El espectáculo reunió música, danza y memoria colectiva en una noche que revivió el legado de “Lola la Grande” ante un teatro lleno. Mazatlá...
El espectáculo reunió música, danza y memoria colectiva en una noche que revivió el legado de “Lola la Grande” ante un teatro lleno.
Mazatlán, Sinaloa.- Mazatlán volvió a rendirse ante la grandeza de Lola Beltrán. A tres décadas de su partida, el Teatro Ángela Peralta se convirtió en escenario de un emotivo homenaje que logró reconectar al público con la esencia de la icónica intérprete de la canción vernácula mexicana.
Con localidades agotadas, el espectáculo “Recordando a Lola la Grande a 30 años” ofreció una velada cargada de simbolismo, donde la nostalgia se transformó en una celebración colectiva.
La noche inició con una interpretación de Paloma Negra, a cargo de artistas del Centro Municipal de las Artes, acompañados por el piano de Juan Pablo García y la voz de Ariadna Rosales, quienes marcaron el tono íntimo y emocional del evento.
A lo largo del espectáculo, el montaje integró música en vivo, coreografías y proyecciones audiovisuales que permitieron recorrer la trayectoria artística de Lola Beltrán, desde su impacto en la música mexicana hasta su paso por el cine y los escenarios internacionales.
Las interpretaciones de Silvia Zepeda, Diana Reyes y María Elena Leal —hija de la homenajeada— conectaron con un público que acompañó cada tema a una sola voz, coreando clásicos como Sufriendo a solas, Vámonos, No volveré, Mi gusto es y Cucurrucucú Paloma, entre otros.
El espectáculo también incorporó la participación del Ballet Clásico y el Ballet Folclórico del Instituto de Cultura de Mazatlán, así como del Mariachi Occidental, logrando una propuesta escénica que transitó entre lo íntimo y lo festivo, reafirmando la vigencia del legado de la artista rosarense.
Uno de los momentos más significativos fue la presencia de María Elena Leal en el escenario, así como de integrantes de la familia Beltrán entre el público, lo que dio un carácter aún más cercano al homenaje.
Durante la velada, también se contó con la participación de Germán Lizárraga, quien entregó la medalla que lleva su nombre a las cantantes y autoridades culturales, mientras que el Instituto de Cultura de Mazatlán otorgó un reconocimiento a la trayectoria de la intérprete.
El cierre llegó con Cucurrucucú Paloma, en una escena donde artistas y asistentes unieron sus voces en un mismo canto, reafirmando que la voz de Lola Beltrán permanece viva en la memoria colectiva.
La noche concluyó entre aplausos de pie, en un homenaje que no solo recordó a la artista, sino que confirmó su permanencia como símbolo de la identidad musical de México.
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