Línea global Ana Gómez La eliminación de Sayed Hasán Nasralá, líder de Hezbolá, en un ataque aéreo israelí en Beirut marca un momento crucia...
Línea global
Ana Gómez
La eliminación de Sayed Hasán Nasralá, líder de Hezbolá, en un ataque aéreo israelí en Beirut marca un momento crucial en el conflicto entre Israel y el grupo chií respaldado por Irán. Nasralá, quien había liderado Hezbolá desde 1992, era una de las figuras más influyentes y temidas en la región. Su muerte, junto con la de otros altos mandos del grupo, ha creado un vacío de poder que podría reconfigurar la dinámica del conflicto en el Líbano y más allá.
Para Israel, la operación fue un éxito estratégico, aunque sus autoridades han sido cautas al celebrar. El primer ministro Benjamin Netanyahu y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han subrayado que, a pesar del golpe significativo que supone la muerte de Nasralá, el conflicto no ha terminado. Hezbolá sigue siendo una organización con gran capacidad militar, y su respuesta podría ser contundente. Daniel Hagari, portavoz del ejército israelí, advirtió que el grupo aún tiene la fuerza para continuar la lucha, y las posiciones de Hezbolá en el Líbano continúan siendo bombardeadas por las FDI.
La eliminación de Nasralá es simbólicamente importante no solo por el rol del líder en Hezbolá, sino también por su relación con Irán, el principal patrocinador del grupo. Hezbolá ha sido un pilar en la estrategia iraní de proyección de poder en el Medio Oriente, especialmente en su enfrentamiento indirecto con Israel. La pérdida de Nasralá representa un revés para Irán, que ha utilizado a Hezbolá como su brazo armado en la región. Sin embargo, Irán ha demostrado una notable capacidad para reponerse a este tipo de golpes, y es probable que busque consolidar a un sucesor que continúe con la agenda de resistencia contra Israel.
Impacto regional y las tensiones crecientes
El ataque no solo ha causado conmoción en el Líbano, sino que también ha escalado las tensiones en una región que ya estaba al borde del conflicto. En un comunicado oficial, Hezbolá aseguró que no solo continuará su lucha, sino que lo hará "en apoyo de Gaza y Palestina, y en defensa de Líbano", sugiriendo que el grupo podría intensificar su respuesta militar. En este contexto, el Mediterráneo Oriental vuelve a ser un escenario de incertidumbre, donde las represalias de Hezbolá podrían generar una nueva ronda de enfrentamientos armados, con consecuencias imprevisibles.
Mientras tanto, las manifestaciones en apoyo a Hezbolá y contra Israel se multiplican en Líbano y otros países de la región. Este escenario plantea el desafío de cómo las potencias internacionales, incluidas las Naciones Unidas y actores como Estados Unidos y Rusia, manejarán esta nueva fase del conflicto. Hasta ahora, la comunidad internacional ha estado enfocada en otros conflictos de la región, pero la muerte de Nasralá podría redirigir la atención hacia el Líbano y su frágil estabilidad política.
Israel y su estrategia de seguridad
Desde el punto de vista de Israel, la operación no solo buscaba eliminar a Nasralá, sino también debilitar a Hezbolá en un momento en que el grupo estaba creciendo en poder e influencia. Las recientes confrontaciones en la frontera norte de Israel y las preocupaciones de seguridad vinculadas a la capacidad de Hezbolá para atacar desde múltiples frentes justifican, desde la perspectiva israelí, la necesidad de una acción preventiva. En este sentido, el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, dejó en claro que la intención de Israel no es agredir al pueblo libanés, sino defenderse de lo que consideran una organización terrorista que amenaza la paz y la seguridad del país.
La muerte de Nasralá también es vista por el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Israel Katz, como una de las operaciones antiterroristas más justificadas que ha llevado a cabo Israel en los últimos tiempos. Katz destacó que, a pesar de la intensidad de la operación, el objetivo sigue siendo claro: garantizar la seguridad de los ciudadanos israelíes frente a las amenazas externas. Sin embargo, las autoridades israelíes saben que esta victoria táctica podría desencadenar una serie de respuestas que podrían complicar aún más el panorama.
Conclusión: Un futuro incierto
La desaparición de Nasralá coloca al Medio Oriente en una nueva encrucijada. Si bien es un golpe devastador para Hezbolá e Irán, el futuro liderazgo del grupo y la respuesta inmediata en términos militares y políticos son difíciles de predecir. Sayed Hashem Safieddine ha sido mencionado como el posible sucesor de Nasralá, pero aún no está claro cómo se reconfigurará la estructura de Hezbolá y qué tipo de represalias puede emprender el grupo en las próximas semanas.
Para Israel, la muerte de Nasralá representa una victoria significativa en su lucha contra Hezbolá, pero también un desafío a largo plazo. La región, ya de por sí inestable, podría entrar en una nueva fase de violencia si Hezbolá decide intensificar sus operaciones contra Israel, lo que podría desatar un conflicto de mayores proporciones.
En este contexto, la comunidad internacional tendrá que jugar un papel clave para contener las tensiones y evitar que el Líbano se hunda aún más en la violencia. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo, y la región se mantiene en vilo, esperando el próximo movimiento de Hezbolá e Israel.


