Vecinos de la sindicatura vivieron horas de tensión entre el eco de los disparos y el incesante zumbido de un helicóptero tras un enfrentami...
Vecinos de la sindicatura vivieron horas de tensión entre el eco de los disparos y el incesante zumbido de un helicóptero tras un enfrentamiento armado.
Guasave.— La noche cayó sobre La Brecha con un peso distinto. El aire, que durante el día se llenó de detonaciones y gritos, se tornó denso, quebrado por el sonido constante de un helicóptero que rasgaba el cielo. El eco de los disparos parecía haberse desvanecido entre los surcos del valle, pero el miedo seguía ahí, agazapado detrás de las puertas cerradas.
En cada casa, las familias trataban de reponerse de lo vivido horas antes: un enfrentamiento entre civiles armados y elementos del grupo interinstitucional de seguridad había dejado el ambiente impregnado de tensión. Algunos pensaron que la calma regresaría con la oscuridad, pero el ruido metálico de las hélices recordó que la paz aún estaba lejos.
“Ya me duele la cabeza del ruido del helicóptero, parece que me va a reventar las ventanas”, alcanzó a decir una vecina desde el interior de su vivienda, sin atreverse a salir. A lo lejos, cuatro detonaciones cortaron nuevamente el silencio. “Otra vez los balazos”, murmuraron otros, escondidos tras las cortinas.
Las luces del helicóptero bajaban y subían sobre las calles desiertas, iluminando por momentos los techos donde los perros ladraban sin descanso. Dentro de las casas, los niños, envueltos en cobijas, preguntaban si todo había terminado, mientras los adultos improvisaban refugios en los rincones más seguros. La Brecha, al sur de Guasave y cerca de la franja costera, se había convertido en un territorio de nervios y susurros.
Minutos después, las redes sociales comenzaron a llenarse de mensajes: “No salgan, eviten asomarse a las ventanas”. Nadie sabía con certeza qué estaba ocurriendo afuera, pero todos compartían el mismo miedo: que la violencia no hubiera terminado.
El motivo de las nuevas detonaciones se conoció más tarde. Elementos de la Secretaría de Marina, que seguían con los patrullajes aéreos, detectaron un dron sobrevolando la zona. Desde el helicóptero, lo derribaron, explicaron fuentes extraoficiales. El estallido que sobresaltó a los vecinos provenía de esa acción. Saberlo no calmó los ánimos; al contrario, confirmó que la vigilancia continuaba y que la tranquilidad aún no regresaba.
En muchas casas, la noche fue interminable. Algunos lograron dormir por momentos, con los oídos atentos a cualquier ruido que indicara peligro. Otros permanecieron despiertos, con las luces apagadas, esperando que el helicóptero se alejara. Afuera, el viento traía consigo un eco que parecía no apagarse nunca.
El amanecer llegó con rostros pálidos y ojos hinchados por el desvelo. Desde las ventanas, los habitantes de La Brecha miraban con cautela el paisaje que pocas horas antes había sido escenario de miedo. En el aire todavía flotaba el rumor del helicóptero y el recuerdo de las detonaciones. Fue, para muchos, la noche más larga, aquella en la que la violencia volvió a tocar su puerta y el silencio se sintió más pesado que nunca.
.png)

