Opinión Carlos Alberto Corona León* La discusión económica en México suele oscilar entre el corto plazo electoral y la urgencia coyuntural, ...
Opinión
Carlos Alberto Corona León*
La discusión económica en México suele oscilar entre el corto plazo electoral y la urgencia coyuntural, dejando de lado un análisis más profundo sobre los procesos de estabilidad que permiten a un país construir reformas duraderas. En este contexto, el inicio del gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum ha estado marcado por una continuidad responsable en materia de estabilidad macroeconómica, entendida no como inmovilismo, sino como condición indispensable para cualquier transformación estructural futura.
Los indicadores económicos recientes muestran que la economía mexicana ha logrado sostener variables clave en un entorno internacional complejo. Inflación contenida, estabilidad cambiaria y una política de deuda pública sin sobresaltos no son logros menores en un mundo marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad financiera.
En materia fiscal, el gobierno federal ha optado por una estrategia que privilegia el orden antes que la estridencia. En lugar de reformas abruptas, se ha puesto énfasis en fortalecer la recaudación existente, mejorar la eficiencia del gasto y reducir espacios de evasión.
México aún enfrenta enormes retos estructurales, como una baja recaudación relativa y profundas desigualdades regionales. La diferencia sustantiva es que hoy estos desafíos se abordan desde una lógica de construcción de bases y no desde la improvisación.
La dimensión política resulta central. Ninguna reforma económica profunda puede prosperar sin un entorno político funcional. México necesita una oposición responsable, con sentido de patriotismo, que contribuya al debate público sin anteponer intereses electorales de corto plazo.
Ningún actor político debería estar pensando en procesos electorales futuros sin antes rendir cuentas claras sobre su desempeño y sus resultados. La democracia se fortalece cuando la responsabilidad precede a la ambición.
La estabilidad económica actual no es casual, sino resultado de decisiones orientadas a evitar rupturas innecesarias. Esto ha permitido preservar márgenes de maniobra para construir consensos en torno a una futura reforma fiscal estructural.
El gobierno de Claudia Sheinbaum está sentando las bases para una etapa de transformación profunda. Reconocer los avances no implica negar los pendientes, sino entender que las reformas duraderas requieren tiempo, legitimidad y acuerdos amplios.
El futuro económico de México es una responsabilidad compartida. El gobierno debe sumar voluntades y la sociedad debe participar activamente en la construcción del proyecto nacional.
La estabilidad alcanzada es un punto de partida. Si se asume con responsabilidad colectiva, México podrá avanzar hacia una verdadera reforma fiscal con impacto positivo y duradero en su economía y en la vida de sus ciudadanos.
*Abogado, empresario y editorialista, estudioso de los fenómenos sociales y su impacto en el orden general.


