San Javier, San Ignacio, Sinaloa.- Don Isabel Gómez Aguirre, pertenecer a la quinta generación de fabricantes de tejas rústicas en la sind...
San Javier, San Ignacio, Sinaloa.- Don Isabel Gómez Aguirre, pertenecer a la quinta generación de fabricantes de tejas rústicas en la sindicatura de San Javier, inició hace 60 años a la edad de 12, su trabajo le ha dado experiencia y ha podido hacer muchos clientes gracias a su trabajo artesanal y de calidad.
Don chabelo, quien es conocido así por los habitantes, señala que este oficio lo aprendió de su padre ya que desde muy pequeño veía como fabricaba las piezas, dijo recordar como un día su progenitor tuvo que salir a la comunidad de Cabazán a visitar un cliente “cuando regresó yo ya tenía hechas 50 tejas, del barro que había dejado amasado, de ahí se dio cuenta que ya era capaz y comenzó a dejarme hacer más piezas” señaló.
Dijo que por muchos años fueron los únicos que hacían este trabajo, pero actualmente existen otros cuatro fabricantes quienes aprendieron el oficio con él.
Mencionó que todas las tejas que tienen las casas de San Javier fueron elaboradas por los Gómez al igual que las de Cabazán, El Carmen y otras rancherías cercanas “algunas viviendas tienen más de 400 años de antigüedad y las tejas que tienen fueron fabricadas por mis antepasados” expresó.
Así mismo relató cómo inició esta tradición hace ya más de 400 años cuando un matrimonio no tenía casa donde vivir y se pusieron a construir un pequeño cuarto de paredes de adobe crudo pero se encontraron con el problema de que cómo harían para techarlo, fue cuando el hombre le dijo a su esposa que pensara que ella tenía mejores ideas, “la mujer amasó barro y comenzó a moldearlo en su muslo y vio que había hecho una buena pieza y le dijo a su esposo que ahora hiciera una él, y como tenía el muslo más delgado le salió una pieza menor a lo que le llamamos macho que junto con la hembra le da mejor caída al agua, así es como nació esta tradición” mencionó.
Añadió que por muchos años realizaron el trabajo en un predio alejado de su casa y fue él quien habilitó su hogar para trabajar en el “le eche piso de cemento para que las tejas pudieran tener un mejor acabado y me funcionó después con apoyo del gobierno construí la techumbre, esta casa siempre ha sido de los Gómez por cinco generaciones”.
Fue hace 30 años que quien fuera gobernador de esa época, enviara un alfarero de Tonalá Jalisco a San Javier para que nos enseñara a fabricar piezas de cerámica, desde ese tiempo se han dedicado a fabricar distintas piezas como; cochinitos de alcancía, maceteras de pared y de piso, tejas decorativas, ceniceros, molcajetes, cazuelas, etcétera.
Indicó que en varias ocasiones ha asistido a la ciudad de Culiacán representando al municipio en exposiciones artesanales en donde hace seis años ganó el primer lugar que lo envió a competir a nivel nacional logrando el segundo lugar para Sinaloa.
El materia lo extrae del margen del río Piaxtla, dijo que este ha sido analizado por expertos de Tonalá quienes le han dicho que es de mejor calidad que el de allá.
El proceso es algo lento hay que extraer el barro, trasladarlo y amasarlo esto se hace con los pies, después se deja reposar por tres días para que al tiempo de cocerlo tenga dureza para ponerlo en los moldes de ahí se saca cuando haya secado por completo para meterlo al horno en donde según sea teja o artesanía varía el tiempo puede ser de seis a ocho horas, después se saca, se espera a que enfríe para después barnizar y pintar según sea el caso.
Los clientes provienen de Cosalá, El Quelite, La Cruz de Elota, Navolato y otros municipios, quienes hacen pedido continuos “el dueño del restaurant Los Laureanos de El Quelite, don Marcos Osuna es un buen cliente me compra mucho producto ya que ese poblado es colonial y sus casas en su mayoría tienen tejas de los Gómez” mencionó.
Esta actividad genera diez trabajos de manera directa, “es bueno porque por el momento no hay muchas fuentes de empleo en este lugar, cuando más vendemos las artesanías es en Semana Santa y la fiesta de La Taspana, ya que vienen muchas personas de la tercera edad que gustan de adquirir este tipo de piezas, recuerdo cuando mi padre vendía el mil de tejas en 150 pesos y ahora cuesta 5 pesos la pieza” expuso.
