios
previamente reservados para hombres o para mujeres. Sostiene que primero deberá
hablar la encuesta y que Morena no debe colocar perfiles con menor aceptación
simplemente para satisfacer acuerdos entre grupos. Es una posición
políticamente relevante porque intenta trasladar el centro de la decisión desde
las negociaciones internas hacia las mediciones.
Pero ahí aparece
precisamente la parte más interesante del proceso.
Encuesta y
paridad tendrán que encontrarse
Decir que “la
encuesta manda” parece sencillo hasta que los resultados de veinte municipios
tienen que convertirse en candidaturas respetando las reglas de paridad. Una
medición puede establecer quién tiene mayor aceptación dentro de determinado
territorio, pero después Morena deberá integrar una propuesta completa que
cumpla también con sus obligaciones de género. Por eso no necesariamente
bastará con conocer quién aparece primero entre los aspirantes de cada
municipio; habrá que observar cómo quedan posicionadas mujeres y hombres dentro
de cada bloque.
Ese elemento
puede ser particularmente importante porque ya existen mujeres públicamente
colocadas en algunas de las principales competencias municipales. María Teresa
Guerra Ochoa ha manifestado su interés por participar en Culiacán; Ana Ayala
Leyva ha hecho lo propio en Ahome; mientras en Guasave la alcaldesa Cecilia
Ramírez Montoya asegura que actualmente no busca reelegirse, aunque tampoco
cerró la posibilidad de atender una eventual convocatoria de su partido. En
esos mismos municipios existen aspirantes hombres que también construyen sus
propios proyectos y deberán someterse al mecanismo interno.
Mazatlán
presenta otra característica: existe una lista amplia de figuras que han
comenzado a manifestar interés o desarrollar trabajo territorial. Apenas el 24
de septiembre, por ejemplo, Carlos Escobar Sánchez reiteró que continúa
recorriendo territorio dentro del proyecto de Morena, mientras Manuel de Jesús
Guerrero Verdugo hizo pública su intención de buscar la coordinación municipal.
Esto no permite
determinar quién tendrá finalmente una coordinación, pero sí obliga a mirar el
proceso desde otra perspectiva. Si las mujeres obtienen posiciones competitivas
en tres de los cuatro municipios principales, Morena podría terminar postulando
tres mujeres sin necesidad de desplazar artificialmente a un perfil masculino
por razones de género. Eso es justamente lo que Imelda está planteando.
Los municipios
dejan de ser islas
Aquí aparece una
consecuencia política importante. Lo que ocurra en Culiacán ya no puede
analizarse completamente separado de Mazatlán, ni Ahome independientemente de
Guasave. Cada municipio tendrá su propia encuesta, sus propios aspirantes y su
propia correlación interna, pero al final todas esas piezas deberán acomodarse
dentro de una estrategia estatal.
Eso vuelve
particularmente relevante el orden de los resultados.
Supongamos,
únicamente como ejercicio de análisis, que una mujer obtiene una posición
claramente competitiva en Culiacán y otra hace lo mismo en Ahome. Morena
tendría entonces un escenario distinto para resolver Mazatlán y Guasave que si
los primeros lugares fueran ocupados mayoritariamente por hombres. No significa
que un municipio dependa electoralmente del otro, sino que la integración final
de las candidaturas obliga al partido a observar el tablero completo.
Y precisamente
por eso la frase de Imelda puede provocar que aumente el trabajo territorial
durante las próximas semanas. La publicación de las convocatorias municipales
se retrasó hacia los primeros días de octubre y la propia coordinadora estatal
pidió a quienes tienen aspiraciones continuar recorriendo sus territorios.
Morena, además, prepara recorridos de Imelda por sus veinte consejos
municipales y mantiene activo el trabajo de sus estructuras territoriales.
Hay tiempo
todavía para moverse.
Pero también
comienza a reducirse el margen para permanecer indefinido.
Imelda también
fija las reglas de convivencia
Existe otra
lectura. Después de ganar la coordinación estatal, Imelda Castro necesita
administrar una organización donde numerosos actores participaron en la
competencia estatal y muchos otros ya comenzaron a levantar la mano por
alcaldías y diputaciones. Su tarea no consiste solamente en recorrer Sinaloa;
también pasa por evitar que la multiplicación de aspiraciones fracture al
movimiento antes de llegar a las elecciones.
Por eso resulta
significativa su insistencia en dos conceptos: encuesta y territorio.
Al negar
públicamente cuotas para grupos o corrientes, Imelda establece una narrativa
para procesar futuras inconformidades: la candidatura no correspondería al
grupo que tenga mayor capacidad de presión, sino al perfil que registre mayor
aceptación. Eso no elimina las negociaciones políticas que normalmente
acompañan cualquier proceso partidista ni permite conocer todavía cómo se
aplicará exactamente la metodología, pero sí coloca públicamente un criterio
contra el cual posteriormente podrán evaluarse las decisiones.
También explica
por qué está recorriendo estructuras. El 21 de septiembre anunció visitas a los
consejos municipales después de reunirse con coordinadores territoriales de
Morena. Es decir, mientras se aproxima la etapa de definiciones, la conducción
estatal intenta mantener comunicación con quienes operarán políticamente en los
municipios.
