Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos”, Henri ...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“Una palabra
bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos”, Henri
Poincaré (1854-1912) Matemático francés.
RENOVACIÓN
La reciente toma
de protesta de los nuevos integrantes del Consejo Universitario de la
Universidad Autónoma de Sinaloa marca un momento que, más allá del protocolo,
representa un punto de inflexión para la institución.
La aplicación
plena de la nueva Ley Orgánica no solo modificó la estructura interna, sino que
redibujó la composición de su máximo órgano de gobierno, incrementando la
representación estudiantil y la paridad.
Esto, en un
entorno universitario históricamente tensionado por debates políticos y
administrativos, obliga a preguntarse qué tan profundo es el cambio y qué
implicaciones genera para la vida interna de la UAS.
El rector Jesús
Madueña Molina subrayó que el proceso electoral del 29 de octubre se desarrolló
con normalidad y participación amplia. La afirmación, aunque institucional,
posee un matiz relevante: la transparencia y la estabilidad en los procesos
internos se han convertido en una exigencia social que hoy la Universidad no
puede permitirse ignorar.
En ese sentido,
reconocer inconformidades estudiantiles y atenderlas mediante espacios de
diálogo fue un gesto necesario, pero también un recordatorio de que la
gobernanza universitaria no debe asumirse como un ejercicio homogéneo, sino
como una construcción permanente y a veces incómoda.
El rector
agradeció a quienes concluyeron su encargo y extendió un reconocimiento por el
respaldo en momentos especialmente complejos. Ese énfasis revela una dimensión
poco visible: la UAS ha atravesado circunstancias políticas y jurídicas que han
puesto a prueba su cohesión interna.
Que el rector
haga referencia a los retos “a título personal” no es casual; muestra que la
crisis institucional afecta tanto a la figura del liderazgo como al tejido
académico que lo sostiene.
En su mensaje,
también hizo un llamado a la comunidad estudiantil para evitar manipulaciones
externas.
Este tipo de
advertencias, frecuentes en contextos de efervescencia universitaria, pueden
interpretarse de diversas maneras. Sin embargo, más allá del destinatario
implícito, la frase revela el reconocimiento de una realidad: la autonomía
universitaria se vuelve vulnerable cuando actores ajenos buscan convertir a la
institución en terreno de disputa.
La invitación a
encauzar las diferencias a través de mecanismos institucionales es, por ello,
un mensaje que busca restablecer orden, aunque también expone la necesidad de
una cultura de deliberación más sólida y confiable.
El proceso
electoral fue calificado como ordenado y transparente por la Comisión de
Elecciones y Consultas. Ese dictamen técnico aporta legitimidad, pero no basta
por sí solo para consolidar la confianza.
La verdadera
medida del cambio será visible en la práctica: en la forma en que este nuevo
Consejo Universitario debate, se confronta, acuerda y enfrenta decisiones que
no siempre serán cómodas.
En materia
financiera, el rector actualizó la situación y agradeció al gobernador Rubén
Rocha Moya por gestiones que permitieron un préstamo de 30 millones de pesos
para regularizar pagos ante el IMSS y atender compromisos con el SAT.
Este apartado,
aunque administrativo, habla de un desafío mayor: la fragilidad presupuestal de
una institución que debe sostener su operación en medio de tensiones políticas
nacionales y estatales. La gobernanza universitaria no puede desligarse de su
estabilidad económica; ambas son piezas interdependientes.
Finalmente, el
nombramiento de Hermelinda Mejía Angulo como encargada de la Unidad Académica
de Ciencias Económicas, Administrativas y Tecnológicas cierra la sesión con un
gesto de continuidad institucional, aunque también recuerda que los cambios
internos no son solo normativos, sino humanos.
La UAS inicia
una etapa que se anuncia como más plural, más representativa y más abierta al
diálogo. Pero, como todo proceso de transformación institucional, la
consistencia no se mide en discursos ni en reformas jurídicas, sino en la
capacidad colectiva de sostener decisiones difíciles sin fracturarse.
La universidad
vive un momento decisivo; de su madurez interna dependerá que la nueva
conformación del Consejo Universitario se traduzca en una verdadera evolución y
no solo en una reconfiguración administrativa.
BUENOS
RESULTADOS
La Feria
Internacional del Libro Culiacán 2025 concluyó con una cifra que, más allá de
su dimensión estadística, refleja un comportamiento social digno de análisis: 126
mil 369 personas circularon por sus siete sedes durante una semana.
Este dato, que
podría pasar desapercibido entre el ruido cotidiano, habla de una ciudad que
busca espacios para reencontrarse consigo misma a través de la cultura.
La jornada final
reunió a más de 20 mil asistentes, un cierre marcado por la presentación de
Francisco Céspedes y por una dinámica que desbordó la plazuela Álvaro Obregón,
el teatro MIA, el pabellón infantil y el escenario principal.
Lo relevante
aquí no es solo la concentración de personas, sino lo que revela: Culiacán ha
empezado a apropiarse de sus espacios públicos desde una dimensión distinta a
la que históricamente los ha condicionado.
