Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seg...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“Escribe una
historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias
seguidas”, Ray Bradbury (1920-2012) Escritor estadounidense.
PROCESO DE MORENA
Hay procesos
políticos que, por su complejidad, terminan siendo víctimas de la percepción.
Eso es exactamente lo que hoy ocurre en Morena, donde miles de sinaloenses
observan una intensa actividad de quienes aspiran a convertirse en coordinador
estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, pero al
mismo tiempo existe una enorme confusión sobre lo que realmente está pasando.
Para muchos
ciudadanos, la carrera ya comenzó y los aspirantes están disputando la
candidatura al Gobierno de Sinaloa. La realidad es muy distinta.
Basta abrir las
redes sociales o recorrer cualquier municipio del estado para encontrar a uno o
varios de los trece aspirantes realizando reuniones, encabezando asambleas,
visitando colonias, dialogando con sectores productivos o concediendo
entrevistas.
Todos hablan del
movimiento, todos llaman a la unidad, todos difunden sus actividades y todos
buscan mantener presencia en la conversación pública. Naturalmente, la pregunta
surge por sí sola: ¿ya comenzó la competencia?
La respuesta es
sí, pero no como muchos creen.
Sí existe una
competencia política. Lo que todavía no existe es la competencia que definirá
al coordinador estatal.
Esa diferencia,
aunque parezca un simple juego de palabras, explica prácticamente todo lo que
hoy sucede dentro de Morena y ayuda a entender por qué los recorridos, las
encuestas y el posicionamiento mediático tienen un significado muy distinto al
que la mayoría imagina.
Durante décadas
los partidos políticos acostumbraron a los ciudadanos a procesos relativamente
sencillos. Había una convocatoria, surgían los aspirantes, se realizaba una
elección interna o una negociación política y de ahí salía el candidato.
Morena decidió
construir un modelo diferente.
Un modelo que,
en teoría, privilegia las encuestas como mecanismo para elegir a sus
representantes, pero que en la práctica incorpora una etapa previa que termina
siendo igual o más importante que la propia medición demoscópica.
Ahí comienza la
confusión.
Cuando Morena
anuncia que elegirá a su coordinador mediante encuesta, muchas personas
interpretan que todos los registrados aparecerán en una boleta o serán medidos
por una empresa demoscópica.
Es una
conclusión lógica, pero incorrecta. Antes de que exista una sola pregunta
dirigida a la ciudadanía ocurre un proceso interno que prácticamente define
quién tendrá posibilidades reales de convertirse en el próximo coordinador
estatal.
Para explicarlo
de la manera más sencilla posible imaginemos una carrera de atletismo. Trece
corredores llegan al estadio convencidos de que competirán por la medalla de
oro.
Sin embargo,
antes de que inicie la carrera, los jueces anuncian que solamente seis podrán
colocarse en la línea de salida. Los demás quedarán eliminados antes incluso de
escuchar el disparo inicial.
Eso mismo ocurre
en Morena.
Los trece
aspirantes que hoy recorren Sinaloa no tienen asegurado llegar a la encuesta.
Primero deberán superar el filtro que realizará la Comisión Nacional de
Elecciones, el órgano partidista encargado de revisar los expedientes, valorar
los perfiles y decidir quiénes continúan en el procedimiento y quiénes quedan
fuera.
Dicho de otra
manera, la encuesta no es la primera etapa del proceso; es prácticamente la
última.
Ese detalle
cambia por completo la lectura política de lo que hoy observamos.
Si los
aspirantes todavía no saben si llegarán a la encuesta, entonces resulta
evidente que sus recorridos tienen un objetivo distinto.
No buscan
únicamente incrementar su nivel de conocimiento entre la ciudadanía. También
pretenden enviar un mensaje muy claro hacia la dirigencia nacional del partido:
demostrar que cuentan con estructura, que poseen capacidad de convocatoria, que
generan simpatía, que mantienen disciplina y que representan una opción
competitiva para enfrentar la elección constitucional de 2027.
Por eso resulta
equivocado analizar los recorridos únicamente como actos de campaña. En
realidad son cartas de presentación.
Cada reunión
sostenida, cada municipio visitado, cada fotografía publicada y cada entrevista
concedida forman parte de un expediente político que la Comisión Nacional de
Elecciones inevitablemente observa.
No basta con
levantar la mano y decir "quiero participar"; también hay que
demostrar que existen condiciones para representar al movimiento.
En este contexto
también deben entenderse las encuestas que durante las últimas semanas
comenzaron a circular en Sinaloa.
Algunas colocan
a determinados aspirantes en los primeros lugares; otras presentan escenarios
completamente diferentes.
En redes
sociales cada equipo presume el estudio que le favorece y cuestiona la
metodología de aquel que beneficia a un adversario.
Es una práctica
común en cualquier proceso político, pero también una fuente permanente de
confusión para los ciudadanos.
Vale la pena
decirlo con toda claridad: ninguna de esas encuestas definirá quién será el
coordinador estatal.
No porque
carezcan de seriedad o porque necesariamente estén equivocadas, sino porque
simplemente no forman parte del procedimiento oficial de Morena.