La verdadera
encuesta todavía falta
Conviene
mantener prudencia. Los nombres que hoy aparecen en medios, reuniones,
recorridos y declaraciones representan aspiraciones, no candidaturas. Tampoco
conocemos todavía las mediciones definitivas ni la metodología con la que
Morena resolverá cada coordinación. Por eso sería prematuro convertir la
declaración de Imelda en una lista de municipios destinados desde ahora a
mujeres u hombres.
Lo que sí cambió
es la manera de leer la competencia.
Hasta ahora
preguntábamos quién tenía posibilidades en Culiacán, quién caminaba en Mazatlán,
quién construía en Ahome y quién levantaba la mano en Guasave.
A partir de
ahora habrá que agregar otra pregunta:
¿cómo encajan
esos cuatro resultados entre sí?
Porque Morena
puede medir municipio por municipio, pero finalmente tendrá que armar una sola
propuesta electoral para Sinaloa. Y cuando lleguen las encuestas, no solamente
comenzarán a despejarse nombres.
También
comenzará a definirse el género de buena parte del poder municipal que Morena
pretende disputar en 2027.
SOBRE LA MESA
Los cambios en
el gabinete de Graciela Domínguez llevan semanas en la conversación política,
pero el trascendido que comenzó a circular ayer les da una dimensión diferente.
Si el primer relevo importante ocurre en la Secretaría General de Gobierno, no
estaríamos hablando simplemente de sustituir a un funcionario: Graciela
estaría comenzando la reorganización de su administración por la oficina
responsable de conducir la política interior del estado.
El nombre que
aparece es César Julio Saucedo Barrón, mientras que la eventual salida
sería la de Yeraldine Bonilla Valverde. Hasta ahora no existe anuncio
oficial y todavía ayer Bonilla participó públicamente como secretaria General
de Gobierno en la reunión encabezada por Graciela con la titular federal de
Agricultura, Columba López. Es decir, institucionalmente continúa desempeñando
el cargo.
Pero
políticamente vale la pena detenerse en lo que significaría el movimiento si
termina concretándose. La Secretaría General de Gobierno no administra
solamente una dependencia: mantiene interlocución con el Congreso, municipios,
partidos, organizaciones sociales y sectores políticos, además de participar en
la gobernabilidad cotidiana. Por eso normalmente quien ocupa esa oficina se
convierte en uno de los principales operadores del Ejecutivo.
Y aquí aparece
algo interesante: Saucedo Barrón no proviene de la operación política
tradicional. Su trayectoria pública conocida está principalmente vinculada
con pesca y acuacultura. Fue director general de ISAPESCA durante el gobierno
de Mario López Valdez y posteriormente ocupó la Dirección General de
Ordenamiento Pesquero y Acuícola de Conapesca. Documentos oficiales acreditan
ambas responsabilidades.
De confirmarse,
por tanto, habría que preguntarse por qué Graciela escogería un perfil con esas
características para la posición política más importante de su gabinete después
de la gubernatura. No corresponde anticipar una respuesta mientras no exista nombramiento
ni explicación oficial, pero sí sería una señal que merecería observarse: qué
tipo de Secretaría General de Gobierno pretende construir y qué tarea
específica encomendaría a Saucedo.
Hay otro
elemento. Graciela dijo desde que asumió el cargo que no llegaba a borrar lo
que funcionaba y que cambiaría aquello que considerara necesario. Por eso el
primer movimiento relevante tendría un significado especial: marcaría el punto
donde termina la continuidad automática del gabinete recibido y comienza la
etapa de las decisiones directamente atribuibles a la nueva gobernadora.
Y puede no
quedarse ahí.
Las versiones
que circularon ayer también colocaron bajo observación Obras Públicas,
Economía, SEBIDES y Administración y Finanzas, aunque en estos casos
tampoco existe hasta ahora confirmación oficial de relevos. No conviene
convertir rumores en nombramientos, pero sí seguir el patrón: si después de
Gobierno comienzan movimientos en varias de esas áreas, ya no estaríamos frente
a ajustes aislados sino ante una reconfiguración del gabinete.
Eso sería el
verdadero parteaguas.
Graciela llegó
el 25 de agosto obligada a garantizar estabilidad y enfrentar inmediatamente la
crisis de seguridad. Durante su primer mes mantuvo buena parte de la estructura
existente mientras construía interlocución con Claudia Sheinbaum y el Gobierno federal.
Ahora podría comenzar una segunda etapa: ordenar hacia adentro el gobierno
que deberá conducir hasta el 31 de octubre de 2027.
Por eso yo
pondría especial atención a Secretaría General de Gobierno.
Si el
trascendido se confirma, el primer cambio de Graciela no estaría ocurriendo
en cualquier oficina. Estaría ocurriendo en el corazón político del gabinete.
Y cuando un
gobierno empieza moviendo su operación política, normalmente el dato importante
no es solamente quién sale y quién entra.
Es entender
qué quiere cambiar la gobernadora con ese movimiento.
Ya veremos que
ocurre.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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