Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal”, Im...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Obra siempre de
modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal”, Immanuel
Kant (1724-1804) Filosofo alemán.
PUERTA GRANDE
Hay regresos que
no solo marcan el retorno físico a un espacio, sino que reconfiguran el tablero
político. El de Elizabeth Montoya Ojeda al Congreso del Estado no puede leerse
únicamente como la reincorporación de una legisladora tras un hecho violento;
es, en esencia, el punto de partida de una nueva narrativa política que ya
apunta hacia el 2027.
Montoya vuelve
distinta. No solo por las secuelas visibles de un atentado que estremeció a
Sinaloa, sino por el peso simbólico que ahora carga. Su presencia en tribuna no
es menor: representa resistencia, sí, pero también construcción de capital
político en un entorno donde la narrativa personal pesa tanto como la
estructura partidista.
Y es ahí donde
aparece el elemento clave: su intención de buscar la alcaldía de Culiacán.
No es casual. En
política, los tiempos nunca lo son.
Culiacán no es
cualquier plaza. Es el corazón político del estado, el termómetro electoral y
el epicentro de las decisiones que impactan al resto de Sinaloa. Aspirar a
gobernarlo implica no solo tener estructura, sino narrativa, posicionamiento y,
sobre todo, viabilidad dentro del partido.
En este caso,
dentro de Morena, donde la baraja es amplia y las definiciones no pasan
únicamente por el discurso, sino por acuerdos, encuestas y equilibrios
internos.
El regreso de
Montoya, entonces, se convierte en algo más que un acto institucional: es una
reaparición estratégica.
Su discurso no
fue improvisado. Hablar de paz, de salud mental y de reconstrucción del tejido
social no solo conecta con una agenda necesaria en Sinaloa; también la coloca
en un terreno distinto al de la política tradicional de seguridad. Es un giro
que, de sostenerse, podría diferenciarla en un escenario donde muchos repiten
las mismas fórmulas.
Pero la política
no se construye solo con discurso.
Montoya enfrenta
varios retos. El primero, consolidar su presencia territorial en Culiacán,
donde otros perfiles ya tienen camino recorrido. El segundo, demostrar que su
historia personal puede traducirse en capacidad de gobierno. Y el tercero,
quizá el más complejo, navegar las dinámicas internas de Morena sin quedar
atrapada en ellas.
Porque si algo
ha dejado claro la política sinaloense en los últimos años, es que las
candidaturas no se ganan solo en la tribuna.
Se construyen en
territorio, en acuerdos y en percepción.
En ese sentido,
la diputada tiene a su favor un elemento poderoso: la empatía social que genera
su historia. Pero ese capital es tan valioso como efímero si no se transforma
en estructura política real.
El riesgo
también existe. La línea entre la legitimidad que otorga una experiencia
personal adversa y su utilización como plataforma política es delgada. Y en un
electorado cada vez más crítico, esa diferencia puede definir una candidatura.
Aun así, su
movimiento ya tiene efectos.
Su nombre entra
en la conversación, su figura se posiciona y su regreso deja de ser solo una
nota para convertirse en un mensaje: está en la contienda.
Falta ver si
logra trascender la narrativa y convertirse en opción.
Porque en
Sinaloa, y particularmente en Culiacán, no basta con sobrevivir para gobernar.
Hay que construir, convencer y, sobre todo, ganar.
Y ese camino
apenas comienza.
EL TIMING
En política, no
siempre habla más fuerte quien grita primero, sino quien sabe cuándo hacerlo. Y
Tere Guerra Ochoa parece tener claro que su momento está cerca.
“Estaré lista
para el registro”. La frase no es menor. No es un destape, pero tampoco es una
negación. Es, en realidad, una señal calculada dentro de la lógica de Morena,
donde los tiempos no los marcan las aspiraciones personales, sino los procesos
internos.
Guerra no
improvisa. Su trayectoria dentro del movimiento, su cercanía con causas
sociales y su perfil legislativo la colocan como una de las figuras con mayor
consistencia en el escenario político sinaloense. No es una figura estridente,
pero sí constante. Y en Morena, esa combinación suele pesar más de lo que
parece.
Lo interesante
no es solo lo que dice, sino lo que implica.
Al declararse
lista, Tere Guerra entra de lleno en la narrativa de la sucesión municipal en
Culiacán, una contienda que, como ya se ha visto, no será sencilla ni lineal.
Porque si algo caracteriza al partido en el poder, es que las candidaturas se
construyen con base en encuestas, sí, pero también en equilibrios, lealtades y
lecturas de contexto.
Y ahí es donde
Guerra juega con ventaja y riesgo al mismo tiempo.
Ventaja, porque
su perfil encaja en la línea de una política con discurso social, alineada con
los principios del movimiento y con una imagen que no genera grandes negativos.
Riesgo, porque no es la única en esa ruta. La competencia interna es real, diversa
y, sobre todo, dinámica.
Su
posicionamiento, sin embargo, es inteligente.
No se adelanta,
pero tampoco se queda fuera. No rompe, pero tampoco se diluye. Se coloca en el
punto exacto donde puede ser considerada sin confrontar. Y en un escenario como
el de Morena, eso puede ser clave.
