José Alejandro fue rescatado con vida tras quedar atrapado en la mina Santa Fe; enfrentó oscuridad, lodo y soledad, pero nunca perdió la cal...
José Alejandro fue rescatado con vida tras quedar atrapado en la mina Santa Fe; enfrentó oscuridad, lodo y soledad, pero nunca perdió la calma ni la esperanza.
Mazatlán, Sinaloa.– Más de 100 horas bajo tierra, en la oscuridad y rodeado de lodo, no fueron suficientes para quebrar la voluntad de José Alejandro Cástulo Colín, el primer minero rescatado con vida tras el accidente en la mina Santa Fe, en Rosario.
Su historia no es solo la de un sobreviviente, es la de alguien que enfrentó el miedo, el silencio y la incertidumbre… y decidió resistir.
El trabajador, originario de Angangueo, Michoacán, ingresó al Hospital General de Mazatlán durante la madrugada de este lunes con signos de deshidratación, pero en condiciones estables. Horas más tarde, fue dado de alta, confirmando lo que parecía improbable: había salido con vida.
Desde su cama de hospital, aún recuperándose, relató cómo vivió los momentos más críticos dentro de la mina.
“Pues, ahora sí que el accidente… lo viví todo en carne propia”, contó, al recordar cómo el lodo comenzó a descender y a bloquear las salidas mientras realizaba sus labores.
En medio del caos, tomó una decisión que le salvaría la vida: resguardarse en un contrapozo.
“Me subí… y ahí fue donde me resguardé a que pasara todo”, narró.
Ahí permaneció solo. Sin luz. Sin noción del tiempo. Con el lodo alcanzándole el cuerpo.
“Solo… oscuro, no había luz… el lodo me llegaba hasta el estómago”, describió.
En ese espacio reducido, sin saber si alguien lo encontraría, tomó otra decisión: mantener la calma.
“Lo que tenga que ser, que sea”, dijo, recordando ese momento en el que se resignó al destino, pero sin perder la serenidad.
Durante horas —que después se convirtieron en días— no tuvo contacto con nadie. Su única estrategia era el silencio, escuchar, y luego gritar con todas sus fuerzas cuando percibía alguna señal de vida.
“No… estaba solo yo”, afirmó al ser cuestionado sobre si había tenido contacto con otros compañeros.
Pese a la magnitud del riesgo, asegura que nunca sintió miedo.
“No, nunca he tenido miedo en esa cuestión”, expresó con firmeza.
Sin luz, sin reloj y sin referencias, perdió la noción del tiempo. Solo sabía que el día avanzaba cuando escuchaba actividad en la mina… y que la noche llegaba cuando todo volvía al silencio.
Finalmente, la espera terminó. Fue localizado, rescatado y trasladado a Mazatlán, donde este mismo lunes fue dado de alta tras presentar únicamente deshidratación leve.
Hoy, su historia se convierte en símbolo de resistencia en medio de una tragedia que aún no termina, mientras continúan las labores para encontrar a los tres mineros que siguen atrapados.
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