Conexión Darío Bentancourt Las declaraciones recientes del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, rechazando la idea de que su...
Conexión
Darío Bentancourt
Las declaraciones recientes del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, rechazando la idea de que su país sea responsable de la violencia en Sinaloa, han puesto de relieve una creciente tensión en la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Este intercambio refleja una diferencia fundamental en la manera en que ambos países perciben la raíz del problema de seguridad en la región. Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador apunta a una corresponsabilidad entre ambas naciones, Estados Unidos, en voz de su embajador, busca desligarse de cualquier culpa por la violencia en Sinaloa y otros estados del país.
El presidente López Obrador ha sido enfático en señalar a Estados Unidos como corresponsable de la violencia en México, argumentando que la influencia de operaciones estadounidenses en suelo mexicano, como la reciente captura de líderes del narcotráfico, exacerban la inseguridad. Desde la perspectiva del mandatario mexicano, la cooperación en temas de seguridad no ha sido equitativa, sino que ha favorecido intereses estadounidenses sin considerar los impactos negativos que generan en territorio nacional.
Sin embargo, la postura del embajador Salazar es clara: Estados Unidos no puede ser culpado por la violencia que se vive en Sinaloa o en otras partes del país. Este enfoque destaca una visión más limitada de la responsabilidad, que se enfoca en abordar el narcotráfico en su propia jurisdicción, como lo muestra la reciente declaración de culpabilidad de Rubén Oseguera González, alias “El Menchito”, por parte del sistema judicial estadounidense. Para Salazar, el verdadero reto es la cooperación profunda y sostenida entre ambos países, sin responsabilizaciones unilaterales.
La violencia en Sinaloa, derivada del narcotráfico y de la lucha entre cárteles, no puede entenderse sin analizar las dinámicas transnacionales que lo alimentan. Estados Unidos, como el mayor consumidor de drogas ilícitas del mundo, desempeña un papel central en la demanda que alimenta la violencia en México. Al mismo tiempo, los flujos de armas ilegales desde Estados Unidos hacia México arman a los cárteles, intensificando los niveles de violencia.
López Obrador tiene razón en señalar que Estados Unidos tiene una responsabilidad en esta cadena de factores, pero también debe reconocerse que la debilidad institucional en ciertas regiones mexicanas permite que la violencia y el crimen organizado prosperen. La cooperación de seguridad entre ambos países, aunque necesaria, no puede abordarse sin que ambos lados asuman su cuota de responsabilidad. Estados Unidos debe hacer más para controlar el flujo de armas y drogas, pero México también debe reforzar sus estructuras de seguridad y justicia.
El llamado del embajador Salazar a una cooperación más fuerte y profunda es oportuno, pero no puede limitarse a esfuerzos aislados de captura de capos o acciones que exacerben la violencia local sin atender las causas estructurales. El combate al narcotráfico ha demostrado ser insuficiente cuando no se aborda de manera integral, y la captura de líderes como “El Menchito” o “El Mayo” Zambada no ha significado el fin de la violencia, sino que, en muchos casos, ha resultado en luchas internas por el control de los territorios que desatan más caos.
La corresponsabilidad no solo se limita al narcotráfico. El papel que juega el tráfico de armas, el lavado de dinero y la corrupción a ambos lados de la frontera complica la lucha contra el crimen organizado. Las operaciones conjuntas deben tener una estrategia a largo plazo, no solo enfocarse en los resultados inmediatos.
La seguridad en Sinaloa y otras regiones de México no puede ser vista como un problema exclusivo de una nación. Tanto México como Estados Unidos deben reconocer que están inmersos en una problemática compartida, donde el narcotráfico y la violencia son síntomas de una crisis estructural más profunda. El intercambio entre AMLO y el embajador Salazar es un recordatorio de la necesidad de fortalecer una cooperación que no busque culpables, sino soluciones sostenibles.
.png)

