En redes sociales y comunidades juveniles ha cobrado visibilidad el fenómeno therian, personas que afirman identificarse —a nivel espiritual...
En redes sociales y comunidades juveniles ha cobrado visibilidad el fenómeno therian, personas que afirman identificarse —a nivel espiritual, psicológico o simbólico— con animales no humanos. Entre la incomprensión, el estigma y la búsqueda de identidad, este movimiento plantea preguntas profundas sobre la identidad en la era digital.
En los últimos años, videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, usan collares, máscaras de animales o recrean comportamientos de lobos, gatos o zorros han circulado con fuerza en plataformas como TikTok y YouTube. Detrás de estas imágenes, que a menudo provocan burlas o reacciones extremas, existe una comunidad que se autodenomina therian o therianthrope, un término que no es nuevo, pero que hoy adquiere visibilidad en un contexto social distinto.
El therianismo se define como la experiencia de identificarse, en algún nivel, como un animal no humano. Para quienes se asumen como therians, esta identidad no implica necesariamente creer que son animales de forma literal, sino sentir una conexión profunda con una especie específica, que puede manifestarse en pensamientos, emociones o conductas.
Una identidad, múltiples significados
Dentro del propio movimiento no existe una definición única. Algunos therians describen su experiencia como espiritual, relacionada con creencias en vidas pasadas o energías animales. Otros la explican desde lo psicológico, como una forma de autoimagen o identidad interna. También hay quienes lo viven de manera simbólica, como una metáfora de rasgos de personalidad: la lealtad del lobo, la independencia del gato o la agilidad del zorro.
Especialistas consultados en estudios culturales y psicología social coinciden en que el therianismo no es reconocido como un trastorno mental por organismos como la American Psychiatric Association, ni aparece clasificado en manuales diagnósticos como el DSM-5. En la mayoría de los casos, se trata de una forma de autoidentificación que no implica desconexión de la realidad.
Redes sociales: refugio y amplificador
Internet ha sido clave para la expansión y visibilidad del fenómeno. Foros especializados, servidores de Discord y redes sociales han permitido que personas que antes se sentían aisladas encuentren comunidades donde compartir experiencias sin miedo al rechazo inmediato. Para muchos jóvenes, especialmente adolescentes, estos espacios funcionan como lugares de pertenencia en una etapa marcada por la búsqueda de identidad.
Sin embargo, la viralización también ha expuesto a los therians a estigmatización, acoso digital y desinformación. Videos sacados de contexto suelen alimentar narrativas que los presentan como una moda extrema o una conducta peligrosa, cuando en la mayoría de los casos no existe daño hacia terceros.
Juventud, identidad y época
Sociólogos advierten que el auge del therianismo no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de un contexto más amplio donde las identidades se diversifican y se expresan con mayor libertad que en décadas anteriores. La generación centennial y la generación Alfa crecen en un entorno donde la identidad ya no es rígida, sino fluida, negociable y profundamente personal.
Para algunos jóvenes, identificarse como therian no es una negación de lo humano, sino una respuesta simbólica a un mundo percibido como hostil, competitivo o desconectado de la naturaleza. En ese sentido, el fenómeno también refleja preocupaciones contemporáneas como la crisis ambiental, la ansiedad social y la necesidad de pertenecer.
Entre la libertad y el debate público
El therianismo abre debates incómodos pero necesarios: ¿hasta dónde llega la libertad de identidad?, ¿cómo distinguir entre expresión simbólica y problemas de salud mental?, ¿qué papel deben jugar las escuelas, las familias y las plataformas digitales?
Psicólogos coinciden en que la clave no está en ridiculizar ni patologizar automáticamente estas expresiones, sino en observar si afectan la funcionalidad diaria, la salud emocional o las relaciones sociales de quien las vive. En ausencia de daño, se trata de una expresión identitaria más dentro de la compleja diversidad humana.
Un fenómeno que incomoda porque cuestiona
Más allá de la polémica, los therians obligan a replantear certezas. En una sociedad que históricamente ha definido con rigidez lo que significa “ser normal”, estas identidades ponen en evidencia que los límites entre lo aceptado y lo extraño son, en gran medida, construcciones culturales.
El therianismo no es una respuesta definitiva, pero sí un síntoma de una época: una en la que las personas, especialmente las más jóvenes, exploran nuevas formas de nombrarse, comprenderse y existir en un mundo cada vez más fragmentado
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