Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Siempre me ha sorprendido la dificultad que el ser humano tiene para soportar las molestias cot...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Siempre me ha
sorprendido la dificultad que el ser humano tiene para soportar las molestias
cotidianas y la valentía con que afronta las situaciones excepcionales”, Josefina
Aldecoa (1926-2011) Escritora y pedagoga española.
SIN PRECENDENTE
El Primer
Informe de Gobierno del alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, no
solo fue un ejercicio de rendición de cuentas, sino una exposición de la ruta
que ha marcado su administración desde el inicio: gobernar desde el territorio
y con la gente.
Bajo esta
premisa, el mandatario municipal definió su gestión como un testimonio de
acuerdos, consensos y compromisos que se construyen con la ciudadanía, lo que
ha permitido encaminar políticas públicas hacia el bienestar y la inclusión.
Gámez Mendívil
hizo énfasis en una inversión sin precedentes de 1,200 millones de pesos en
obras con sentido social, cifra que, en comparación con otros municipios del
estado, coloca a Culiacán como el epicentro de la obra pública en Sinaloa.
Mientras Ahome
destinó 152 millones de pesos, Guasave 109 millones, Salvador Alvarado 27
millones y Mazatlán 336 millones, la capital sinaloense concentró la mayor
parte de la inversión municipal en infraestructura, beneficiando a más de 106
mil familias en zonas urbanas y rurales.
El enfoque de su
administración, según se desprende del informe, no ha sido solo cuantitativo,
sino también cualitativo: las obras buscan transformar las condiciones de vida
de la población más vulnerable.
La construcción
de carreteras y puentes en comunidades como Casas Blancas, Higueras de Abuya o
Jesús María, la edificación de tres plantas potabilizadoras simultáneas —algo
inédito en más de tres décadas— y la mejora de espacios deportivos y
educativos, son acciones que reflejan una planeación con visión social.
Sin embargo, lo
que otorga un sello particular a este primer informe es la apuesta por las
alianzas estratégicas.
Gámez Mendívil
resaltó los vínculos establecidos con universidades, instituciones federales,
organizaciones civiles, fundaciones y empresas, como una forma de ampliar las
capacidades del gobierno local y de consolidar una red de cooperación que
trascienda los límites administrativos. Su mensaje fue claro: Culiacán
atraviesa un momento extraordinario que exige unidad y trabajo compartido, por
lo que el Ayuntamiento continuará construyendo todas las alianzas necesarias
para sostener el ritmo de desarrollo alcanzado.
La
administración municipal, al colocar la gestión territorial en el centro de su
acción, ha buscado generar resultados visibles que conecten con la realidad
cotidiana de la gente.
El discurso de
Gámez Mendívil apunta a un modelo de gobierno que combina la planeación técnica
con la cercanía política, y que entiende la transformación social como un
proceso que parte del diagnóstico real de las comunidades.
Más allá de las
cifras y de los logros expuestos, este primer informe marca un punto de
evaluación sobre la capacidad de los gobiernos locales para responder a las
demandas de crecimiento ordenado, equidad y bienestar.
En ese sentido,
Culiacán se coloca como un referente estatal por el tamaño de su inversión y
por el sentido social de sus obras, pero también enfrenta el desafío de
sostener esa dinámica con transparencia, inclusión y continuidad.
El mensaje final
del alcalde resume la filosofía de su administración: construir consensos,
sumar esfuerzos y hacer equipo por la ciudad.
En un contexto
de alta exigencia ciudadana y competencia política creciente, su informe no
solo rinde cuentas, sino que plantea una visión de gestión pública basada en la
cooperación, la corresponsabilidad y el compromiso territorial.
POR LA UNIDAD
El Primer
Informe de Gobierno de Juan de Dios Gámez Mendívil no solo sirvió como balance
de gestión, sino también como un espejo político del Cabildo de Culiacán.
En el pleno, las
distintas fuerzas representadas coincidieron —al menos en el discurso— en un
mismo llamado: la unidad, el trabajo territorial y el compromiso con la
ciudadanía.
Sin embargo, la
reiteración constante de estas palabras deja entrever una realidad que aún no
termina de consolidarse.
Durante los
posicionamientos, regidores de todos los partidos hablaron de unidad, de dejar
atrás la confrontación y de salir a recorrer el territorio. Pero detrás de ese
consenso aparente se percibe una distancia entre el decir y el hacer.
