Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a aprender...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Siempre que te
pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a
aprender como se hace”, Franklin D.
Roosevelt (1882-1945) Presidente de Estados Unidos (1933-1945).
PÓQUER DE REINAS
Sinaloa comienza
a transitar, aún sin declararlo, hacia un escenario distinto. No es solo el
relevo generacional o la reconfiguración de fuerzas. Es algo más profundo: la
posibilidad real de que, por primera vez, una mujer encabece el gobierno del
estado.
Y hoy, ese
escenario no es hipotético. Tiene nombres, trayectorias y posicionamientos
claros.
En ese contexto,
cuatro perfiles comienzan a destacar dentro del espectro político sinaloense,
cada uno con sus propias fortalezas, ritmos y espacios de construcción: Imelda
Castro Castro, Graciela Domínguez Nava, Teresa Guerra Ochoa y Estrella Palacios
Domínguez.
No es
casualidad. Es contexto.
Imelda Castro
aparece, hoy por hoy, como el perfil más consolidado en términos de trayectoria
política. Su paso por el Senado le ha permitido no solo tener visibilidad
nacional, sino también operar en los espacios donde se toman decisiones de
fondo. Ha sabido mantener una línea constante dentro de su partido, con una
narrativa alineada al proyecto de transformación, pero también con capacidad de
interlocución. Su fortaleza principal radica en esa combinación de experiencia,
estructura y presencia territorial. Es, en términos políticos, un perfil que ya
ha recorrido gran parte del camino y que entiende los tiempos, los silencios y
las señales.
Graciela
Domínguez, por su parte, representa un perfil técnico-político que ha ido
construyéndose con disciplina. Su experiencia como coordinadora en el Congreso
local le dio conocimiento de la dinámica interna del poder en Sinaloa, y su
actual posición como diputada federal le permite ampliar su radio de acción. A
diferencia de otros perfiles, su crecimiento ha sido más institucional que
mediático, lo que le otorga una base sólida en la operación política. Su
ventaja está en la formación, en la consistencia y en una trayectoria que no
depende de coyunturas, sino de trabajo sostenido.
En el caso de
Teresa Guerra, su fortaleza está en la identidad. No es un perfil que transite
en la ambigüedad: su agenda ha sido clara, especialmente en temas vinculados a
derechos, equidad y causas sociales. Esto le ha permitido posicionarse con una
voz propia dentro del escenario local, algo que en política no es menor. Su
capital no solo es político, sino también social, y en un contexto donde la
agenda de género tiene mayor peso, su perfil adquiere relevancia estratégica.
Representa, en muchos sentidos, una visión más ideológica y definida del
ejercicio público.
Estrella
Palacios aporta un elemento distinto al tablero: la gestión directa. Como
alcaldesa de Mazatlán, su figura está sujeta a evaluación constante, no desde
el discurso, sino desde los resultados. Gobernar uno de los municipios más
importantes del estado implica enfrentar retos complejos en servicios,
crecimiento urbano y desarrollo económico. Su ventaja radica en esa cercanía
con la ciudadanía y en la posibilidad de mostrar avances concretos. Además, su
condición como la primera mujer en encabezar el municipio no solo tiene valor
simbólico, sino que también le otorga un posicionamiento que conecta con el
momento político actual.
Cuatro perfiles.
Cuatro rutas.
Pero un mismo
contexto: el tiempo de las mujeres.
A esto se suma
un factor que comienza a acelerar las definiciones: los tiempos electorales ya
se asoman, y con ellos, los inevitables movimientos internos que suelen
adelantar el reparto de candidaturas rumbo a 2027. Aunque formalmente no haya
proceso, en la práctica la política ya entró en fase de acomodo.
Y eso cambia el
ritmo de todo.
Porque en
política, cuando los tiempos se acercan, las señales se vuelven más claras, las
posiciones más visibles y las decisiones más estratégicas. Lo que hoy parece
posicionamiento, mañana puede convertirse en definición.
