Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La victoria pertenece al más perseverante”, Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. INERCI...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“La victoria pertenece al más perseverante”, Napoleón I
(1769-1821) Napoleón Bonaparte.
INERCIAS
La llegada de Blanca Yassahara Cruz García a la presidencia
provisional del Instituto Nacional Electoral abre un capítulo particularmente
importante para la democracia mexicana. Su designación, aprobada por unanimidad
del Consejo General el pasado 27 de octubre, ocurre después de la renuncia de
Guadalupe Taddei Zavala y en medio de cuestionamientos sobre la administración
del organismo.
No estamos frente a un simple cambio de nombres en la
conducción de una institución pública, sino ante una transición que pondrá a
prueba la capacidad del INE para corregir sus problemas internos, preservar su
independencia y garantizar la organización de las elecciones de 2027.
La primera lectura política está en la unanimidad. Que las
diez consejerías hayan alcanzado un acuerdo para designar a Blanca Cruz refleja
la necesidad de ofrecer una respuesta institucional ante una situación
extraordinaria.
Sin embargo, el consenso para nombrar una presidencia
provisional no significa que hayan desaparecido las diferencias dentro del
Consejo General.
El verdadero desafío comenzará cuando deban tomarse
decisiones sobre nombramientos, contrataciones, fiscalización y organización
electoral. Ahí se conocerá si el acuerdo fue solamente una solución inmediata o
el inicio de una nueva dinámica de conducción.
Hay una frase del mensaje de Blanca Cruz que merece especial
atención: el INE no fue concebido para depender de una sola voluntad. La
afirmación tiene implicaciones que van mucho más allá de la coyuntura.
Durante años, la discusión sobre la autonomía electoral se
ha concentrado en la relación del Instituto con el Poder Ejecutivo, los
partidos y el Congreso de la Unión. Sin embargo, la independencia también debe
ejercerse dentro de la propia institución.
Un organismo autónomo necesita decisiones colegiadas,
contrapesos administrativos, procedimientos transparentes y funcionarios cuya
permanencia responda a criterios profesionales, no a relaciones personales con
quienes ocupan temporalmente los cargos de dirección.
La segunda lectura está relacionada con las investigaciones
sobre presuntas irregularidades en contrataciones públicas durante la
administración anterior. La salida de Guadalupe Taddei no constituye, por sí
misma, una determinación de responsabilidad, pero tampoco debe interpretarse
como el cierre de los cuestionamientos. Corresponderá a las autoridades
competentes esclarecer los hechos y determinar si existieron conductas
contrarias a la ley. En este punto, la nueva presidencia ha expresado su
disposición a colaborar con la Auditoría Superior de la Federación y con el
Órgano Interno de Control.
La transparencia será indispensable para evitar que la
controversia administrativa termine afectando la confianza en la función
electoral.
Existe además una dimensión política que no debe ignorarse.
Blanca Cruz llegó al Consejo General del INE en abril de 2026 mediante una
designación de la Cámara de Diputados respaldada por Morena y sus aliados,
mientras PAN, PRI y Movimiento Ciudadano votaron en contra.
Ese antecedente forma parte de su trayectoria institucional
y seguramente estará presente en el debate público sobre su independencia.
Sin embargo, el origen de un nombramiento no determina
automáticamente la actuación posterior de una autoridad. Su desempeño deberá
examinarse a partir de las decisiones que adopte, de su apego a la legalidad y
de la capacidad para aplicar las mismas reglas a todas las fuerzas políticas.
Otro asunto relevante es que la nueva presidenta no llega a
una institución paralizada.
El INE cuenta con un Servicio Profesional Electoral
Nacional, juntas locales y distritales, personal técnico y una estructura que
ha organizado procesos electorales de enorme complejidad.
Esa experiencia representa una garantía de continuidad,
aunque no elimina los riesgos derivados de una conducción administrativa
cuestionada.
Precisamente por ello resulta fundamental separar las
investigaciones sobre funcionarios y contratos del trabajo cotidiano de quienes
integran el organismo. Una crisis en la dirección no debe convertirse en una
descalificación generalizada de las capacidades profesionales construidas
durante décadas.
La tercera lectura apunta hacia la Cámara de Diputados. La
presidencia de Blanca Cruz tiene carácter provisional y corresponde al Poder
Legislativo designar a la persona que concluirá el periodo constitucional.
Este procedimiento será una prueba adicional para los grupos
parlamentarios, porque la elección de una autoridad electoral exige algo más
que alcanzar los votos necesarios.