El alcalde Juan
de Dios Gámez Mendívil lo resumió en una frase que ha resonado en los últimos
días: “ha sido un proyecto abrazado por toda la gente de Culiacán”. Y aunque
esta afirmación provenga del terreno político, lo cierto es que los números y
la atmósfera de la feria respaldan, al menos en esta ocasión, el diagnóstico.
El fenómeno
invita a reflexionar sobre por qué eventos como la FIL logran romper inercias y
convertirse en puntos de reunión que parecen suspendidos de las tensiones que
usualmente atraviesan a la ciudad.
Otro elemento a
considerar es la derrama económica, estimada en más de 70 millones de pesos.
La cifra
beneficia a sectores que normalmente enfrentan una dinámica desigual:
restauranteros, hoteleros, comercios y, en general, quienes dependen del
tránsito urbano para sostener su actividad.
Sin embargo, el
dato obliga a no perder de vista que la cultura también es motor económico, un
argumento que durante años ha sido minimizado en los debates públicos y
presupuestales.
Del 10 al 16 de
noviembre, más de 170 escritores, comentaristas y presentadores ocuparon
diversos recintos –del Ayuntamiento al Congreso del Estado, de la Casa del
Maquío a El Colegio de Sinaloa– para abrir espacios de diálogo, reflexión y
debate.
La pluralidad
que caracterizó a esta edición confirma la necesidad de plataformas donde la
conversación pública no se limite a lo político ni a lo coyuntural, sino que
permita revisar las ideas que configuran nuestro presente social.
Lo destacable de
esta edición de la FIL no es solo la cifra récord ni la cartelera artística. Lo
verdaderamente importante es que refleja un comportamiento ciudadano que vale
la pena atender: cuando se construyen proyectos coherentes, accesibles y con sentido
comunitario, la gente responde.
Culiacán lo
demostró. Y quizá ese sea el aprendizaje que debería trascender más allá de la
feria: la cultura funciona cuando deja de ser un acto de autoridad y se
convierte en un acto colectivo.
Porque en una
ciudad donde los desafíos cotidianos suelen imponerse en la agenda pública, una
semana de libros, pensamiento y convivencia recuerda que también existen
espacios donde la ciudadanía marca el rumbo y no al revés.
COORDINACIÓN
La Feria
Ganadera vuelve a colocarse en el centro del calendario social de Sinaloa, y
con ella regresa también el desafío de organizar un evento masivo en un
contexto donde la seguridad pública se mantiene bajo constante observación
ciudadana.
El anuncio del
gobernador Rubén Rocha Moya, respecto al operativo que acompañará la edición de
este año, confirma que no se trata de un simple despliegue policial, sino de
una coordinación interinstitucional que involucra a la Policía Estatal, al
Ejército Mexicano y a la Guardia Nacional. La sola presencia de estas fuerzas
revela la dimensión del reto.
La logística
está definida, el operativo está diseñado y los organizadores –la Unión
Ganadera Regional de Sinaloa– han hecho su parte.
El gobierno
asegura tener todo bajo control. Hasta aquí, el discurso suena alentador. Sin
embargo, no se puede ignorar el hecho de que cualquier evento de esta magnitud
es una prueba de estrés para el sistema de seguridad estatal.
La Feria es, en
términos prácticos, un laboratorio donde se pone a prueba la capacidad de
anticipación, de reacción y de coordinación entre los distintos niveles de
mando.
A ello se suma
un dato relevante que el propio gobernador mencionó: las instalaciones de la
UGRS han sido utilizadas recientemente por la Secretaría de la Defensa Nacional
como punto de resguardo para personal y vehículos militares.
Ese movimiento
logístico, aparentemente administrativo, refleja el nivel de actividad
operativa que las fuerzas federales han mantenido en la entidad. Que tengan que
desalojar el espacio para no interferir con la feria dice mucho del equilibrio
que se intenta mantener entre la vida cotidiana y los despliegues de seguridad
que operan en paralelo.
La Feria
Ganadera atrae a miles de visitantes cada año y, por su naturaleza, concentra
una alta movilidad de personas, actividades recreativas y convivencia familiar.
El operativo de
seguridad no es solo un requisito: es un mecanismo que determina en buena
medida la percepción pública sobre la capacidad del Estado para garantizar
orden en eventos multitudinarios. En otras palabras, cualquier incidente –por
menor que parezca– tendría un impacto que trasciende el ámbito del
entretenimiento.
Lo que sigue es
observar si la coordinación anunciada se traduce en hechos. La feria no es
únicamente un escaparate de actividades pecuarias y espectáculos; es una
plataforma simbólica donde la autoridad tiene la oportunidad de demostrar
eficacia. Rocha Moya afirma que todo está listo.
El reto no está
en el discurso, sino en lograr que, durante diez días, la ciudadanía pueda
acudir sin sobresaltos y confiada en que las instituciones funcionan.
La edición 2025
de la Feria Ganadera será, en efecto, una prueba de fuego. Y como toda prueba,
su resultado no lo definirá la planeación previa, sino la capacidad de
responder a la realidad del terreno. Sinaloa ya está mirando.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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