Los ajustes de cuentas se culminan aunque el perseguido esté postrado en un centro médico y rodeado de policías. Un nuevo caso lo ilustra ...
Los ajustes de cuentas se culminan aunque el perseguido esté postrado en un centro médico y rodeado de policías. Un nuevo caso lo ilustra
En México, el crimen no se detiene a la puerta de los hospitales. Rematar a heridos ante médicos y enfermeros se ha vuelto una práctica común. Esta madrugada ocurrió en el hospital general Las Américas, en Ecatepec (1,6 millones de habitates, Estado de México). El relato es simple. Por la noche, la Cruz Roja recibió un aviso: en la colonia Estrella de Oriente se había hallado un coche con dos heridos de bala. Cuando la ambulancia llegó, uno ya había muerto; el otro se estaba desangrando. Fue llevado al hospital. Pero al entrar, según las primeras versiones, un desconocido se acercó al paciente, sacó una pistola y lo remató. Para evitarse molestias, también disparó a un enfermo. Luego desapareció.
Los hechos repitieron una cadencia bien conocida. Hace dos semanas, le había tocado el turno al hospital público de Cosamaloapan, de Veracruz. De madrugada, dos camionetas pararon frente al centro. Un grupo de 10 sicarios descendió. La mitad redujo a los guardias de seguridad y el resto se dirigió a la habitación de Agustín Yescas Canela, tiroteado el día anterior. En la cama, lo remataron a puñaladas.
En México, el crimen no se detiene a la puerta de los hospitales. Rematar a heridos ante médicos y enfermeros se ha vuelto una práctica común. Esta madrugada ocurrió en el hospital general Las Américas, en Ecatepec (1,6 millones de habitates, Estado de México). El relato es simple. Por la noche, la Cruz Roja recibió un aviso: en la colonia Estrella de Oriente se había hallado un coche con dos heridos de bala. Cuando la ambulancia llegó, uno ya había muerto; el otro se estaba desangrando. Fue llevado al hospital. Pero al entrar, según las primeras versiones, un desconocido se acercó al paciente, sacó una pistola y lo remató. Para evitarse molestias, también disparó a un enfermo. Luego desapareció.
Los hechos repitieron una cadencia bien conocida. Hace dos semanas, le había tocado el turno al hospital público de Cosamaloapan, de Veracruz. De madrugada, dos camionetas pararon frente al centro. Un grupo de 10 sicarios descendió. La mitad redujo a los guardias de seguridad y el resto se dirigió a la habitación de Agustín Yescas Canela, tiroteado el día anterior. En la cama, lo remataron a puñaladas.
El País
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