Mazatlán, Sinaloa. La autopista que conecta Culiacán con Mazatlán fue el escenario de una tragedia que, en medio de la madrugada, dejó huell...
Mazatlán, Sinaloa. La autopista que conecta Culiacán con Mazatlán fue el escenario de una tragedia que, en medio de la madrugada, dejó huella en los corazones de quienes presenciaron aquel fatídico suceso. Una madre, con el desespero pintado en el rostro, atravesaba los carriles de norte a sur. A cada paso, la realidad la golpeaba con más fuerza: su hija luchaba por su vida, y la esperanza se desvanecía con el pasar de los segundos.
Minutos antes, el estruendo de un choque había sacudido la quietud de la madrugada. Dos tráileres se vieron envueltos en un brutal accidente; uno de ellos, cargado con pipas de diésel, había quedado destrozado a un lado de la carretera. La tragedia se sentía en el aire, pero lo peor estaba aún por venir.
Miguel Ángel, un conductor de tráiler con doble remolque, avanzaba por la autopista cuando la escena del accidente se presentó ante él. A lo lejos, distinguió la figura de una mujer, sola en medio de la carretera, moviéndose frenéticamente. Al detener su unidad, ella corrió hacia él con una súplica desgarradora. “Ayúdeme con mi niña, por favor”, le dijo, mientras le entregaba el frágil cuerpo de la pequeña, que apenas respiraba.
Miguel Ángel, con la urgencia palpitando en sus venas, tomó a la niña y la subió a la cabina de su tráiler. El motor rugió mientras aceleraba hacia el sur, buscando ayuda, buscando salvar una vida. Pero el destino tenía otros planes. Al llegar a la caseta de Mármol, se dio cuenta de que estaba cerrada, sin personal que pudiera asistirle. No se detuvo. Continuó su camino por el Libramiento Mazatlán, ya en contacto con C4, quienes habían activado el protocolo de emergencia.
Mientras tanto, los paramédicos de Bomberos Veteranos de El Castillo, ocupados en otra emergencia, recibieron el llamado. Dejaron todo y partieron hacia el Libramiento. Sabían que el tiempo jugaba en su contra. El encuentro con el tráiler fue alrededor de las 5:30 de la madrugada, a la altura de la caseta de peaje de El Vainillo. Miguel Ángel ya esperaba allí, ansioso, con la niña en brazos. Pero cuando los paramédicos revisaron su cuerpo, la esperanza se esfumó. La pequeña ya no tenía signos vitales; había fallecido, posiblemente a causa de un fuerte golpe en la cabeza durante el accidente.
Mientras se procesaba la pérdida de la niña, las autoridades comenzaron a recabar información. La madre, que había quedado en la carretera, fue encontrada sin vida horas después. Su último acto de amor había sido buscar desesperadamente salvar a su hija, entregándola en manos de un extraño que, aunque hizo lo posible, no pudo cambiar el destino.
Miguel Ángel, abatido, narró cómo había llegado al lugar y encontrado a la madre en medio de la autopista, implorándole que se llevara a la niña. Su relato reflejaba el peso de la tragedia que había presenciado.
Al final, la autopista Culiacán-Mazatlán, que tantas veces había sido testigo de historias de viajes y encuentros, se convirtió en el escenario de una despedida eterna. Una madre y su hija dejaron su huella en ese asfalto, en una madrugada que nadie olvidará.
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