Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes”, Fra...
Entre Veredas
Marco
Antonio Lizárraga
“Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes”, François de La Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.
CARAS VEMOS
El relevo en la
Secretaría de Seguridad Pública no es menor: continuidad en la estrategia, pero
también un mensaje político claro en medio de un escenario complejo
En Sinaloa, los
cambios en seguridad nunca son administrativos… siempre son políticos.
El gobernador
Rubén Rocha Moya tomó protesta al general brigadier Sinuhé Téllez López como
nuevo secretario de Seguridad Pública, a propuesta directa del titular de la
Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo. Y desde ahí, el primer mensaje es
claro: la estrategia no solo se mantiene, se refuerza bajo la lógica militar.
No es un relevo
improvisado. Téllez López no llega a aprender el terreno; lo conoce. Ya estuvo
en Sinaloa, ya operó en la Novena Zona Militar y viene de comandar el 110
Batallón de Infantería en San Ignacio. Es decir, no llega a descubrir el
estado, llega con diagnóstico previo.
Y eso, en medio
del contexto actual, no es un detalle menor.
El
reconocimiento al general Oscar Rentería Schazarino también marca línea: no hay
ruptura, hay continuidad. Rocha lo deja claro al destacar la coordinación
lograda entre fuerzas. En otras palabras, el cambio no responde a una crisis
pública, sino a una reconfiguración interna que mantiene el mismo eje:
coordinación total con las Fuerzas Armadas.
Pero aquí es
donde empieza la lectura fina.
Que el
nombramiento venga sugerido desde la Defensa Nacional no es casual. Es una
señal de que la seguridad en Sinaloa sigue siendo un asunto de alta prioridad
federal, donde el margen de maniobra estatal se entrelaza —y en muchos casos se
supedita— a la estrategia nacional.
El propio
discurso del nuevo secretario refuerza esa línea: diagnóstico, áreas de
oportunidad y fortalecimiento institucional, todo bajo la misma narrativa de
coordinación. No hay anuncios disruptivos, no hay giros de timón. Hay
continuidad.
Y eso abre dos
interpretaciones.
La primera: el
modelo actual funciona lo suficiente como para no cambiarlo de fondo.
La segunda: no hay espacio —ni condiciones— para experimentar.
Téllez López
llega con 35 años de servicio, formación estratégica y experiencia operativa en
distintos puntos del país. Su perfil es técnico, disciplinado y alineado a la
lógica castrense. Pero su reto no será únicamente operativo; será político.
Porque en
Sinaloa, la seguridad no solo se mide en cifras, se mide en percepción. Y ahí
es donde cada relevo se convierte en una expectativa.
La presencia de
mandos militares, Guardia Nacional, Fiscalía y gabinete completo en la toma de
protesta refuerza otro mensaje: la seguridad sigue siendo un asunto de bloque,
no de una sola dependencia. Nadie camina solo.
Rocha mueve una
pieza clave en su tablero. No rompe, no arriesga, no improvisa. Ajusta.
Y en política,
cuando se ajusta sin cambiar el fondo, es porque lo que está en juego no es
solo la seguridad… sino la estabilidad.
LEVANTA LA MANO
La diputada
federal deja clara su aspiración por la gubernatura, en un escenario donde los
tiempos oficiales aún no llegan, pero la disputa interna ya comenzó
En política, los
tiempos oficiales son una cosa… y los tiempos reales, otra muy distinta. Y en
Sinaloa, esos tiempos ya se adelantaron.
Graciela
Domínguez Nava decidió no quedarse en la banca. Sin estridencias, pero sin
titubeos, dejó claro que buscará registrarse en la encuesta de Morena para
competir por la candidatura a la gubernatura. Dicho en corto: ya está en la
jugada.
El mensaje no es
menor. En Morena, donde la forma es fondo y las palabras se pesan más de lo que
se dicen, anunciar que se estará “atenta a la convocatoria” es la manera
institucional de decir “quiero y voy a competir”. No rompe reglas, pero tampoco
deja dudas.