Son ejercicios
realizados por empresas privadas que miden un momento específico de la opinión
pública.
Reflejan
tendencias, niveles de conocimiento o preferencias circunstanciales, pero no
sustituyen la encuesta interna que levantará el partido cuando llegue el
momento procesal correspondiente.
Eso no significa
que sean inútiles. Todo lo contrario.
Las encuestas
públicas cumplen una función política muy importante. Ayudan a construir
narrativas, fortalecen el ánimo de los equipos, generan cobertura mediática y
pueden influir en la percepción de competitividad de un aspirante.
En política, la
percepción muchas veces abre puertas.
Un perfil que
aparece reiteradamente bien posicionado suele atraer simpatizantes, sumar
liderazgos y proyectar una imagen de fortaleza. Pero de ahí a afirmar que ya
ganó el proceso interno existe una distancia enorme.
Incluso esas
encuestas cumplen otro papel que pocas veces se menciona. También envían
mensajes hacia la dirigencia nacional. Aunque oficialmente no sean tomadas como
criterio para decidir, difícilmente pasan inadvertidas para quienes conducen el
proceso.
Morena observa
el comportamiento de sus aspirantes en muchos frentes y las mediciones públicas
forman parte del ambiente político que rodea la definición de candidaturas.
Sin embargo,
reducir el proceso únicamente a las encuestas sería un error.
La Comisión
Nacional de Elecciones no solamente observa quién aparece primero en un estudio
demoscópico. También analiza otros factores que rara vez son visibles para el
ciudadano común.
La capacidad de
organización territorial, la disciplina partidista, la relación con la
militancia, la ausencia de conflictos internos, la posibilidad de construir
acuerdos, la aceptación entre distintos grupos políticos y la rentabilidad
electoral son variables que pesan al momento de construir una candidatura.
Porque Morena no
está buscando simplemente al aspirante más conocido. Está buscando al perfil
que considere más competitivo para conservar el gobierno de Sinaloa.
Y ahí radica
otra diferencia fundamental.
Ser popular no
siempre significa ser competitivo. Un político puede tener un alto nivel de
conocimiento público y, al mismo tiempo, enfrentar altos niveles de rechazo.
Otro puede ser
menos conocido, pero contar con mejores condiciones para crecer durante una
campaña constitucional. Es precisamente ese tipo de análisis el que realiza la
dirigencia nacional antes de decidir quiénes avanzan hacia la encuesta
definitiva.
Por esa razón
los aspirantes cuidan tanto su discurso.
Difícilmente
escucharemos a alguno proclamarse candidato o prometer acciones propias de una
campaña constitucional.
La convocatoria
establece reglas claras sobre lo que puede y no puede hacerse.
Hablan del
movimiento, de la continuidad de la Cuarta Transformación, de la organización
territorial y de la unidad partidista porque conocen perfectamente los límites
del proceso. Saben que cualquier exceso puede convertirse en un elemento
negativo cuando llegue el momento de la evaluación interna.
Otro factor que
suele perderse de vista es que Morena no toma decisiones aisladas por estado.
La dirigencia nacional observa el mapa completo del país.
La definición de
coordinadores también considera criterios de paridad de género, equilibrios
regionales y estrategia electoral nacional.
Lo que ocurra en
otras entidades puede influir indirectamente en Sinaloa, porque el partido
busca mantener una distribución política que responda a una visión nacional y
no únicamente a intereses locales.
Eso explica por
qué algunos analistas consideran prematuro hablar de favoritos definitivos.
Los escenarios
todavía pueden modificarse conforme avance el proceso. Los recorridos
continúan, las mediciones cambian, los acuerdos políticos evolucionan y la
propia Comisión Nacional de Elecciones mantiene la facultad de definir quiénes
llegarán a la etapa decisiva.
Mientras tanto,
los ciudadanos observan una intensa actividad política que, vista desde fuera,
parece una campaña. En realidad, todavía no lo es. Una cosa es una cosa y otra
cosa es otra cosa, dice un refrán.
Lo que hoy
ocurre es una etapa de posicionamiento. Una carrera por demostrar que se poseen
las condiciones necesarias para seguir compitiendo.
Una evaluación
permanente donde cada fotografía, cada reunión, cada declaración y cada
recorrido forman parte de una construcción política que será observada cuando
llegue el momento del primer gran filtro.
Quizá por eso la
pregunta que domina la conversación pública esté equivocada.
No deberíamos
preguntarnos quién encabeza la encuesta publicada esta semana ni quién reunió
más personas en determinado municipio.
La interrogante
verdaderamente importante todavía es otra…
¿Quién logrará
convencer a la Comisión Nacional de Elecciones de que merece aparecer en la
encuesta que realmente decidirá el futuro político de Morena en Sinaloa?
Porque, al final
de cuentas, la primera victoria de este proceso no consistirá en ganar una
encuesta.
La primera
victoria será sobrevivir al filtro.
Y en política,
como tantas veces ocurre, las decisiones más trascendentes suelen tomarse mucho
antes de que la ciudadanía alcance a ver la meta.
Así que no se me
le alebresten y no cambien el guion del proceso interno de Morena. Calmantes
montes…No todo el que se apunta llega al baile…
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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