Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba”, Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Un pequeño
gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba”, Diego de Saavedra Fajardo
(1584-1648) Diplomático y escritor español.
LOS PRIMEROS
La política
sinaloense tiene una particularidad: nunca duerme. Aun cuando los procesos
electorales parecen lejanos, las señales empiezan a aparecer mucho antes de que
el calendario marque el inicio formal de la contienda.
s últimos días
han surgido dos de esas señales que, aunque puedan parecer aisladas, comienzan
a dibujar el primer bosquejo de lo que podría ser el escenario rumbo al 2027.
Por un lado, el
diputado federal Fernando García Hernández decidió dejar abierta una puerta que
muchos políticos prefieren mantener entreabierta: la aspiración a la
gubernatura.
No lo hizo con
estridencias ni con discursos grandilocuentes, pero bastó una frase para
colocar su nombre en la conversación pública.
“Hay varios que
quieren… y a lo mejor nosotros también”, dijo el legislador del Partido del
Trabajo, dejando claro que la posibilidad está sobre la mesa.
En política,
esas frases no son casualidad. Son mensajes calculados. El diputado sabe que en
el ajedrez político la primera regla es aparecer en el tablero.
No
necesariamente significa que la candidatura esté cerca ni que el camino sea
sencillo, pero sí implica una intención clara de posicionarse en un momento en
el que comienzan a medirse los actores políticos.
El movimiento
también tiene otra lectura: el papel del Partido del Trabajo dentro de la
alianza que ha gobernado el país y el estado en los últimos años.
Morena es el
partido dominante, pero sus aliados también buscan espacios y protagonismo
dentro de la ecuación política.
En ese contexto,
el mensaje de Fernando García puede interpretarse como una forma de recordar
que el PT también tiene aspiraciones y presencia dentro del proyecto político
que gobierna Sinaloa.
En paralelo,
otra señal llegó desde el norte del estado. La diputada federal Ana Elizabeth
Ayala Leyva también levantó la mano para el próximo proceso electoral. Su
posicionamiento apunta hacia el municipio de Ahome, donde su nombre comienza a
mencionarse dentro de las posibles rutas políticas rumbo al 2027.
Ayala ha sido
una figura cercana a la estructura de Morena en la región y su mensaje no rompe
con la narrativa del partido: respetar los tiempos, esperar definiciones
internas y mantenerse en la ruta institucional.
Sin embargo, el
simple hecho de expresar interés en aparecer en las boletas electorales ya la
coloca dentro de la conversación política.
Lo interesante
de estos movimientos no es tanto la aspiración en sí misma, sino el momento en
que ocurren. En política, los tiempos dicen mucho. Y cuando comienzan a surgir
declaraciones de este tipo, suele ser señal de que algo se está moviendo detrás
del telón.
Ese telón, en
este caso, tiene una fecha clave: junio.
Diversas voces
dentro del ámbito político han señalado que Morena podría comenzar a definir en
ese mes los perfiles que impulsará rumbo al próximo proceso electoral.
No se trataría
todavía de candidaturas oficiales, pero sí de una etapa en la que el partido
empezaría a perfilar a quienes podrían competir por los distintos cargos de
elección popular.
En Sinaloa, esa
decisión tiene un peso particular. Morena no solo gobierna el estado, sino que
ha consolidado una presencia política importante en municipios y en el Congreso
local.
Por ello, las
definiciones internas del partido suelen marcar el ritmo del resto de las
fuerzas políticas.
En otras
palabras, muchas de las aspiraciones que hoy comienzan a asomarse dependerán de
lo que ocurra dentro de Morena en los próximos meses.
Mientras tanto,
los actores políticos hacen lo que históricamente han hecho en Sinaloa cuando
se acerca un nuevo ciclo electoral: posicionarse, medir el ambiente y enviar
mensajes que permitan evaluar el terreno.
Los destapes de
Fernando García y Ana Ayala pueden verse como movimientos individuales, pero
también como señales de un proceso que apenas comienza a tomar forma.
La política
estatal empieza a moverse lentamente, casi con cautela.
Como si todos
supieran que el verdadero momento de las definiciones aún no llega, pero que el
reloj político ya empezó a correr.
Y en Sinaloa,
cuando el reloj político se activa, nadie quiere quedarse fuera del juego.
EL PLAN B
La política
tiene tiempos oficiales y tiempos reales. Los oficiales los marca la ley
electoral; los reales los dicta el poder. Y en México, cuando se habla de
reformas electorales desde la presidencia de la República, inevitablemente
también se habla del futuro político del país.
La senadora
sinaloense Imelda Castro Castro lo dejó claro este fin de semana en Los Mochis:
Morena respaldará a la presidenta Claudia Sheinbaum en el llamado “Plan B”
electoral, una propuesta que busca reducir el gasto en órganos de
representación como congresos locales, cabildos y el propio Senado.
El planteamiento
tiene una lógica política que el oficialismo ha venido impulsando desde hace
varios años: reducir el tamaño del aparato legislativo bajo el argumento de
austeridad y eficiencia institucional. En otras palabras, menos representantes,
menos gasto público.
Castro fue
enfática en un punto que suele generar polémica cada vez que se habla de
reducir legisladores: las minorías no deberían verse afectadas. Las acciones
afirmativas, recordó, están protegidas por la Constitución. Es decir, el
discurso busca evitar la percepción de que la reforma pretende cerrar espacios
de representación.
Pero más allá
del debate técnico, lo interesante es el contexto político en el que surge esta
discusión.
Las reformas
electorales nunca llegan solas. Siempre aparecen acompañadas de una pregunta
inevitable: ¿cómo impactarán en el siguiente proceso electoral?
Y ese proceso ya
tiene fecha en el horizonte político: 2027.
Ese año estarán
en juego 17 gubernaturas en el país, y Morena ya dejó ver cuál será su método
para definir candidaturas: las encuestas.
Imelda Castro lo
dijo sin rodeos. El posicionamiento electoral será el principal criterio para
decidir quiénes competirán por esos gobiernos estatales. No será la negociación
tradicional entre grupos políticos ni el peso de las estructuras partidistas. Al
menos en el discurso, el factor decisivo será la competitividad medida en
estudios demoscópicos.
Ese método ha
sido una de las marcas políticas de Morena desde su llegada al poder. También
ha sido motivo de disputas internas. Pero hasta ahora el partido lo mantiene
como la herramienta principal para resolver sus procesos internos.
En términos
políticos, el mensaje es claro: quien quiera competir, primero tendrá que
aparecer bien en las encuestas.
Por eso no
sorprende que en distintos estados del país comiencen a aparecer aspiraciones
tempranas, posicionamientos mediáticos y movimientos políticos que buscan
construir presencia pública.
Sinaloa no es la
excepción.
Las
declaraciones de la senadora se dan en un momento en el que el tablero político
empieza a moverse lentamente. Todavía falta tiempo para que el proceso
electoral inicie formalmente, pero los actores políticos ya comienzan a
acomodarse.
Así funciona la
política real.
Mientras el país
discute una reforma electoral que busca reducir el tamaño del aparato
legislativo, al mismo tiempo los partidos comienzan a preparar el terreno para
la próxima batalla electoral.
Reformas por un
lado, aspiraciones por el otro.
Porque en
política, cuando se habla de cambiar las reglas del juego, casi siempre es
porque el siguiente partido ya se está preparando para jugarse.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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