Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de el...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“La única
posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más
allá de ellos, hacia lo imposible”. Frases de Arthur C. Clarke 1917-2008)
Escritor inglés de ciencia ficción.
EN LA PUERTA
El escenario
rumbo al 2027 en Sinaloa comienza a dibujarse con una claridad engañosa. Hay
números, hay tendencias y hay lecturas que, a simple vista, parecen
contundentes. Pero en política, lo evidente casi nunca es lo definitivo.
La encuesta de
EQUUS Analítica pone sobre la mesa dos elementos que no pueden ignorarse: una
preferencia marcada por un perfil masculino para la gubernatura y una ventaja
sólida de Morena en las preferencias partidistas. Hasta ahí, el diagnóstico
frío.
Pero la política
no es solo aritmética… es contexto, historia y momento.
El dato del 70.9
por ciento a favor de que un hombre gobierne Sinaloa no es menor, pero tampoco
es sorprendente. Responde a una construcción histórica que ha normalizado el
poder masculino en el estado. No es rechazo a las mujeres, es costumbre. Y la
costumbre, en política, suele confundirse con convicción.
Sin embargo, hay
una grieta que vale la pena observar: ese 22.4 por ciento que sí apuesta por
una mujer. No es mayoría, pero tampoco es irrelevante. Es, en términos
políticos, una base en crecimiento que podría convertirse en factor si
encuentra una candidatura competitiva, con estructura y narrativa.
Porque aquí está
el punto clave: el género por sí solo no gana elecciones… pero sí puede cambiar
el discurso.
Y en paralelo,
aparece el dato que verdaderamente define el juego: el 30.3 por ciento de
ciudadanos sin preferencia partidista.
Ese es el
verdadero campo de batalla.
No están casados
con nadie, no responden a siglas y, sobre todo, no votan por inercia. Son el
voto volátil, el voto crítico, el voto que castiga o premia según el momento.
En ellos no hay lealtad… hay evaluación.
Ahí se va a
decidir la elección.
Morena, por su
parte, llega con ventaja. El 43.1 por ciento no es casualidad; es resultado de
una estructura consolidada, de una narrativa nacional que sigue teniendo eco y
de una oposición que, hasta ahora, no ha logrado articularse.
Pero cuidado:
ventaja no es victoria.
Porque ese mismo
posicionamiento convierte a Morena en el blanco principal. Es el partido que
más tiene que cuidar, el que más debe sostener y el que menos puede
equivocarse. En política, ir arriba implica también cargar con el desgaste.
Y mientras
tanto, la oposición sigue atrapada en su propio laberinto.
Fragmentada,
dispersa y sin una ruta clara. Los números dicen que juntos podrían competir,
pero la realidad es que hoy no compiten juntos. Y ahí está su principal
debilidad… y, al mismo tiempo, su única oportunidad.
Si logran
entenderlo.
El 2027, en este
momento, no está decidido. Está encaminado.
Hay una
tendencia, sí. Hay un favorito, también. Pero hay algo más importante que
ambos: un electorado que aún no toma partido.
Y en política,
ese espacio —el de los indecisos— es donde se construyen las victorias reales.
Porque al final,
no gana quien va arriba en la encuesta…
gana quien entiende mejor el momento.
EL QUE PEGA
PRIMERO
En política, los
tiempos formales dicen una cosa… pero los tiempos reales cuentan otra historia.
Y el PRI, que
durante años dominó ambos relojes, hoy intenta reencontrarse con ese pulso que
alguna vez lo hizo competitivo. Por eso no es casual que haya comenzado a mover
piezas rumbo a 2027, colocando sobre la mesa nombres como Paloma Sánchez y
Mario Zamora.
No es un
destape. Es un aviso.
El priismo
nacional está mandando una señal clara: no quiere volver a improvisar, no
quiere llegar desdibujado y, sobre todo, no quiere repetir el error de
reaccionar tarde ante un escenario que ya viene en construcción.
En Sinaloa, el
movimiento tiene lectura propia.
Paloma Sánchez
representa una nueva generación dentro del PRI, con presencia en el Senado y un
discurso que busca conectar con una narrativa más contemporánea. Es un perfil
que intenta romper con la imagen tradicional del partido, apostando a la
renovación sin romper del todo con la estructura.