Requiere perfiles con conocimientos técnicos, independencia
de criterio y disposición para ejercer sus facultades incluso cuando sus
decisiones resulten incómodas para quienes participaron en su designación.
El debate no debería reducirse a qué partido propone a
determinada persona, sino a qué garantías ofrece para conducir una institución
que pertenece a la ciudadanía.
Y mientras esa definición ocurre, el calendario electoral continúa
avanzando. México se encamina hacia los comicios de 2027 con discusiones
pendientes sobre fiscalización, equidad en la competencia, uso de recursos
públicos y actividades políticas anticipadas.
La autoridad electoral tendrá que resolver controversias,
supervisar procedimientos y mantener condiciones de certeza en un escenario
donde los intereses partidistas inevitablemente estarán presentes.
Su credibilidad dependerá tanto de la calidad técnica de sus
decisiones como de la consistencia con que aplique la ley, independientemente
de quién resulte beneficiado o afectado.
Para Sinaloa, este proceso tiene una importancia particular.
La organización de las elecciones de 2027 deberá desarrollarse en condiciones
que permitan a la ciudadanía ejercer sus derechos políticos con libertad y
seguridad.
La presencia territorial de las autoridades electorales, la
capacitación de funcionarios de casilla, la protección de la documentación y la
coordinación institucional serán tareas indispensables.
Pero también lo será la capacidad de responder a eventuales
denuncias sobre presiones, intimidaciones o utilización indebida de recursos
públicos, sin convertir las decisiones electorales en instrumentos de
confrontación política.
En el fondo, la transición que encabeza Blanca Cruz plantea
una pregunta que debería interesar a todas las fuerzas políticas: ¿qué tan
sólidas son nuestras instituciones cuando quienes las dirigen enfrentan
cuestionamientos?
La respuesta no puede depender de la simpatía o antipatía
hacia una presidenta, ni de la conveniencia electoral de un partido.
Debe encontrarse en la existencia de reglas capaces de
garantizar continuidad, investigar irregularidades y corregir decisiones sin
poner en riesgo los derechos ciudadanos.
La democracia mexicana ha construido sus instituciones
electorales mediante reformas, acuerdos, conflictos y una larga exigencia
social de imparcialidad. Esa historia obliga a comprender que la autonomía no
es un privilegio de quienes ocupan los cargos, sino una garantía para quienes
participan en las elecciones.
Tampoco puede utilizarse como argumento para evitar
auditorías o revisiones administrativas. Un INE independiente debe tener
libertad para tomar decisiones frente al poder político, pero también la
obligación de explicar cómo administra sus recursos y bajo qué criterios ejerce
sus atribuciones.
Blanca Yassahara Cruz García asume, por tanto, una
responsabilidad que trasciende la duración de su encargo provisional.
Su tarea inmediata consiste en contribuir a la estabilidad
del organismo, fortalecer la conducción colegiada y garantizar que las
investigaciones sigan su curso sin interferencias.
La designación definitiva corresponderá después a la Cámara
de Diputados, pero la oportunidad de recuperar prácticas institucionales
transparentes comienza desde ahora.
Porque la confianza ciudadana no se recupera mediante una
toma de protesta ni se garantiza con un acuerdo unánime. Se construye cuando
las decisiones son públicas, las responsabilidades se investigan, las reglas se
aplican por igual y los votos se protegen sin distinciones.
El verdadero desafío del INE no es demostrar que puede
cambiar de presidenta, sino que puede atravesar una crisis sin perder su razón
de existir: ofrecer a los mexicanos la certeza de que su voluntad expresada en
las urnas será respetada.
PROYECCIÓN
En política, los movimientos territoriales suelen decir
mucho más que los discursos, y la reunión que sostuvo Imelda Castro Castro con
los diputados locales de Morena merece una lectura que va más allá de la
organización de asambleas informativas.
La coordinadora estatal de Defensa de la Cuarta
Transformación anunció la realización de 760 encuentros en Sinaloa, entre el 29
de octubre y el 15 de diciembre, mediante una estructura de 350 mentores y
mentoras que participaron en la conformación de los comités seccionales.
Se trata de una movilización partidista que coincide con una
etapa de definiciones internas rumbo a las elecciones de 2027.
Lo interesante no es solamente la cantidad de reuniones,
sino la incorporación de los legisladores locales a las tareas de organización.
Cada diputado tendrá responsabilidades en sus respectivos distritos, mientras
Imelda Castro encabezará personalmente 42 asambleas.
