Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer. Concepción Arenal (1820-1893) Periodis...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer. Concepción Arenal
(1820-1893) Periodista, socióloga y escritora española.
CAUSALIDADES
Hay encuentros que se explican solos y otros que, aunque se disfracen de espontáneos, cargan un peso político imposible de ignorar.
El café que compartieron en Culiacán el gobernador Rubén Rocha Moya y la senadora Imelda Castro Castro pertenece, sin duda, al segundo grupo.
En la superficie, el mensaje fue sencillo: coincidieron, conversaron y hablaron de la agenda legislativa que viene para el Senado.
Nada extraordinario. Sin embargo, en política —y más en la antesala de un proceso electoral— lo relevante no siempre es lo que se dice, sino quién lo dice, con quién y en qué momento.
El gobernador no necesitaba exhibir una reunión con una senadora de su mismo movimiento para acreditar coordinación institucional.
Esa relación es natural.
El hecho de hacerlo público, de acompañarlo con fotografía y mensaje, revela otra intención: colocar a Imelda Castro en el centro del cuadro político estatal, sin discursos grandilocuentes ni anuncios anticipados, pero con una señal clara hacia dentro y fuera de Morena.
Rocha Moya ha sido cuidadoso en sus palabras, pero consistente en el fondo. Ha reiterado que el proyecto que viene para Sinaloa tiene rostro de mujer.
En ese contexto, el café deja de ser anécdota y se convierte en gesto político…
Porque si el escenario se perfila hacia una candidatura femenina, no todas parten del mismo punto, ni todas cuentan con el mismo respaldo simbólico.
Imelda Castro reúne atributos que no son menores: trayectoria sólida dentro del movimiento, experiencia legislativa nacional, cercanía histórica con los liderazgos fundacionales y, quizá lo más importante, un nivel de desgaste relativamente bajo en un entorno donde la exposición suele pasar factura.
No es una figura improvisada ni una apuesta emergente; es un perfil probado que encaja con el discurso de continuidad y estabilidad que busca proyectar el actual gobierno.
El encuentro también manda mensajes internos. A los aspirantes les recuerda que el tablero ya empezó a moverse, aunque nadie lo reconozca abiertamente.
A la militancia le sugiere que la narrativa de género no es solo retórica, sino que empieza a tomar forma concreta. Y a la opinión pública le presenta, de manera sutil, a una senadora que no está al margen del poder, sino dialogando de tú a tú con quien hoy lo ejerce.
No es un destape, ni pretende serlo. Es algo más efectivo: una legitimación temprana, casi silenciosa, que coloca a Imelda Castro como referencia obligada cuando se habla del futuro político de Sinaloa.
En los procesos sucesorios, la cercanía importa, y la visibilidad también. Y cuando ambas coinciden, conviene tomar nota.
Al final, el café no define candidaturas, pero sí ayuda a escribir el guion. Y en ese guion, la senadora aparece no como espectadora, sino como protagonista en potencia.
El resto —tiempos, decisiones y definiciones— llegará después. Pero quien no entienda hoy el mensaje, probablemente llegue tarde mañana. Digo todo puede cambiar, nada está escrito, pero… aludiendo que la candidatura, o mejor dicho el defensor (la defensora) de la Cuarta Transformación quedará definida antes del Mundial… Ojo con eso. Chequen los quiebres. A lo mejor meten gol. Digo…
¿SALIDA EN FALSO?
La salida de Adán Augusto López Hernández de la coordinación de Morena en el Senado y de la presidencia de la Jucopo no es un relevo menor ni un ajuste interno.
Es una decisión estratégica: abandonar el centro legislativo para meterse de lleno a la operación política rumbo a 2027.
Nadie deja una de las posiciones de mayor poder institucional si no es para jugar en otro tablero. La Jucopo administra el presente; el territorio define el futuro.
Y Adán Augusto entendió que el próximo ciclo no se gana en tribuna, sino construyendo acuerdos, alianzas y candidaturas en los estados.
Su movimiento libera algo clave: margen de maniobra. Sin la obligación de cuidar equilibrios nacionales, puede operar en corto, negociar sin reflectores y articular una red electoral que no busca encabezar boletas, sino influir en quién las encabeza.
Ese es su verdadero capital: interlocución, oficio y estructura.
La lectura es directa: no se retira, se desplaza. Deja el Senado para disputar el poder real del siguiente ciclo.
Su fortaleza no está en el discurso ni en la popularidad, sino en algo más escaso: la red política. Gobernadores, exgobernadores, liderazgos regionales y cuadros medios que no se sienten plenamente representados por la nueva élite dominante ven en él a un interlocutor confiable.
No es casualidad que su figura incomode: quien no depende del reflector suele depender menos del permiso.
Al dejar la Jucopo, Adán Augusto también se libera de una carga: la obligación de cuidar equilibrios nacionales.
Ahora puede hacer lo que mejor sabe: negociar en corto, operar en silencio y construir acuerdos fuera del foco mediático. Es un movimiento que reduce exposición, pero amplía margen de maniobra.
El 2027 aún no arranca formalmente, pero para quienes saben leer el tiempo político, ya empezó. Y Adán Augusto decidió jugarlo desde donde mejor se mueve: el territorio.
ESCENARIOS
En política, no todos los perfiles avanzan a base de confrontación. Algunos lo hacen administrando el tiempo, cuidando el desgaste y acumulando hechos.
En ese carril se mueve hoy Estrella Palacios Domínguez, una figura que empieza a ser leída más allá de Mazatlán.
Su estrategia ha sido clara: gobernar primero y proyectarse después. Mientras otros actores adelantan discursos y disputas internas, Palacios ha optado por una gestión visible, con obra pública constante y presencia territorial, reduciendo el ruido político.
Esa decisión no es menor: en escenarios de sucesión, llegar con bajo desgaste es una ventaja competitiva.
Mazatlán, por sí mismo, es una plataforma poderosa. Gobernar el principal polo turístico del estado da visibilidad, narrativa y capacidad de gestión. Pero el reto está en trascender lo municipal.
Hasta ahora, Estrella Palacios no ha dado señales de prisa, y eso sugiere que entiende que el 2027 no se gana con anuncios prematuros, sino con posicionamiento sostenido.
Además, su perfil encaja con el discurso que se ha venido instalando: el tiempo de las mujeres.
Cargo ejecutivo, resultados medibles y una relación institucional estable con el gobierno estatal la colocan como un activo que Morena puede considerar si el tablero se abre hacia perfiles femeninos con experiencia de gobierno.
Hoy no está en campaña ni en la disputa frontal, pero tampoco está fuera del juego. Se está cuidando. Y en política, a veces, la forma más efectiva de avanzar es no estorbarse a uno mismo mientras el escenario termina de definirse.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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