Columna periodística Carlos Avendaño Advertencias, encuestas y nervios en MORENA Sinaloa. Una publicación en redes de María Inés Pérez Corr...
Columna periodística
Carlos Avendaño
Advertencias, encuestas y nervios en MORENA Sinaloa. Una publicación en redes de María Inés Pérez Corral encendió las alarmas políticas. En su mensaje, advierte que quienes han manifestado respaldo a la Senadora Imelda Castro Castro estarían siendo objeto de difamación y lanza una frase que no pasó desapercibida: “Espero que no haya muertes por ello”. Así, directo, sin matices, sin explicación adicional y en un contexto como el de Sinaloa, esta frase no es menor. Porque cuando en política se habla de “difamación”, estamos ante una disputa narrativa. Pero cuando se menciona la posibilidad de violencia, el nivel cambia y mucho. Aquí hay dos lecturas inevitables. La primera: que existe una confrontación interna cada vez más visible dentro de MORENA Sinaloa con rumbo al 2027. La segunda: que el crecimiento político de ciertos perfiles empieza a generar incomodidad en otros aspirantes. Porque en política, cuando alguien sube, alguien más se inquieta. Y ahí comienzan las tensiones. Las campañas anticipadas, los señalamientos y las guerras internas disfrazadas de “opinión”. Ahora bien, más allá de interpretaciones, hay una pregunta que no se puede ignorar: ¿Por qué introducir el tema de la violencia en una disputa política? ¿Es una advertencia, una preocupación legítima o un mensaje que busca marcar territorio? Porque en el fondo, lo que estamos viendo no es un simple posicionamiento en redes sociales. Es un síntoma de que la lucha interna ya comenzó y que la famosa “unidad morenista” empieza a tensarse. De cara al proceso electoral, hay algo que todos los actores deberían tener muy en claro: la competencia política es válida y la crítica también. Pero el respeto a la ley y a la integridad de las personas, no es negociable. Porque si algo necesita hoy Sinaloa, no es más confrontación interna. Es seriedad, responsabilidad y congruencia. Como bien dice el refrán: no basta con predicar, hay que poner el ejemplo morenistas…
Ahome 2027: entre sueños… y apellidos. Rumbo al 2027, aparece un nuevo nombre en la baraja política de Ahome. Se trata de Elidia López Valdez, quien ha hecho pública su intención de buscar la alcaldía. Un proyecto que -según sus propias palabras- nace de un sueño personal. Hasta ahí, todo válido, legítimo e incluso aspiracional. Pero en política, los sueños rara vez caminan solos. Y aquí entra un elemento que no pasa desapercibido: su vínculo con el exgobernador Mario López Valdez, mejor conocido como MALOVA. Quien ya adelantó que podría respaldarla, claro, si ve condiciones reales de triunfo. Traducción política: el apoyo no es automático, es estratégico. Y esto abre varias lecturas. Porque en México -y Sinaloa no es la excepción- los apellidos pesan y pesan mucho. No garantizan el triunfo, pero sí abren puertas, generan reflectores y colocan en la conversación. La pregunta de fondo es inevitable: ¿Estamos frente a un proyecto ciudadano con identidad propia o ante una candidatura que podría construirse desde una estructura política ya conocida? Porque una cosa es tener preparación, trayectoria personal y aspiración legítima, y otra cosa muy distinta, es competir en un terreno donde las redes de poder ya están trazadas. Al final, el reto para cualquier aspirante será el mismo: convencer a la ciudadanía de que no es solo un nombre, sino una propuesta real. Porque en política, los sueños inspiran, pero las elecciones se ganan con estructura, credibilidad y conexión con la gente. Y en Ahome, como en todo Sinaloa, el electorado cada vez observa más. Así que la pregunta queda abierta: ¿Será este el inicio de un proyecto propio o el regreso de una influencia política con nuevo rostro?…
La gran pregunta rumbo al 2027 en Sinaloa. Mientras el gobierno en turno enfrenta problemas que parecen no tener solución -violencia, inconformidad social y protestas- empieza a surgir una pregunta inevitable en el tablero político de Sinaloa, ¿Podrá MORENA ganar nuevamente la gubernatura? Porque una cosa es el discurso político, y otra muy distinta, es la percepción cotidiana de la gente. La sociedad sinaloense ha vivido en los últimos años una realidad marcada por la inseguridad, el desgaste económico y un clima social cada vez más tenso. Y en política existe una regla que casi nunca falla: cuando la percepción social cambia, las urnas también pueden cambiar. Por eso los partidos de oposición -Partido Revolucionario Institucional, Partido Acción Nacional, Movimiento Ciudadano y el Partido Sinaloense- tienen frente a sí un gran desafío por demás evidente. Si realmente quieren competir, tendrán que salir del discurso cómodo y comenzar a construir presencia real en la calle. Porque las elecciones no se ganan solamente criticando al gobierno, se ganan con organización, con liderazgo y con credibilidad ante los ciudadanos. Y ahí es en donde está el verdadero dilema político, ¿La sociedad sinaloense está satisfecha con los gobiernos morenistas? ¿O la violencia y el desgaste social terminarán cobrando factura en las urnas? La política tiene memoria. Y cuando la ciudadanía empieza a mirar con atención lo que ocurre a su alrededor, el poder puede cambiar de manos más rápido de lo que muchos imaginan. Así que la pregunta que queda en el aire: ¿Seguirá gobernando MORENA en Sinaloa o estamos frente al inicio de una reconfiguración del poder político en el estado?...
El nombre que incomoda o la narrativa que conviene. El todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, le pidió al rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jesús Madueña Molina, que retirara su nombre del nuevo edificio de la Facultad de Medicina en Guasave. El argumento: congruencia, respeto institucional y una trayectoria que -según el propio mandatario- no necesita este tipo de reconocimientos. Suena bien, suena correcto. suena políticamente impecable. Pero en política, nada es tan simple como parece. Porque cuando un gobernante pide quitar su nombre de una obra pública, el gesto puede interpretarse de dos formas: como un acto genuino de humildad o como una jugada de la narrativa. Una forma de colocarse, otra vez, del lado correcto del discurso público. Mientras tanto, el debate se encendió. Unos aplauden la decisión y otros cuestionan por qué primero se puso el nombre para luego retirarlo. Y ahí está el punto fino. Porque más allá de las letras en un edificio, lo que está en juego es la forma en que el poder se relaciona con las instituciones. ¿Las fortalece desde la discreción? ¿O las utiliza como vitrina política, aunque sea de forma temporal? En un estado como Sinaloa, en donde la confianza institucional no pasa por su mejor momento, estos gestos no son menores. Porque la ciudadanía ya no solo observa lo que se hace, sino cómo y por qué se hace. Así que la pregunta queda en el aire: ¿Fue un acto de congruencia auténtica o una corrección oportuna ante el costo político? Porque en política, hasta la modestia puede ser estrategia…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…


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