La disputa ya no
gira en torno a si una mujer puede gobernar Sinaloa. Esa discusión parece
superada. La verdadera pregunta es quién logrará consolidar el equilibrio entre
estructura, territorio, narrativa y resultados.
Porque si algo
define los procesos políticos modernos es que la legitimidad no se construye
desde un solo frente.
Se construye en
todos.
De aquí a 2027,
cada paso contará. Cada decisión sumará o restará. Y cada perfil tendrá que
demostrar no solo viabilidad política, sino capacidad de gobernar.
Sinaloa se
acerca a una definición histórica. Y, por primera vez en mucho tiempo, el
horizonte tiene rostro de mujer.
PALABRA
El conflicto del
maíz en Sinaloa entra en una pausa que, más que resolver, abre una expectativa.
La invitación del gobernador Rubén Rocha Moya a los liderazgos agrícolas para
sostener una reunión en la Ciudad de México, con el objetivo de definir apoyos
a la cosecha 2025-2026, logró lo que hasta ahora parecía distante: que los
productores cedieran terreno.
No es un dato
menor.
El retiro de las
casetas de cobro, como gesto de buena fe, representa un punto de inflexión en
un conflicto que había escalado en presión y visibilidad. Es, en términos
políticos, una tregua. Pero también es una apuesta.
Porque lo que
hoy se concede no es solo espacio… es confianza.
Y la confianza,
en este contexto, tiene fecha de caducidad.
Los productores
han sido claros: esperan resultados. No discursos, no mesas de trabajo
interminables, no promesas diferidas. Resultados concretos que den certidumbre
a una actividad que, más allá de lo económico, sostiene buena parte del
equilibrio social en el estado.
Ahí está el
verdadero fondo.
El maíz en
Sinaloa no es solo un cultivo. Es estructura productiva, es identidad regional
y es también un factor político. Cada decisión que se toma en torno a su
comercialización, precio o apoyo impacta directamente en miles de familias y en
la estabilidad de un sector históricamente sensible.
Por eso, la
reunión en la Ciudad de México adquiere una dimensión mayor.
No se trata
únicamente de definir un esquema de apoyo entre el Gobierno del Estado y el
Gobierno Federal. Se trata de enviar una señal clara: que la interlocución
funciona, que el diálogo rinde frutos y que la gestión política puede
traducirse en soluciones reales.
Pero también hay
un riesgo.
Porque si el
resultado no cumple con las expectativas, el mensaje será inverso. La tregua se
romperá, las acciones se retomarán y el conflicto podría escalar con mayor
intensidad. Así lo han advertido los propios líderes agrícolas.
Y en política,
cuando se abre una expectativa y no se cumple, el costo es mayor.
El gobernador ha
decidido asumir la conducción del tema, colocándose como interlocutor directo
en un momento clave. Eso, en sí mismo, es una señal de involucramiento. Pero
ahora viene lo más complejo: convertir la gestión en resultados.
Porque el campo
no espera indefinidamente. Esta pausa no es un cierre. Es un compás de espera. Y
el próximo martes no será solo una reunión más. Será, en muchos sentidos, una
prueba de eficacia política.
EL CAMINO
Movimiento
Ciudadano en Sinaloa comienza a perfilar su ruta rumbo a 2027 con una
estrategia clara: apertura total. La postura de María Fernanda Rivera Romo deja
ver que el partido buscará perfiles con resultados, incluso fuera de sus
propias filas.
Más que
fortaleza, esto refleja una realidad: el partido aún está en construcción en el
estado.
La apuesta es
lógica: atraer perfiles competitivos ante la falta de estructura sólida. Sin
embargo, el riesgo es evidente. Abrirse sin filtros claros puede derivar en
reciclaje político más que en verdadera renovación.
Ahí está el
dilema. Movimiento Ciudadano necesita crecer, pero también definirse. Porque
sin identidad clara, cualquier candidatura pierde fuerza.
Con el proceso
de 2027 cada vez más cerca, el partido tendrá que pasar pronto de la
invitación… a la decisión.
Porque en
política, no basta con sumar perfiles. Hay que saber elegirlos.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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