La dinámica
interna del Cabildo ha estado marcada, en más de una ocasión, por posturas
personalistas, estrategias partidistas y ausencias notorias en los espacios
donde realmente se define el rumbo de las comunidades.
El
reconocimiento al trabajo del alcalde y los llamados a sumar esfuerzos fueron
constantes, lo que refleja una atmósfera política más madura que en años
anteriores. Sin embargo, la crítica real hacia el papel del propio cuerpo
edilicio quedó diluida entre los elogios y las frases de ocasión.
Pocos se
atrevieron a admitir que el problema no radica únicamente en las diferencias
ideológicas, sino en la falta de presencia efectiva de algunos regidores en el
territorio que dicen representar.
Varios ediles
—como Julio César Osuna, del Partido Verde— señalaron directamente a quienes no
recorren colonias ni sindicaturas, recordándoles que la política se trata de
servir y no de dividir. Ese señalamiento sintetiza una verdad incómoda: hay
regidores que han preferido el discurso de la oposición formal a la
colaboración productiva, o la comodidad del escritorio al contacto con la
gente.
En contraste,
regidores de Morena destacaron los avances de la administración municipal y
defendieron la idea de que gobernar es sumar voluntades, no excluir.
Frases como las
de Cinthia Valenzuela Langarica —“la política sirve cuando une y no divide”—, o
el llamado de Norma Leticia Alvarado a “caminar, sudar y escuchar a la
población”, exponen una noción clara de lo que significa la representación
pública, aunque la práctica diaria no siempre respalde esos ideales.
El Cabildo de
Culiacán debería ser el espacio donde converjan la crítica constructiva, la
vigilancia responsable y la colaboración genuina por el bien común.
Pero cuando la
unidad se reduce a un estribillo repetido en cada sesión, pierde valor.
Culiacán atraviesa un momento en el que los resultados municipales requieren de
acompañamiento político, no de ausencias ni protagonismos.
El alcalde ha
trazado una ruta de desarrollo basada en la obra social y en el trabajo
territorial. Si esa visión no encuentra eco en un cuerpo edilicio que funcione
como contrapeso propositivo y no como plataforma personal, el discurso de
unidad se quedará en eso: en palabras que suenan bien, pero no transforman
nada.
La capital de
Sinaloa necesita más regidores en campo y menos en tribuna; más acuerdos reales
y menos declaraciones.
Porque la
política municipal, al final, no se mide por los discursos que se pronuncian en
el Cabildo, sino por las soluciones que llegan a las colonias.
PROGRAMA
En tiempos en
que la política suele alejarse de la gente, las imágenes del programa “Contigo
Mazatlán” retratan algo distinto: una forma de gobierno que decide salir a las
calles, escuchar directamente y resolver sin intermediarios.
Bajo el tibio
sol de la tarde, el Parque Poder del Pueblo se convirtió en un espacio de
encuentro entre ciudadanía y autoridad, donde el diálogo reemplazó al protocolo
y la atención sustituyó a la indiferencia.
La presidenta
municipal Estrella Palacios Domínguez asumió, libreta en mano, el papel que la
política moderna necesita: el de una servidora pública que escucha, toma nota y
responde.
En un entorno
donde los gobiernos locales enfrentan la desconfianza ciudadana y el desgaste
institucional, su presencia en el territorio no fue una simple visita, sino un
gesto de coherencia con la promesa de construir un Mazatlán más cercano y
participativo.
El programa
“Contigo Mazatlán” no es una estrategia de relaciones públicas, sino una
dinámica de atención directa que genera resultados inmediatos. En esta jornada,
se atendieron 61 ciudadanos y 72 solicitudes, entre apoyos sociales, consultas
médicas y demandas de servicios básicos como alumbrado o bacheo.
Pero más allá de
las cifras, lo significativo fue la interacción humana: la alcaldesa escuchando
a una madre que pide ayuda médica para su hijo, los directores de área
resolviendo al momento, los vecinos agradeciendo avances tangibles en su
colonia.
La escena resume
un principio básico de la gobernanza democrática: la administración pública
debe volver a mirar a la gente a los ojos. En ese contacto directo se recupera
la confianza y se construye legitimidad.
Palacios
Domínguez ha entendido que el liderazgo local no se sostiene desde el
escritorio, sino desde el territorio, donde cada historia ciudadana es una
pieza del desarrollo colectivo.