Por último don Isabel dijo que es una pena que este oficio tradicional vaya a desaparecer al no haber descendientes de su parte “ya aparte de mi no hay quien se dedique a este oficio, pues nunca tuve hijos, por lo que creo que esta tradición de generaciones va a desaparecer” puntualizó.
Don chabelo, quien es conocido así por los habitantes, señala que este oficio lo aprendió de su padre ya que desde muy pequeño veía como fabricaba las piezas, dijo recordar como un día su progenitor tuvo que salir a la comunidad de Cabazán a visitar un cliente “cuando regresó yo ya tenía hechas 50 tejas, del barro que había dejado amasado, de ahí se dio cuenta que ya era capaz y comenzó a dejarme hacer más piezas” señaló.
Dijo que por muchos años fueron los únicos que hacían este trabajo, pero actualmente existen otros cuatro fabricantes quienes aprendieron el oficio con él.
Mencionó que todas las tejas que tienen las casas de San Javier fueron elaboradas por los Gómez al igual que las de Cabazán, El Carmen y otras rancherías cercanas “algunas viviendas tienen más de 400 años de antigüedad y las tejas que tienen fueron fabricadas por mis antepasados” expresó.
Así mismo relató cómo inició esta tradición hace ya más de 400 años cuando un matrimonio no tenía casa donde vivir y se pusieron a construir un pequeño cuarto de paredes de adobe crudo pero se encontraron con el problema de que cómo harían para techarlo, fue cuando el hombre le dijo a su esposa que pensara que ella tenía mejores ideas, “la mujer amasó barro y comenzó a moldearlo en su muslo y vio que había hecho una buena pieza y le dijo a su esposo que ahora hiciera una él, y como tenía el muslo más delgado le salió una pieza menor a lo que le llamamos macho que junto con la hembra le da mejor caída al agua, así es como nació esta tradición” mencionó.
Añadió que por muchos años realizaron el trabajo en un predio alejado de su casa y fue él quien habilitó su hogar para trabajar en el “le eche piso de cemento para que las tejas pudieran tener un mejor acabado y me funcionó después con apoyo del gobierno construí la techumbre, esta casa siempre ha sido de los Gómez por cinco generaciones”.
Fue hace 30 años que quien fuera gobernador de esa época, enviara un alfarero de Tonalá Jalisco a San Javier para que nos enseñara a fabricar piezas de cerámica, desde ese tiempo se han dedicado a fabricar distintas piezas como; cochinitos de alcancía, maceteras de pared y de piso, tejas decorativas, ceniceros, molcajetes, cazuelas, etcétera.
Indicó que en varias ocasiones ha asistido a la ciudad de Culiacán representando al municipio en exposiciones artesanales en donde hace seis años ganó el primer lugar que lo envió a competir a nivel nacional logrando el segundo lugar para Sinaloa.
El materia lo extrae del margen del río Piaxtla, dijo que este ha sido analizado por expertos de Tonalá quienes le han dicho que es de mejor calidad que el de allá.
El proceso es algo lento hay que extraer el barro, trasladarlo y amasarlo esto se hace con los pies, después se deja reposar por tres días para que al tiempo de cocerlo tenga dureza para ponerlo en los moldes de ahí se saca cuando haya secado por completo para meterlo al horno en donde según sea teja o artesanía varía el tiempo puede ser de seis a ocho horas, después se saca, se espera a que enfríe para después barnizar y pintar según sea el caso.
Los clientes provienen de Cosalá, El Quelite, La Cruz de Elota, Navolato y otros municipios, quienes hacen pedido continuos “el dueño del restaurant Los Laureanos de El Quelite, don Marcos Osuna es un buen cliente me compra mucho producto ya que ese poblado es colonial y sus casas en su mayoría tienen tejas de los Gómez” mencionó.
Esta actividad genera diez trabajos de manera directa, “es bueno porque por el momento no hay muchas fuentes de empleo en este lugar, cuando más vendemos las artesanías es en Semana Santa y la fiesta de La Taspana, ya que vienen muchas personas de la tercera edad que gustan de adquirir este tipo de piezas, recuerdo cuando mi padre vendía el mil de tejas en 150 pesos y ahora cuesta 5 pesos la pieza” expuso.
Por último don Isabel dijo que es una pena que este oficio tradicional vaya a desaparecer al no haber descendientes de su parte “ya aparte de mi no hay quien se dedique a este oficio, pues nunca tuve hijos, por lo que creo que esta tradición de generaciones va a desaparecer” puntualizó.
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