El exalcalde de Mazatlán recuerda su infancia en Rosario, su llegada a la UAS en 1989 y sus primeras luchas estudiantiles; asegura que la di...
El exalcalde de Mazatlán recuerda su infancia en Rosario, su llegada a la UAS en 1989 y sus primeras luchas estudiantiles; asegura que la disciplina, la justicia y el trabajo marcaron su formación, y sostiene que ser de izquierda debe demostrarse en los hechos y no solamente asumirse como una etiqueta.
Mazatlán, Sinaloa.— Antes de convertirse en alcalde, diputado local y ocupar distintas responsabilidades dentro del servicio público, Édgar Augusto González Zatarain fue un joven originario de Cacalotán, Rosario, que llegó a Mazatlán en 1989 para estudiar en la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Ahí, recuerda, comenzó prácticamente su historia política.
“Un joven salido de Cacalotán, mi pueblo, de Rosario, que llegó a la Universidad Autónoma de Sinaloa en el 89 a Mazatlán”, responde cuando se le pregunta quién es Édgar González antes del político y del servidor público.
Su ingreso a la entonces Facultad de Ciencias Sociales lo acercó a la organización estudiantil. Primero participó en una elección para consejero técnico y posteriormente llegó al Consejo Universitario.
“Ahí inició mi carrera política, podríamos decir, en el 89”, relata.
Desde entonces, sostiene, no se ha separado de la actividad pública. Ha ocupado responsabilidades en los gobiernos federal, estatal y municipales, además de pasar por el Congreso del Estado.
“Hoy me considero un político con mucha experiencia, con trayectoria y, sobre todo, con un caminar muy largo en el tema del servicio público”.
Cacalotán, familia y disciplina
Antes de aquella etapa universitaria estuvo Cacalotán.
González Zatarain recuerda una infancia que define como feliz, marcada por el trabajo que su padre inculcó desde temprana edad, pero también por el deporte, la cultura y las actividades agrícolas.
Describe al Cacalotán de aquellos años como un pueblo antiguo, de fachadas coloniales, rodeado por el río y las montañas.
“Mi padre nos enseñó a trabajar desde muy pequeños, nos dio ese respaldo de los estudios y del trabajo, que siempre fuéramos hombres de bien”.
De aquella educación familiar rescata particularmente dos principios que asegura haber trasladado a su vida política: disciplina y justicia.
“No abandonar lo que uno se propone. Eso nos enseñó nuestro padre. Y, además, siempre hay que ser personas justas; es un aprendizaje que hasta la fecha lo practico”.
La formación académica, agrega, posteriormente le proporcionó herramientas para organizar y trabajar con la sociedad.
Pero cuando se le pregunta qué ha sacrificado durante tantos años dedicado a la política, rechaza incluso la palabra sacrificio.
Reconoce que dejó actividades que disfrutaba, particularmente jugar béisbol, pero asegura que su familia lo ha acompañado durante buena parte de sus proyectos.
“Como lo disfruto, sacrifico muy poco. [...] No lo considero sacrificio, lo gozo, me gusta”.
La decisión que marcó su vida
Uno de los momentos que González Zatarain identifica como determinantes ocurrió precisamente durante su etapa universitaria.
Tuvo que elegir entre dos caminos: dedicarse al ámbito educativo y cultural o continuar dentro de la actividad política.
No fue una decisión inmediata.
“Me llevó días razonar eso, porque ambas cosas me gustan mucho, pero había que tomar una sola y dedicarle a una sola. Eso me marcó mucho”.
Eligió la política.
Desde entonces, dice, ha mantenido como propósito la búsqueda de lo que considera actos de justicia.
“Me siento orgulloso de que cada vez que tengo oportunidad de hacer un acto de justicia, lo logro; de esa parte, de buscar ser justo”.
“Ahora todo mundo dice que es de izquierda”
La conversación entra entonces en uno de los temas que han acompañado prácticamente toda su trayectoria: la izquierda.
González Zatarain cuestiona que actualmente el concepto pueda convertirse simplemente en una etiqueta política.