El ambiente de
la jornada, más humano que institucional, demostró que las políticas sociales
no se reducen a programas, sino que se viven en la calle, en los parques, en
los barrios. Mientras los módulos del Ayuntamiento atendían a la población, los
jóvenes del IMJU jugaban con los niños y el DIF ofrecía servicios de salud
gratuitos, se dibujaba un Mazatlán que busca consolidar un modelo de
participación comunitaria.
El gesto final
—la sonrisa de la alcaldesa ante un niño que le dijo “yo también quiero ayudar
a Mazatlán”— resume el sentido más profundo de la jornada: sembrar confianza y
esperanza en las nuevas generaciones.
Gobernar desde
el territorio no solo es acercar los servicios, sino sembrar una idea distinta
de lo público: la de un gobierno que camina, escucha y transforma junto a su
gente.
En una época en
la que la ciudadanía exige resultados y sensibilidad, “Contigo Mazatlán”
representa una práctica política necesaria: la del contacto directo, la empatía
y la gestión con rostro humano.
Porque al final,
la verdadera transformación no se decreta desde los despachos, se construye día
a día, en las plazas, las calles y los parques donde vive la gente.
RECONOCIMIENTO
El
reconocimiento otorgado por el Congreso del Estado a Josefa Velázquez Zambrano
como Mujer Rural Sinaloense 2025 trasciende la ceremonia y el protocolo.
Representa, sobre todo, una oportunidad para mirar de frente la deuda histórica
que las instituciones aún mantienen con las mujeres del campo, aquellas que,
desde el anonimato y la resistencia cotidiana, sostienen la producción, la
comunidad y la vida rural.
Velázquez
Zambrano encarna la fuerza y la perseverancia de las mujeres que han hecho del
trabajo comunitario un acto de dignidad.
Desde su llegada
a Juan Aldama, en Navolato, hace cinco décadas, su lucha ha sido constante:
visibilizar a las mujeres campesinas, impulsar su organización y exigir
condiciones más justas.
Su llamado,
durante el discurso de aceptación, a brindar más apoyos para las mujeres
rurales y precios justos para el maíz y los granos, fue también una voz que
interpela al poder público y al modelo económico que sigue relegando al sector
agrícola a una posición de desigualdad estructural.
El mensaje de la
diputada María Teresa Guerra Ochoa, presidenta de la Junta de Coordinación
Política, fue uno de los puntos más lúcidos de la sesión solemne. Reconoció que
el país vive “el tiempo de las mujeres”, pero subrayó que ese lema debe
traducirse en acciones reales: deconstruir el machismo, redistribuir la tierra,
y garantizar que las mujeres rurales accedan a los mismos derechos y
oportunidades que los hombres.
Las cifras que
compartió son contundentes: en Sinaloa, el 69 por ciento de la tenencia de la
tierra sigue en manos de varones, y más de 350 mil mujeres viven en comunidades
rurales. Esa brecha, más que un dato, es un reflejo de un sistema que aún no ha
hecho justicia.
El mensaje de
Yeraldine Bonilla Valverde, en representación del gobernador Rubén Rocha Moya,
dio un tono humano al acto. Al afirmar que el premio simboliza la semilla que
germina en cada hogar y comunidad, destacó que el trabajo silencioso de miles
de mujeres sostiene el desarrollo y la esperanza del campo sinaloense.
Reconocerlo
públicamente es importante, pero convertir ese reconocimiento en política
pública es lo que realmente transformará la realidad.
Más allá de los
discursos, el premio a Josefa Velázquez abre un espacio para reflexionar sobre
el papel de las mujeres rurales en el desarrollo sostenible.
Ellas no solo
siembran y cosechan; también preservan saberes, cuidan el tejido social y
promueven formas de convivencia más solidarias. Sin embargo, sus aportes rara
vez se traducen en poder de decisión o en seguridad económica.
La Mujer Rural
Sinaloense 2025 no es solo un reconocimiento a una trayectoria ejemplar, sino
un recordatorio para las instituciones: el desarrollo con justicia no será
posible mientras la mitad del campo siga marginada de los derechos sobre la
tierra, el crédito y la representación política.
Honrar la vida y
el trabajo de mujeres como Josefa Velázquez Zambrano debe ir acompañado de un
compromiso real: pasar del homenaje a la acción, de la palabra al cambio
estructural. Porque el campo de Sinaloa no se sostiene solo con cosechas, sino
con las manos y la esperanza de las mujeres que lo hacen florecer todos los
días.
.png)

.jpg)