Ahome, Sinaloa.- Genaro García Castro recorrió una de las zonas más deprimentes del municipio de Ahome y que se encuentra en su distrito ele...
El lugar es la parte más baja del poblado. Se encuentra en la calle 16 y a sus espaldas no hay más terreno, sino lodazales, ahora quebradizos por la sequía que golpea, sofoca y desmaya hasta al más pintado.
Por esas calles pedregosas, polvorientas, irregulares, circundadas por aromas fétidos y con albercas de aguas negras que supuran al cielo ríos y ríos de un líquido oscuro, cargado de heces, el candidato de morena caminó. No iba solo, sino acompañado por de amas de casa, padres de familia, estudiantes, todos habitantes del sector.
En su paso, ellos le explicaron la vida de problemas que enfrentan a diario, y no se detuvieron ante nada ni ante nadie para decirle al candidato la tortura o martirio que es vivir en una zona alejada de las decisiones políticas.
Por eso, estaban agradecidos con él, porque era el primer y único candidato que les visitaba, y mejor aún compartía con ellos hasta los piquetes de jejenes y moscos. Caminando con ellos, hablando con la gente, con los moradores, Genaro no perdió el piso ni la humildad que le caracteriza, tampoco el tacto y no mintió ni suavizó las cosas. Allí, reconoció tener una deuda con esa gente y con ese pueblo, pues una vida atrás, salió de esas mismas calles para labrarse un futuro a base de esfuerzo y sacrificio.
“Y ahora, por cosas del destino, regreso, sé de mi deuda, y estoy dispuesto a pagarla con ustedes, pero ayúdenme a llegar a donde se toman las decisiones, el Congreso. Vamos juntos, lleguemos juntos, todos como uno solo; échenme la mano, echémosla todos, y resolvamos juntos”, dijo a cada residente que le abrió la casa para un diálogo franco entre el hijo que una vez salió de la casa materna y que ahora regresa para saldar la deuda.
Uno a uno de los colonos le fue recordando, ya por el rostro, ya por los apellidos, ya por los padres, hermanos o tíos, pero todos tenían algo a flor de labios para comentarla.
Y así entre amigos que se dicen verdades para no herirse con mentiras, Genaro concluyó su caminata proselitista, quedándose con la promesa de que en el estero de Juan José Ríos, él arrasaría en las urnas. Era la promesa a la que sumó: “Después del 2 de junio, con la constancia de mayoría en mano, regresaré y comenzaremos a trabajar todos por el Estero de Juan José Ríos. Ustedes lo merecen ya”. Y se retiró, alguien de la concurrencia y que caminó con él, pegado, hombro a hombro, lo describió: “Se le apachurró el corazón a Genaro ver como se vive aquí, con el tiempo detenido”.
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