Juan Pablo García, repertorista del Centro Municipal de las Artes, impulsa una formación integral que conecta técnica, interpretación y esce...
Juan Pablo García, repertorista del Centro Municipal de las Artes, impulsa una formación integral que conecta técnica, interpretación y escena
Mazatlán, Sinaloa.– Antes de que una voz conquiste el escenario, hay un trabajo silencioso que la sostiene y le da sentido. En el Centro Municipal de las Artes, ese papel recae en el pianista repertorista Juan Pablo García, quien se ha convertido en una figura clave en la formación de nuevas generaciones de cantantes.
Desde su labor académica, García participa en áreas como conjuntos corales, dirección musical, práctica de repertorio y clínica de ópera, espacios donde los estudiantes no solo desarrollan técnica vocal, sino que comprenden la música en su dimensión interpretativa y escénica.
Formado como concertista en la Universidad de Guadalajara y con estudios en el Conservatorio de Música del Estado de México, su acercamiento a la ópera surgió desde la práctica, al integrarse como acompañante del coro del estado de Jalisco, participando en montajes como Madama Butterfly, Tosca y Turandot, experiencias que marcaron su trayectoria profesional.
Para el músico, la formación del cantante va más allá del dominio vocal. La interacción con el acompañamiento en tiempo real es esencial para que el intérprete entienda el sentido de la obra. En ese proceso, el pianista no solo acompaña, sino que traduce al piano lo que una orquesta construye, guiando al cantante en la intención, los matices y la profundidad musical.
Su llegada a Mazatlán se dio a través del Taller de Ópera del Instituto de Cultura, donde encontró un espacio de crecimiento junto a figuras como Enrique Patrón de Rueda. Desde entonces, ha permanecido cerca de ocho años formando parte del Centro Municipal de las Artes, consolidando su papel como formador.
El modelo académico en el que participa se sustenta en una estructura integral: la base técnica con Miguel Valenzuela, el desarrollo musical con Patrón de Rueda, la preparación escénica con Eduardo Tapia y la formación en idiomas con Rebeca de Rueda, además del respaldo teórico de Ariadna Rosales.
Este enfoque permite que los estudiantes enfrenten el escenario en condiciones reales, participando en galas, conciertos y montajes que exigen disciplina y profesionalismo.
Para García, su experiencia en Mazatlán también refleja una transformación más amplia: el crecimiento de la cultura como parte de la identidad de la ciudad. Desde su perspectiva, la música no solo forma artistas, sino que construye comunidad.
En ese sentido, el llamado es claro: volver al teatro y vivir la música en vivo, una experiencia que —asegura— no puede compararse con ninguna otra.
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