Domínguez Nava
conoce el terreno. No es improvisada ni ajena a las dinámicas del poder. Ha
sido parte de la construcción política del movimiento en Sinaloa y sabe que hoy
la disputa no se gana solo con trayectoria, sino con cercanía, lectura de
coyuntura y capacidad de operación.
Pero hay un
detalle que no se puede ignorar: Morena ya no es oposición. Hoy es gobierno. Y
eso cambia todo.
Antes, levantar
la mano era un acto de posicionamiento. Hoy, es un movimiento que implica
medirse con estructuras, grupos internos y, sobre todo, con el visto bueno de
quienes realmente deciden. Porque aunque la encuesta sea el mecanismo, todos
saben que la política se construye mucho antes de que se levanten los números.
La entrada de
Graciela Domínguez a la escena no solo suma un nombre más; confirma que la
contienda interna será competida, tensa y, sobre todo, estratégica. Aquí no hay
espacio para improvisaciones.
Cada aspirante
que aparece manda un mensaje: estoy listo, tengo con qué y voy a jugar. Y en
esa lógica, el silencio ya no es opción.
La diputada
federal ha decidido avanzar con cautela, pero con claridad. No se adelanta,
pero tampoco se queda atrás. Y en política, ese equilibrio suele ser más
calculado de lo que parece.
Lo cierto es que
el tablero en Morena comienza a llenarse. Y cuando eso ocurre, las definiciones
dejan de ser cuestión de tiempo… para convertirse en cuestión de poder.
Graciela ya dio
el paso. Ahora falta ver si le alcanza para llegar.
DESPEDIDA
La despedida de
Celia Sarabia no solo reunió a una familia, sino a toda una comunidad que
entendió que, más allá de los cargos, quedan las personas
Hay momentos en
la política donde el discurso se queda corto… y el silencio lo dice todo.
La despedida de
Celia Lucía Sarabia Abraján en Escuinapa no fue un acto más. No fue protocolo,
ni agenda, ni evento. Fue un adiós real. De esos que pesan, de esos que
detienen por un momento la dinámica cotidiana y obligan a recordar que detrás
de los cargos hay historias, afectos y vidas.
Desde la noche
del domingo, su casa se convirtió en punto de encuentro. No por convocatoria
oficial, sino por convicción. Llegaron familiares, amigos, conocidos,
ciudadanos… todos con una intención común: acompañar.
Porque cuando la
despedida es genuina, no se necesita invitación.
La misa en San
Juan Bosco lo confirmó. El templo lleno no fue casualidad. Fue reflejo de una
vida que dejó huella. No por el cargo, sino por la cercanía. No por la
posición, sino por el trato.
Y ahí, entre
oraciones y miradas cargadas de emoción, la política dejó de ser política.
Se volvió
humana.
El cortejo hacia
el panteón Renacimiento fue la continuidad de ese momento íntimo, pero
colectivo. Las palabras de su hijo, recordándola como “una gran mujer”, no
fueron un discurso elaborado; fueron una verdad sencilla que encontró eco en
quienes estaban presentes.
Y es que en
estos momentos, no hay narrativa que supere la autenticidad.
La presencia de
actores políticos, funcionarios y ciudadanía en general también deja una
lectura. No fue solo acompañamiento institucional; fue reconocimiento. De esos
que no se decretan, se construyen.
Porque al final,
la política también se mide en eso: en cómo te despiden.
El homenaje
oficial se pospone, sí. Pero la verdadera despedida ya ocurrió. En la casa, en
la iglesia, en el panteón. Ahí donde no hay discursos preparados ni cámaras que
definan el momento.
Ahí donde lo
único que importa es lo que se deja.
Y Celia Sarabia,
queda claro, dejó más que un cargo. Dejó memoria. Descanse en paz.
Pronta
resignación a Bonifacio Bustamante, hijos, madre, hermanas, familia.
Marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
Facebook,Instagram
y X: PeriodistaMarco


