Sobre el camino Benjamín Bojórquez Armando Camacho Aguilar, mejor conocido en los pasillos de la política como el “Iguano”, parece haber ca...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez
Armando Camacho Aguilar, mejor conocido en los pasillos de la política como el “Iguano”, parece haber cavado con sus propias manos la tumba política donde hoy yace su credibilidad. Su trayectoria reciente es un compendio de excesos, corrupción, malas apuestas y un séquito de aduladores que, más que fortalecerlo, lo arrastraron a la simulación. Construyó castillos de arena que solo una minoría decidió aplaudir, bajo la absurda ilusión de que su figura podía ser más grande que la propia marca de Morena que lo encumbró en Salvador Alvarado. Pero la realidad se impone: el municipio está estancado, con servicios públicos en ruinas y con un ayuntamiento reducido a botín de una sola familia.
El último movimiento político fue la gota que destapó la farsa. Tras la serie de enroques del gobernador Rubén Rocha Moya, Camacho Aguilar pasó de dirigir Icatsin —una institución con recursos federales y estatales, de alcance real en los 20 municipios— a un “premio de consolación” en el ISDE, un organismo con presupuesto limitado, escasa influencia y mínima capacidad de proyección política. Lejos de un ascenso, es un descenso disfrazado, un mensaje claro: se le acabó el crédito.
Y mientras su grupo en redes sociales insiste en vender la idea de un triunfo, lo evidente es que el Iguano nunca entendió que la política no se construye con espejismos. En Icatsin se dedicó a recortar presupuestos desde su llegada, a colocar a su gente con fines clientelares y a tejer una red personal que solo buscaba proyectarlo hacia una diputación federal. Su salida dejó tras de sí un cascarón inflado de compromisos y una estructura administrativa inútil que, tarde o temprano, tendrá que desmantelarse. Esta tarea le corresponde a la nueva directora general de Icatsin, Brenda Rocío García Félix.
Hoy, Armando Camacho enfrenta el dilema más duro de su carrera: regresar a sus orígenes políticos en la ultraderecha, donde su narrativa inicial todavía puede darle cobijo, o seguir como un simple soldado sin fuero dentro de Morena, subordinado y sin margen de maniobra. Ya no tiene la fortaleza de antes, y lo sabe. Sus días como operador con aspiraciones de grandeza se han reducido a migajas políticas, a sobrevivir en un sistema que lo tolera, pero que ya no lo respeta.
GOTITAS DE AGUA:
Lo que queda claro es que su capital político no solo le quebraron su saque, sino que está liquidado. Y cuando un político empieza a ser recordado más por sus tropiezos que por sus aciertos, la historia ya lo colocó en su sitio: en la periferia del poder, donde la lealtad sin fuero es apenas una migaja que nunca alimenta, solo entretiene. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”...
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