“Ahorita, porque está el gobierno de Morena, es moda que todo mundo dice que es de izquierda”.
Su propia formación, explica, ocurrió mucho antes.
Recuerda particularmente la influencia de Alejandro Esquer Mercado, con quien recorrió distintas partes del país acompañado de estudiantes y compañeros vinculados con movimientos políticos y sociales.
Para González Zatarain, ser de izquierda tiene como uno de sus fundamentos la búsqueda de justicia para la sociedad y la solidaridad entre las personas.
Pero introduce una diferencia: conocer intelectualmente lo que significa la izquierda no necesariamente convierte a alguien en una persona de izquierda.
“Una cosa es que tú lo aprendas a través de los libros y otra cosa es que tú lo practiques, que realmente tengas esa vocación de izquierda”.
Y enseguida hace una definición sobre sí mismo:
“Yo, en lo particular, aprendí mucho de la izquierda, practico temas de la izquierda, pero tampoco soy, ni siquiera en estos momentos te voy a presumir eso, porque no es cierto que sea un hombre 100 por ciento de izquierda. Yo busco estar siempre en los equilibrios de la vida y en la política también”.
Del PRD a la 4T
González Zatarain también rechaza la idea de haber construido su trayectoria saltando entre diferentes partidos políticos.
Recuerda que las tres ocasiones en que fue candidato lo hizo bajo las siglas del PRD, independientemente de las coaliciones electorales que ese partido estableció en distintos procesos.
“Nunca cambié. No me viste de candidato en ningún otro partido que no haya sido el PRD”.
Su última elección bajo esas siglas ocurrió en 2018, cuando contendió por el Distrito 24 y obtuvo la diputación local.
Permaneció en el PRD, asegura, hasta la pérdida del registro del partido.
“Hasta el último día que cerramos la puerta, ya apagamos el foco”.
Después, como ocurrió con otros antiguos militantes perredistas, su trayectoria terminó convergiendo con el movimiento político que actualmente encabeza Morena.
Rosario: gobernar en otros tiempos
Antes de llegar al Congreso y posteriormente a Mazatlán, González Zatarain fue presidente municipal de Rosario.
Aquella experiencia, asegura, le permitió conocer una forma distinta de relación entre los municipios y la Federación.
Los alcaldes podían acudir al Congreso de la Unión, presentar proyectos, participar en la discusión presupuestal y gestionar recursos directamente ante diferentes dependencias federales.
“Podías llevar proyectos al Congreso, podías ir a las ventanillas del Gobierno Federal y se te atendía y se daba solución a los municipios”.
Aclara que el modelo actual es diferente y que eso no necesariamente significa que sea negativo, pues actualmente buena parte de los apoyos federales llegan directamente a los beneficiarios.
De su paso por Rosario destaca particularmente haber impulsado el proceso para obtener el nombramiento de Pueblo Mágico.
Pero, sostiene, conseguir el distintivo significó mucho más que obtener una denominación.
Había requisitos que cumplir y proyectos que desarrollar.
“Había que tener universidad, había que tener museos. El Museo de Historia me tocó a mí formarlo. Había que tener una sinfónica juvenil, la tenemos”.
Por eso, cuando mira hacia aquella etapa, asegura sentirse satisfecho.
“Me deja muy satisfecho y orgulloso de lo que hicimos”.
La historia política de Édgar González, sin embargo, todavía tendría otro capítulo particularmente complejo.
Años después llegaría a Mazatlán en medio de una crisis política, primero como secretario del Ayuntamiento y posteriormente como presidente municipal sustituto.
Ahí, asegura, encontró una administración con problemas que requerían decisiones inmediatas.
Y cuando dejó el gobierno municipal, quedó con una conclusión que hoy vuelve a colocar sobre la mesa: le faltó tiempo.
En la segunda parte: Édgar González habla de lo que encontró al asumir el Gobierno de Mazatlán, los resultados que asegura haber dejado, los problemas que quedaron pendientes, su diagnóstico sobre las finanzas municipales y las razones por las que busca regresar rumbo a 2027.
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