Mario Zamora, en
cambio, es experiencia pura. Ya compitió, ya recorrió el estado y, lo más
importante, ya entendió lo que implica enfrentarse a Morena en condiciones
reales. Su capital no está en la expectativa, sino en lo que ya construyó… y en
lo que aún conserva.
Dos perfiles,
dos rutas… un mismo problema: el contexto.
Porque más allá
de nombres, el PRI sigue enfrentando su principal desafío: reconstruir
confianza en un electorado que dejó de verlo como opción viable. No es un tema
de candidaturas, es un tema de credibilidad.
Y ahí es donde
el adelantarse puede ser una ventaja… o un riesgo.
Ventaja, porque
permite posicionar, recorrer, construir narrativa y medir terreno.
Riesgo, porque también expone, desgasta y abre flancos en un escenario donde el
adversario —Morena— sigue teniendo la inercia a su favor.
Pero hay otro
elemento que no debe perderse de vista: la oposición en Sinaloa no está
definida.
Y en esa
indefinición, el PRI intenta colocarse como eje, como punto de partida para una
eventual alianza que, si se concreta, podría cambiar la ecuación. Solo que para
eso no basta con nombres… se necesita estrategia.
Porque hoy, el
PRI no compite solo contra Morena. Compite contra su propio pasado, contra la
percepción pública y contra una realidad donde el electorado exige algo más que
figuras conocidas.
El movimiento ya
empezó.
Y aunque no hay
candidaturas oficiales, lo que sí hay es una disputa silenciosa por el
posicionamiento, por el reconocimiento y por el espacio político que cada actor
logre ganar desde ahora.
En 2027 no solo
se elegirá gobernador… se pondrá a prueba quién entendió a tiempo que las
elecciones no empiezan cuando lo dice la ley, sino cuando se empieza a mover el
tablero.
DESPACIO QUE
LLEVO PRISA
En la ruta hacia
2027, cada nombre que aparece no solo suma… reacomoda.
La inclusión de
Ricardo Madrid Pérez en el radar nacional, impulsado por Manuel Velasco, no es
un gesto menor ni una cortesía política. Es, en esencia, una declaración de
intenciones del Partido Verde: no quiere ser acompañante… quiere ser factor.
Y eso cambia la
lectura del tablero en Sinaloa.
Durante años, el
Verde ha sido visto como un aliado funcional, útil en la suma electoral, pero
subordinado en la toma de decisiones. Hoy, el mensaje es distinto: quiere
proponer, quiere competir y, sobre todo, quiere influir.
Ricardo Madrid
entra en ese juego.
No es un perfil
improvisado. Tiene trayectoria, conocimiento del estado y una presencia que,
sin ser estridente, ha sido constante. Su fortaleza no está en el protagonismo
mediático, sino en la construcción política de mediano plazo, en los vínculos y
en la operación.
Pero aquí lo
relevante no es solo el personaje… es el momento.
Porque su
aparición ocurre en un contexto donde la alianza oficialista —Morena, PT y
PVEM— aún no define reglas claras sobre cómo se repartirán las candidaturas. Y
en ese vacío, cada partido está empezando a marcar territorio.
El Verde ya lo
hizo.
Y lo hizo con
una advertencia implícita: quiere piso parejo. No solo acompañar encuestas,
sino competir en ellas con posibilidades reales. Incluso, deslizando la
posibilidad de ir solo si no hay acuerdos que lo satisfagan.
Eso introduce
una variable que antes no estaba sobre la mesa.
Porque la
disputa rumbo a 2027 no será únicamente entre bloques… será dentro de ellos.
Morena sigue
siendo la fuerza dominante, sí. Pero la definición de candidaturas no es un
trámite automático. Es negociación, es medición y, sobre todo, es equilibrio de
intereses.
Y ahí es donde
perfiles como Ricardo Madrid adquieren valor estratégico.
No
necesariamente como favorito inmediato, pero sí como pieza que obliga a
reconfigurar decisiones. Como carta que el Verde pone para no quedar fuera de
la jugada grande.
En política,
estar en la lista es existir.
Y hoy, Ricardo
Madrid ya está en la lista.
Lo que sigue no
dependerá solo de su perfil, sino de cómo evolucione la relación entre aliados,
de cómo se midan los nombres y de qué tanto cada partido esté dispuesto a
ceder… o a tensar.
Porque si algo
empieza a quedar claro rumbo a 2027, es que la contienda no será lineal.
Será interna,
externa… y profundamente negociada.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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