Sobre el camino Benjamín Bojórquez Lo que está ocurriendo al interior del sindicato de la Universidad Autónoma de Occidente no es un simple...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez
Lo que está ocurriendo al interior del sindicato de la Universidad Autónoma de Occidente no es un simple conflicto postelectoral: es la radiografía perfecta de un sistema que se niega a soltar el poder, aunque para ello tenga que pisotear la voluntad de su propia base trabajadora. Y eso, en cualquier contexto, tiene nombre: degradación democrática.
La actuación de la llamada Comisión Electoral deja más preguntas que respuestas. ¿Cómo se justifica una “reposición” de un proceso que ya se llevó a cabo? ¿Bajo qué lógica jurídica o moral se pretende invalidar una decisión colectiva que, según múltiples voces, ya había sido expresada con claridad? La sospecha no surge del vacío: se alimenta de decisiones opacas, tiempos extraños y un manejo que parece más político que institucional.
En el centro de esta tormenta aparecen figuras como Marco César Ojeda, cuya credibilidad queda severamente cuestionada por el evidente conflicto entre su rol de árbitro y las relaciones personales que, según se denuncia, mantiene con actores directamente beneficiados como el propio candidato de la Planilla Roja, Carlos Leal Orozco. Cuando quien debe garantizar imparcialidad se percibe como parte interesada, el proceso entero pierde legitimidad.
Más delicado aún es el trasfondo que se señala en torno a Raúl Portillo Molina. Aquí es indispensable ser claros: existen acusaciones y señalamientos públicos sobre presuntos manejos irregulares de recursos por el desfalco millonario de los 5.3 millones de pesos del fondo de vivienda, pero estos deben entenderse como eso, acusaciones que requieren resolución legal. Sin embargo, lo políticamente relevante no es solo la veracidad jurídica de esos señalamientos, sino cómo influyen en la percepción de la base trabajadora: la idea de que se intenta sostener un grupo en el poder para evitar rendición de cuentas.
Y ahí es donde el problema deja de ser interno y se convierte en estructural. Porque cuando un sindicato —que debería ser el escudo de los trabajadores— es percibido como un instrumento de intereses particulares, el daño es profundo. La figura de Aracely Padilla también entra en este debate, no necesariamente por actos comprobados, sino por el contexto de desconfianza que rodea a su administración pasada en el sindicato y que hoy estalla con fuerza.
Lo ocurrido en la Unidad Regional Mazatlán no ayuda a disipar dudas; al contrario, las intensifica. La sensación de que todo estaba previamente acordado, de que la elección era apenas una formalidad dentro de un guión ya escrito, es quizás el golpe más duro para la comunidad lince. Porque no hay mayor agravio para un trabajador que sentir que su voto no vale.
Y si a esto se suma la mención de estructuras externas como el sindicato del STASE, lo que emerge es una narrativa de redes de poder que trascienden una sola organización. Redes que, de ser ciertas, explicarían por qué el costo de perder una elección no es simplemente político, sino potencialmente financiero y hasta legal.
GOTITAS DE AGUA:
¿Por qué tanto empeño en no aceptar la derrota? Porque perder no solo significa soltar el poder… significa enfrentar todo lo que hay detrás. Los señalamientos, los millones, los nombres que pesan. Raúl Portillo Molina no es un fantasma en esta historia: es el recordatorio de lo que está en juego. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”...

