Sobre el camino Benjamín Bojórquez Alguna vez escuché decir que la verdadera medida de un hombre se encuentra no en cómo lidia con la adve...
Benjamín Bojórquez
Alguna vez escuché decir que la verdadera medida de un hombre se encuentra no en cómo lidia con la adversidad externa, sino en cómo les hace frente a sus propias batallas, a sus enigmas internos. Casi por definición, una carrera política exige la respuesta a una serie de preguntas fundamentales: ¿Qué tipo de político se quiere ser? ¿Uno que apueste por la evolución y la ruptura o uno con mayor apego a las tradiciones y las formas de, por ejemplo, el partido que lo ampara? Por supuesto, mientras más monolítica es la estructura de partido de la que el político proviene, mayor será la resistencia interna a apostar por una identidad de verdad transformadora. La reflexión invita a pensar en Sinaloa y el PRI. La tensión entre el respeto a las formas del pasado y la voluntad de profunda metamorfosis ha estado en el centro de los políticos priistas por décadas. Peña Nieto apostó todo por la transformación económica, yendo en contra de la vocación estatista del PRI. Pero no le alcanzó la voluntad evolutiva para apostar por el progreso político del país y de su partido. No solo no le alcanzó: desde hace mucho tiempo he pensado que la pregunta toral alrededor del carácter de Jesús Antonio Valdés Palazuelos radica en esa misma tensión entre conservar las formas, las prioridades y el elenco del PRI u optar por encabezar esa ruptura inédita (y, a todas luces, necesaria) con el corporativismo y demás causas de su partido. Aunque aún no se oficializa su salida o continuidad al tricolor, es cuestión de tiempo para verlo en funciones o en una posible candidatura a la gubernatura de alianza en el 2021. Recuerdo una plática que lejos de entrevista, debatimos, donde no podía pretender encabezar una nueva generación de políticos priistas si insistía en organizarse actos fastuosos, de corbata roja, con los brazos abiertos, saludando como “César en el Coliseo”. Jesús Valdés me explicó que, para él, la solemnidad y el respeto a una tradición no reñían con “trabajar con un estilo distinto, con nuevas formas (…) con una visión moderna”. Me quedé con mis dudas. Aquel apetito suyo por los viejos modos de hacer las cosas me revelaba una propensión inquietante: si la forma es fondo, entonces Jesús Valdés era un político viejo con piel de joven, un reformador cuya vocación transformadora encontraba (y encontraría) sus límites en los hábitos, territorios e intereses de su partido. Tuvieron que pasar muchos años para que Jesús Valdés se topara con la oportunidad ideal para revelar cómo ha resuelto la disyuntiva entre las viejas formas y la “visión moderna” paralela a un liderazgo que siempre ha pretendido poner en práctica. A mi criterio, Jesús Valdés podía tomar la indignación nacional, pero puede más su condición humana de lucha, para echarse al hombro un partido que lleva tiempo sumiso en discursos incongruentes, pero pudo haber roto con la tradición priista (“político que reconoce un error no sabe ser político”) y admitir, con todas sus letras, de manera explícita, sus omisiones y sus tropiezos. Pudo haberse referido con toda vehemencia a la polémica del “hartazgo social”. Y claro: pudo haber roto el discurso predecible, la gélida enumeración y el elogio en boca propia para hablar desde el corazón, con la cercanía que tiene alguien que pretende habitar lejos de la cúpula olímpica de un partido de tradición. Un poco de don de gente, un poco de sangre, de emoción. El priista de “visión moderna”.
GOTITAS DE AGUA:
Por ello en el PRI en Sinaloa se podría incluir un nuevo protagonista. La posible carta de toda la clase política, los fieles militantes de a pie y los 3804 seccionales darán el paso de entrada para que Jesús Valdés Palazuelos y su posible salida o continuidad, cambie y se reestructuren esas bases, en pocas palabras, el personaje que trae consigo ese tanque de oxígeno ante el reclamo social y crisis política que sufre el PRI tras las pasadas elecciones del 1 de julio. Hace días que se viene gestando entre los grupos políticos en Sinaloa un desplegado mediático en redes sociales que demandan cambios radicales en la conducción del partido y del personaje en funciones. Comprender los mensajes resulta simple porque alude a hechos recientes que, pueda ser objeto de crítica, son muy fáciles de identificar. Seguramente que al final de la feroz lucha que mantienen diversos grupos políticos externos por obtener el control del PRI-Sinaloa habrá un triunfador y éste, si la aritmética que hicieron los verdaderos dueños de la franquicia con el gobierno en turno no falla, ya es alguien de lealtades longevas, para estar a la altura de las circunstancias, donde la sensibilidad social y la coyuntura de Jesús Valdés Palazuelos sea esa voz de ataque y finalmente sea el próximo inquilino del tercer piso. “El que salga al último apague la luz”.
UNA GOTITA MÁS:
Un caso reciente me lleva a pensar diferente, pero siempre impoluto. El caso de Tatiana Clouthier tiene que ver mucho a su reciente declaración en medios y redes sociales, en donde deja la carrera política por la gubernatura de Nuevo León, un estado rico e industrializado y uno de los estados más poderosos del país. Pues bien, todo apunta a Sinaloa, sin embargo, considero que la flecha va dirigida más arriba, digo esto, porque este tipo de personajes son muy ricos, no creo que quiera gobernar un estado bronco, creo que ella tiene capacidad para más arriba. Tres cosas le ayudan a la diputada federal Tatiana Clouthier. 1.- que es mujer. 2.- que es Clouthier. Y, tercero, es afín y de confianza de López Obrador. Considero que ella puede ser la sustituta en su momento de Olga Sánchez Cordero. Con esos 3 datos ella juega en las grandes ligas. Y recalcando, su apellido tiene mucho peso específico e histórico en todo el país. “Nos vemos el próximo Martes”…
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