Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Con una mentira es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Con una mentira
es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una
gran verdad indiscutible: eres débil”, Tom Wolfe (1931-2018) Periodista y
escritor estadounidense.
APERTURAS
La gira de la
presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por Sinaloa no puede entenderse como una
sucesión de eventos protocolarios. Fue, en realidad, una operación política de
posicionamiento territorial en una entidad clave para el equilibrio económico y
de gobernabilidad del país.
Mazatlán, San
Ignacio y Culiacán no fueron escalas accidentales. Representan tres realidades
distintas del estado: el dinamismo turístico, la ruralidad productiva y el
centro político-administrativo con desafíos en seguridad. Esa triangulación
territorial envía un mensaje claro: presencia integral del gobierno federal en
todos los frentes.
En Mazatlán,
junto a la alcaldesa Estrella Palacios Domínguez, el discurso giró alrededor
del desarrollo y la confianza. El puerto es hoy la carta de presentación
económica de Sinaloa. Turismo, inversión inmobiliaria y conectividad marítima
sostienen una narrativa de crecimiento que requiere estabilidad institucional
para consolidarse.
La presencia
presidencial en este escenario no es menor. Envía señales al mercado, a
inversionistas y al sector servicios de que existe respaldo federal. Sin
embargo, la confianza no se decreta; se construye. Infraestructura urbana,
servicios públicos eficientes y una estrategia de seguridad consistente serán
los indicadores reales que medirán la solidez de ese mensaje.
Mazatlán no solo
es postal turística; es termómetro económico.
En San Ignacio,
acompañada por el alcalde Luis Fernando Loaiza Bañuelos, el tono cambió. Ahí el
eje fue el bienestar social y el equilibrio territorial. Este municipio
representa la dimensión rural de Sinaloa, donde la política pública no puede
limitarse a transferencias económicas, sino que debe traducirse en desarrollo
productivo sostenible.
El mensaje
federal apuntó a que el modelo de bienestar no se concentra en las zonas
urbanas. Sin embargo, el desafío estructural permanece: los municipios rurales
requieren infraestructura, acceso a mercados y fortalecimiento de capacidades
locales para romper ciclos históricos de rezago.
La inclusión
territorial es una narrativa potente; convertirla en crecimiento sostenido es
el verdadero reto.
En Culiacán,
junto al alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil, el contexto adquiere otra
dimensión. La capital sinaloense concentra decisiones políticas y
administrativas, pero también es punto sensible en materia de seguridad.
La visita
presidencial en este escenario tiene carga simbólica. Refuerza la coordinación
institucional entre niveles de gobierno y proyecta una imagen de control. No
obstante, la ciudadanía no evalúa símbolos; evalúa resultados. Reducción de
violencia, fortalecimiento policial y estabilidad social son los parámetros que
marcarán la percepción pública.
La
gobernabilidad no se comunica, se demuestra.
Uno de los
anuncios con mayor alcance fue la modernización de distritos de riego. En un
estado cuya economía depende significativamente del sector agrícola, el tema
hídrico no es accesorio; es estratégico.
La eficiencia en
el uso del agua impacta productividad, empleo y estabilidad regional. Si la
modernización se ejecuta con rigor técnico y presupuesto garantizado, podría
convertirse en el eje transformador de la visita. Si permanece en el terreno
declarativo, su efecto será limitado.
La
infraestructura hidráulica no produce titulares inmediatos, pero define
décadas.
La ampliación de
bachilleratos y universidades públicas responde a la estrategia nacional de
cobertura educativa. En un estado con población joven y desafíos laborales, la
educación puede ser palanca de movilidad social.
Sin embargo,
ampliar matrícula sin asegurar calidad académica y vinculación productiva
genera crecimiento cuantitativo, no necesariamente desarrollo económico. La
pertinencia profesional será clave para evitar la desconexión entre formación y
mercado laboral.
La educación
transforma cuando está alineada con el entorno productivo.