Esta distribución permite observar cómo Morena busca
articular su representación legislativa con las estructuras territoriales, una
relación que puede fortalecer la comunicación entre dirigentes, militantes y
comunidades, pero que también coloca sobre la mesa la necesidad de distinguir
claramente entre las actividades partidistas y las responsabilidades
institucionales de quienes ocupan cargos públicos.
El movimiento adquiere relevancia porque ocurre mientras
Morena desarrolla su proceso de selección de coordinaciones municipales y
distritales federales. Aunque las asambleas tienen como propósito declarado
informar sobre las actividades del partido, su realización permitirá mantener
activas las estructuras seccionales y abrir espacios de encuentro con la
militancia.
Esto no significa que las reuniones determinen candidaturas
ni que constituyan necesariamente actos de promoción electoral, pero sí forman
parte del escenario organizativo en el que se desarrollarán las próximas
decisiones políticas.
Para Imelda Castro, la jornada representa también una
responsabilidad de coordinación: mantener comunicación con los distintos
grupos, organizar las actividades y procurar que el trabajo territorial no
quede subordinado exclusivamente a las aspiraciones individuales.
El desafío será sostener esa dinámica cuando comiencen a
conocerse los resultados de los procedimientos internos, particularmente en
municipios donde existen varios interesados en encabezar las coordinaciones.
Porque las 760 asambleas pueden mostrar la capacidad de
convocatoria de Morena, pero su verdadero significado político dependerá de lo
que ocurra después: si contribuyen a mantener una estructura organizada, si
permiten escuchar las preocupaciones ciudadanas y si las diferencias internas
encuentran mecanismos institucionales para resolverse.
Al final, reunir a la militancia es una tarea de
organización; convertir esa participación en diálogo, propuestas y acuerdos
duraderos es un desafío distinto.
ENFOQUES
El debate sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación
para 2027 comienza a mostrar dos lecturas políticas que merecen atención en
Sinaloa.
Por un lado, el diputado Ambrocio Chávez Chávez, presidente
de la Comisión de Hacienda Pública y Administración del Congreso del Estado,
sostiene que la propuesta federal mantiene una política de austeridad sin
comprometer las prioridades sociales
Por otro, la legisladora priista Irma Moreno Ovalles
advierte que el crecimiento del gasto no necesariamente se traducirá en mejores
condiciones para la población. Dos posiciones que reflejan diferencias sobre el
manejo de las finanzas públicas y que deberán contrastarse con los resultados
presupuestales.
Ambrocio Chávez destaca que el gasto federalizado previsto
para Sinaloa pasaría de 65 mil 798 millones de pesos en 2026 a 68 mil 126
millones en 2027, un incremento nominal de 2 mil 328 millones de pesos.
La cifra representa mayores recursos en términos absolutos,
aunque su verdadero alcance depende del comportamiento de la inflación y de la
distribución entre participaciones, aportaciones y subsidios.
El legislador también ha defendido la continuidad de los
programas sociales y la política fiscal del gobierno de Claudia Sheinbaum,
argumentos que forman parte de la visión económica impulsada por Morena.
La oposición, representada en este debate por Irma Moreno,
introduce cuestionamientos sobre el endeudamiento federal, las asignaciones al
campo y las prioridades del gasto.
Sus observaciones resultan particularmente relevantes para
una entidad cuya economía mantiene una relación estrecha con la agricultura y
donde las necesidades de infraestructura, salud y seguridad exigen recursos
constantes.
Sin embargo, también corresponde distinguir entre los montos
de financiamiento autorizados, el endeudamiento efectivamente contratado y los
resultados de los programas públicos, para evitar que las cifras se conviertan
únicamente en instrumentos de confrontación partidista.
Hay un elemento que merece especial atención en la postura
de Ambrocio Chávez: su responsabilidad al frente de la Comisión de Hacienda del
Congreso local le permite participar en la discusión sobre las finanzas
estatales y municipales, por lo que el análisis de los recursos federales constituye
un antecedente importante para el próximo debate presupuestal de Sinaloa.
La discusión no debería agotarse en cuánto dinero llegará,
sino extenderse a cómo se distribuirá, qué necesidades atenderá y cuáles serán
los mecanismos para evaluar su aplicación.
Porque en materia presupuestal, las cifras pueden alimentar
discursos políticos distintos, pero las necesidades ciudadanas permanecen.
Para Sinaloa, recibir más recursos representa una
oportunidad administrativa que deberá reflejarse en servicios, infraestructura
y programas efectivos.
Y esa es la discusión de fondo entre las posiciones de
Ambrocio Chávez e Irma Moreno: no solamente cuánto dinero contempla el
presupuesto, sino qué resultados podrá ofrecer a los sinaloenses.
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