Pero hay una
pregunta de fondo: ¿le alcanzará?
Porque en
Culiacán no basta con estar lista. Se requiere estructura, presencia
territorial, capacidad de movilización y, sobre todo, una lectura fina del
momento político. La capital del estado no solo elige autoridades, define
liderazgos.
Y en esa lógica,
cada movimiento cuenta.
Tere Guerra
apuesta por la disciplina política, por el respeto a los tiempos y por una
narrativa de preparación más que de urgencia. Es una estrategia que puede
rendir frutos… o quedarse corta frente a perfiles que decidan jugar más fuerte.
Lo cierto es que
ya está en la conversación.
Y en política,
estar en la conversación es el primer paso para estar en la boleta.
Falta ver si
logra convertirse en opción real o si su papel será el de equilibrar una
contienda que, desde ahora, comienza a tomar forma.
Porque en
Morena, como en la política misma, no siempre gana quien está listo… sino quien
es elegido.
ENFOQUE
En el discurso
político, combatir el feminicidio es una prioridad constante. En la práctica,
ha sido una tarea dispersa, desigual y, muchas veces, insuficiente. Por eso, el
anuncio del senador Enrique Inzunza Cázarez sobre el inicio del análisis de una
reforma constitucional en esta materia no es menor: apunta a uno de los
problemas estructurales del sistema de justicia en México.
La propuesta
busca algo que, en teoría, debería existir desde hace tiempo: homologar
criterios en todo el país. Hoy, el feminicidio no se investiga ni se castiga de
la misma manera en cada estado. Cambian los tipos penales, los protocolos, las
metodologías. Y en esa fragmentación, muchas veces, se pierde la justicia.
Reformar el
artículo 73 para facultar al Congreso a emitir una ley general no solo es un
ajuste técnico; es un intento por cerrar esas brechas. Es reconocer que el
problema no es únicamente de voluntad política, sino de diseño institucional.
Sin embargo, el
reto no termina en la aprobación.
México ha
demostrado que puede construir marcos legales robustos que, en la realidad,
enfrentan enormes dificultades para aplicarse. La clave estará en la
implementación: en la coordinación entre fiscalías, en la capacitación de los
operadores del sistema y en la capacidad real de investigar con perspectiva de
género.
Inzunza, desde
su posición en comisiones, empuja una reforma que puede convertirse en un punto
de inflexión. Pero también se coloca en una responsabilidad mayor: que no quede
en un avance legislativo más, sino en una herramienta efectiva para las víctimas.
Porque en este
tema, legislar bien no es suficiente.
Hay que hacer que la ley funcione.
DE FRENTE
En política, los
números no son destino… pero sí marcan camino. Y el 56.6% de aprobación que hoy
coloca a Juan de Dios Gámez Mendívil en la cima estatal no es un dato aislado,
es una señal.
Culiacán no solo
es el municipio más grande de Sinaloa; es el epicentro político donde se
construyen —y se definen— muchas de las rutas electorales. Encabezar la
aprobación en esta plaza implica algo más que una buena evaluación: representa
posicionamiento.
El crecimiento
sostenido en su percepción pública durante los últimos meses revela una
estrategia clara: presencia en territorio, obra con impacto social y cercanía
con la gente. No es casualidad, es método.
Pero en Morena,
la aprobación es solo una parte de la ecuación.
Sirve,
posiciona, abre puertas… pero no decide por sí sola. Las candidaturas pasan
también por equilibrios internos, lecturas políticas y, sobre todo, por el
momento en que cada perfil logra consolidarse.
Gámez Mendívil
hoy juega con ventaja: tiene números, tiene visibilidad y tiene narrativa de
gobierno. Falta ver si logra traducir ese capital en estructura política y
viabilidad electoral.
Porque si algo
empieza a quedar claro rumbo al 2027, es que la competencia ya está en marcha.
Y en esa
carrera, quien encabeza las encuestas… inevitablemente entra en la
conversación.
EL DEDO DEL
RENGLÓN
En Sinaloa, el
proceso electoral aún no inicia formalmente, pero la disputa ya está en marcha.
La denuncia presentada por Wendy Barajas Cortés contra la senadora Imelda
Castro Castro no solo es un recurso legal: es un mensaje político.
El señalamiento
es claro: actos anticipados, promoción personalizada y posible uso indebido de
recursos. Más allá de si prospera o no, el fondo es otro: la percepción de
inequidad en una contienda que aún no comienza en lo formal, pero sí en lo
real.
Morena juega con
ventaja natural por su posición en el poder, pero también enfrenta el
escrutinio permanente de sus propios movimientos. Y ahí es donde cada acto
público, cada evento y cada mensaje se vuelve parte de una narrativa mayor.
El PAN, por su
parte, intenta fijar límites desde ahora, consciente de que llegar tarde a esa
discusión puede ser costoso.
La clave estará
en las autoridades electorales.
Porque en una
elección que ya se mueve bajo la superficie, la legalidad no solo debe
aplicarse… debe percibirse.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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