Más allá de los
anuncios, la gira reforzó liderazgos municipales alineados con el proyecto
federal y proyectó cohesión institucional. En un contexto nacional donde la
narrativa de gobernabilidad es prioritaria, Sinaloa ocupa un lugar estratégico
por su peso agrícola, económico y por su complejidad en seguridad.
La presidenta
proyectó cercanía territorial y coordinación intergubernamental. El mensaje fue
de estabilidad y continuidad.
Pero en
política, la forma precede al fondo solo temporalmente.
La gira combinó
tres dimensiones claras:
Presencia
territorial con carga simbólica.
Reafirmación del modelo de bienestar.
Anuncios con potencial impacto estructural en agua y educación.
No fue
improvisada ni superficial. Fue estratégica.
Sin embargo, las
giras generan expectativas; la gestión produce resultados. Sinaloa enfrenta
desafíos que no se resuelven en una agenda de fin de semana. La visita ya
cumplió su función política y comunicativa.
Ahora inicia la
etapa decisiva: la ejecución.
Porque en
política, el tiempo no aplaude discursos; evalúa resultados.
RESPALDO
La asistencia
del rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jesús Madueña Molina, a la
reunión privada convocada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, encabezada
en el estado por el gobernador Rubén Rocha Moya, debe analizarse en dos planos:
el institucional y el político.
En términos
formales, se trata de un encuentro de coordinación entre el Gobierno Federal y
actores representativos de los sectores social, académico y productivo de
Sinaloa. La inclusión del rector en ese espacio confirma el peso estructural
que la universidad tiene en la vida pública del estado. No es una invitación
simbólica: la UAS concentra la mayor matrícula educativa de la entidad y
articula buena parte del sistema de educación media superior y superior.
Desde el ángulo
institucional, los datos presentados por el rector delinean una realidad
concreta. Atender a 170 mil estudiantes, absorber la mitad del bachillerato
estatal y sostener 103 programas de educación superior posiciona a la
universidad como un eje estratégico en la formación de capital humano. Que
Sinaloa se ubique entre las entidades con mayor cobertura educativa no es un
dato menor; es un indicador de capacidad instalada.
Sin embargo, más
allá de las cifras, el planteamiento central fue la solicitud de atención a las
necesidades de crecimiento de la institución. Este punto abre una lectura
relevante: la expansión de cobertura implica presión presupuestal,
infraestructura, contratación académica y sostenibilidad financiera. En ese
sentido, la intervención del rector puede interpretarse como una gestión
directa ante el Ejecutivo Federal para garantizar estabilidad institucional en
un contexto nacional donde las universidades públicas enfrentan desafíos
presupuestales recurrentes.
La sede del
encuentro —instalaciones de la III Región Militar en Mazatlán— y la presencia
del Gabinete de Seguridad también aportan contexto. No se trató únicamente de
una reunión educativa, sino de un diálogo integral sobre la región. En ese
marco, la participación de la UAS adquiere un matiz adicional: la educación
como componente de estabilidad social. La universidad no solo forma
profesionales; también funciona como espacio de contención y movilidad social.
Desde una
perspectiva política, la reunión proyecta coordinación entre el gobierno
federal, el estatal y la principal institución académica de Sinaloa. La
disposición expresada por el rector para colaborar con las políticas federales
refuerza un mensaje de alineación institucional. En el escenario público, esto
contribuye a la narrativa de cohesión entre actores clave.
No obstante, el
análisis objetivo obliga a distinguir entre discurso y ejecución. La relevancia
de la UAS en el sistema educativo sinaloense está acreditada por su matrícula y
cobertura. El desafío radica en asegurar calidad académica, pertinencia profesional
y sostenibilidad financiera. El crecimiento cuantitativo debe acompañarse de
fortalecimiento estructural.
En términos
generales, la presencia del rector en la reunión confirma que la educación
superior ocupa un lugar en la agenda federal para el estado. El impacto real
dependerá de si el acercamiento deriva en apoyos concretos, proyectos
específicos y soluciones a las necesidades planteadas.
La reunión ya
cumplió su función política y comunicativa: visibilizar a la universidad como
actor estratégico. El siguiente paso será determinar si esa visibilidad se
traduce en respaldo institucional efectivo.


