Los dispositivos conectados pero en desuso pueden representar hasta el 10% del consumo eléctrico doméstico; desenchufarlos ayuda a ahorrar d...
Los dispositivos conectados pero en desuso pueden representar hasta el 10% del consumo eléctrico doméstico; desenchufarlos ayuda a ahorrar dinero y reducir emisiones contaminantes.
Las luces están apagadas, la casa está en silencio y nada parece estar funcionando, pero la electricidad sigue fluyendo silenciosamente a través de los enchufes. Este drenaje oculto, conocido como consumo fantasma, se produce al dejar dispositivos enchufados cuando no están en uso, desde cargadores de teléfonos y microondas hasta televisores y consolas de videojuegos.
De acuerdo con expertos, esta energía desperdiciada puede representar entre el 5% y el 10% del consumo total en el hogar, dependiendo de factores como la antigüedad de los aparatos. Alexis Abramson, decana de la Escuela de Clima de Columbia, explica que el consumo fantasma varía según el tipo de sistemas que se tengan y cuánto han mejorado con el tiempo.
Por ejemplo, Matt Malinowski, del Consejo Estadounidense para una Economía Energéticamente Eficiente, señala que algunos televisores inteligentes conectados a internet pueden consumir hasta 40 vatios de energía mientras están apagados, lo que equivale a casi 40 veces más que un televisor convencional en reposo.
Aunque estas cifras parezcan pequeñas a nivel individual, su impacto ambiental es considerable cuando se multiplican en millones de hogares. Aidan Charron, de Global Earth Day, destaca que reducir este desperdicio ayuda tanto a bajar el monto de la factura eléctrica como a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Algunos de los principales culpables son electrodomésticos con relojes integrados, cargadores que siguen conectados tras cargar un dispositivo y aparatos que permanecen en modo de espera. Charron recomienda comenzar con pasos sencillos, como desenchufar cargadores y lámparas cuando no se usen, y posteriormente desconectar también microondas u otros aparatos que no se requieran de forma constante.
Si desenchufar parece complicado, se pueden revisar las configuraciones de los dispositivos y desactivar funciones innecesarias, como el encendido automático o la escucha permanente en los televisores inteligentes. “Si no lo estás usando, entonces no estás obteniendo ningún beneficio, pero estás pagando el precio y aumentando el uso de energía”, señala Malinowski.
De acuerdo con Jonathan Gilligan, de la Universidad de Vanderbilt, acciones como estas podrían reducir en hasta un 20% las emisiones domésticas en Estados Unidos, lo que equivaldría a unas 408 toneladas de dióxido de carbono al año. Además, cuando las personas adoptan hábitos sostenibles, tienden a influir en quienes las rodean, creando un efecto positivo en cadena.
En resumen, pequeñas decisiones cotidianas, como desenchufar lo que no se usa, pueden tener un impacto mucho mayor del que parece: reducen gastos, disminuyen emisiones y contribuyen a impulsar una cultura de responsabilidad ambiental en los hogares.
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