Una de las actuaciones de la Traviata Mazaltán, Sinaloa.- Después de varios meses de incansables y agotadores ensayos, la soprano A...
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| Una de las actuaciones de la Traviata |
Mazaltán, Sinaloa.- Después de varios meses de incansables y agotadores ensayos, la soprano Angélica Alejandre y el tenor Andrés Carrillo acompañados por la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, solistas invitados y el Coro Guillermo Sarabia, bajo la dirección del maestro Enrique Patrón de Rueda, pusieron de pie al público con la emocionante y trágica historia de amor de Violetta Valery y Alfredo Germont en la ópera La Traviata.
Resultado del esfuerzo mayúsculo del Instituto de Cultura de Mazatlán bajo la dirección de Raúl Rico González, esta grandiosa producción con un elenco de más de 180 artistas, tres cambios de vestuario, escenografía y diseño de iluminación, se presentó en dos funciones en el Teatro Ángela Peralta.
Acogido por la calidez y el respeto del máximo recinto cultural que vivió dos noches de amor intenso, el director concertador Enrique Patrón de Rueda fue recibido con aplausos, y sin decir palabra, la disciplinada orquesta esbozó los primeros acordes de la obra del italiano Giuseppe Verdi, como preludio del encuentro de Violetta y Alfredo en el primer acto.
El Coro Guillermo Sarabia integrado por 37 voces ofreció una actuación convincente tanto en su desempeño vocal y escénico, al interpretar a un grupo de alegres burgueses reunidos en una fiesta libertina para cantarle al amor, el placer, al vino y a la recuperación de Violetta, afectada por la tuberculosis.
En la primera función de La Traviata, la joven soprano Angélica Alejandre puso a prueba su capacidad histriónica y demostró estar a la altura de los retos vocales y expresivos que exige un personaje tan complejo como Violetta.
En la fiesta Alfredo le confiesa a Violetta que está perdidamente enamorado de ella desde hace un año, cuando la vio pasar por primera vez, pero la joven lo rechaza y canta Ah, fors’e lui (Quizá sea él), planteándose a sí misma la posibilidad de dejar su vida de libertad sexual para corresponderle a su pretendiente.
En esta obra de Giuseppe Verdi estrenada en La Fenice de Venecia en 1853, la puesta en escena corrió a cargo de Oswaldo Martín del Campo que decidió revivir los locos años 20, al vestir a los personajes con sensuales vestidos de charlestón, lentejuelas, guantes, y señoriales trajes de caballero confeccionados por la vestuarista Elisa Espinoza y su equipo, para recrear los excesos y el ambiente decadente que reinada en las fiestas de la época.
La escena termina con un beso inesperado de los personajes, que dejó al público en ascuas ante el futuro incierto del resto de la historia.
El telón reabre tras quince minutos de intermedio. Pasan tres meses y la elegante escenografía del regiomontano Jorge González Neri, que simulaba una sala se transforma en una casa de campo rodeada por grandes y brillantes ventanales.
Aparentemente Violetta y Alfredo viven en armonía y gozan un intenso pero limitado amor. Un día ella recibe la visita de Giorgio Germont, padre de Alfredo –personificado por el barítono Enrique Ángeles- quien le pide sacrificar el amor que siente por su hijo dejándolo en libertad y tras interpretar Pura Siccome un Angelo convence a Violetta de poner fin a su relación ante la advertencia de que su pasado mancha la imagen de la familia Germont y pone en peligro la boda de su hija.
Enrique Ángeles mostró solvencia técnica y escénica al bordar de lirismo a uno de los personajes cuyo peso dramático logra crear momentos realmente conmovedores.
La Compañía de Ballet Clásico de Sinaloa, A.C. bajo la dirección de Guillermo Carrillo y Zoila Fernández aportan su energía y elevan la euforia del reencuentro de los enamorados al representar en una alegre fiesta, a bragados toreros que con valentía, intentan seducir a las coquetas gitanas.
Una de las escenas más impactantes fue en la que Alfredo, inundado por un profundo rencor aborda a Violetta y canta ¿Questa Donna Conoscete? (Conocéis a esta dama?), y frente a todos los invitados devela su oscuro pasado como prostituta y la humilla tirándole billetes “por los servicios prestados mientras que vivieron juntos”.
Después de más de dos horas de intenso drama, en la escena final de La Traviata, Violetta se encuentra postrada en cama a causa de una recaída de tuberculosis. Alfredo, arrepentido, luego de conocer la verdad y los motivos del abandono de su amada, regresa con ella tan pronto como puede.
Ambos personajes se reconcilian, se aman e intentan hacer todo lo posible porque ella no muera, pero el amor que se tienen no es suficiente. En una tristísima escena la desdichada Violetta muere en los brazos de Alfredo. Ella muere feliz porque se siente amada.
El público se puso de pie y colmó de aplausos al director concertador Enrique Patrón de Rueda y al elenco.
Flores para los protagonistas despidieron la primera de las dos memorables funciones de La Traviata, una de las óperas más taquilleras en el mundo y uno de los grandes eventos del Festival Cultural Mazatlán 2015.



