En la raya José Luis López Duarte Guadalupe Taddei parece haberse convertido en la cobija oficial de la 4T: esa que se jala para tapar los...
En la raya
José Luis López Duarte
Guadalupe Taddei parece haberse convertido en la cobija oficial de la 4T: esa que se jala para tapar los escándalos, aunque siempre termina dejando un pie al descubierto. Y vaya que la cobija ya está raída. La presidenta del INE carga desde hace meses con señalamientos, decisiones cuestionables y una cauda de acusaciones que, bajo cualquier estándar institucional, merecerían una revisión seria, transparente y sin consignas partidistas.
Pero en la política mexicana nada ocurre por casualidad. Primero, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó arropar a Taddei. Después, cuando el escándalo creció y la presión se volvió insoportable, desde Morena comenzaron a pedir castigos ejemplares, cárcel inmediata y hasta el patíbulo político. Alfonso Ramírez Cuéllar y otros legisladores se subieron al cadalso verbal con una velocidad sospechosa.
¿De pronto descubrieron la corrupción? ¿Les cayó del cielo la indignación? ¿O encontraron en Taddei al chivo expiatorio perfecto?
Porque una cosa es exigir cuentas en el INE y otra muy distinta es usar a la presidenta del organismo como cortina de humo. El caso debe investigarse, sí, pero sin convertirlo en espectáculo ni en una purga selectiva. Si hay responsabilidades administrativas o penales, que se acrediten con pruebas y debido proceso. No con gritos desde la tribuna ni con la habitual justicia de micrófono.
El problema es el momento. Durante semanas, el gobierno venía arrastrando la crisis del IMSS, los recurrentes escándalos del sector salud y una administración cada vez más incómoda con sus propias promesas. Entonces, justo antes del 27 de octubre, aparece una entrevista televisiva con el ex vicealmirante Manuel Roberto Farías Lagunes, recluido junto con su hermano Fernando, en la que se mencionan testimonios relacionados con una investigación sobre el llamado huachicol fiscal.
Según esa versión, en la carpeta 568/2024 aparecen referencias a diversos funcionarios y personajes políticos. También se ha señalado que los testimonios no provendrían directamente de Farías Lagunes, sino de testigos identificados con claves reservadas. El contenido, por supuesto, debe ser verificado por la Fiscalía y sometido a pruebas, no convertido automáticamente en sentencia pública.
Pero la pregunta política permanece: si existe una red amplia, con posibles implicaciones en aduanas, Marina y otras áreas del gobierno, ¿por qué la atención se concentra únicamente en dos detenidos? ¿Dónde están las investigaciones sobre los demás presuntos involucrados? ¿Por qué algunos nombres aparecen en testimonios (Andy López Beltrán y Adán Augusto López) y, sin embargo, la maquinaria oficial parece caminar con freno de mano?
Ahí es donde Taddei entra en escena como pieza menor dentro de un tablero mucho más grande. El escándalo del INE puede ser real y grave, pero resulta demasiado conveniente que ocupe todas las pantallas mientras se desinfla la conversación sobre el huachicol fiscal, el IMSS y las presuntas conexiones políticas que rodean esas investigaciones.
La 4T descubrió que no hay mejor anestesia que un escándalo perfectamente administrado. Primero protege a los suyos; luego sacrifica a uno de los suyos; finalmente presume que está limpiando la casa. El guion es viejo: se arroja una figura al fuego para que nadie pregunte quién encendió la cerilla.
Taddei debe responder por lo que haya hecho. Pero que no la conviertan en la explicación total de la corrupción nacional. Porque mientras todos miran la cobija, debajo de ella podrían estar escondiendo un incendio completo.
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