Sobre el camino Benjamín Bojórquez Olea. El ejercicio del poder es una radiografía constante, una disección minuciosa de cada gesto, cada d...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez Olea.
El ejercicio del poder es una radiografía constante, una disección minuciosa de cada gesto, cada decisión y cada estrategia. En este juego de sombras y luces, el secretario general de Gobierno de Sinaloa, Feliciano Castro Meléndrez, ha demostrado en los últimos días un notable crecimiento político. Su eficiencia y sensatez lo han posicionado como un funcionario de peso en la administración de Rubén Rocha Moya. Pero, en política, la construcción de liderazgos no solo depende de la habilidad para interpretar los tiempos, sino también de la capacidad para asumir la responsabilidad que conlleva el poder. Aquí pesa mucho la frase acuñada del reconocido izquierdista sinaloense, Audómar Ahumada Quintero (+), “no es lo mismo ser borracho que cantinero”.
No basta con demostrar talento o pragmatismo en la coyuntura; la historia política de Sinaloa está llena de figuras que parecían destinadas a consolidarse y que, sin embargo, se diluyeron en el tiempo por falta de una estrategia sólida o por sucumbir a los excesos del poder. Feliciano Castro tiene frente a sí un reto mayúsculo: no solo mantenerse como pieza clave en el ajedrez político sinaloense, sino trascender como un político que deje huella más allá de su eficiencia burocrática.
En tiempos de crisis y transformaciones, la política exige claridad, pero también arrojo. La administración de Rocha Moya requiere operadores políticos que no solo ejecuten con eficacia, sino que también contribuyan a la construcción de un modelo de gobernanza estable y con rumbo definido. Lamentablemente la inseguridad no ha permitido estabilizar la gobernabilidad y los propios intereses comunes de la sociedad. La pregunta que surge es si Feliciano Castro está preparado para dar ese salto cualitativo o si su papel se limitará a ser un engranaje más en la maquinaria del gobierno.
La historia de la política sinaloense nos ha enseñado que el verdadero reto no es alcanzar el poder, sino saber cómo usarlo para construir un legado. Feliciano Castro, con su habilidad y su pragmatismo, tiene la posibilidad de consolidarse como un referente, pero también corre el riesgo de quedarse en la comodidad del cargo sin dar el paso definitivo hacia una posición de mayor relevancia.
La mente y la política son laberintos, y en ellos también existen salidas. Lo importante no es solo encontrarlas, sino tener la capacidad de decidir cuál es la mejor para transitar hacia un futuro más estable y próspero. Feliciano Castro está en ese umbral. La decisión final está en sus manos.
GOTITAS DE AGUA:
El poder no solo se ejerce, se sostiene o se pierde; la historia lo dicta, la ambición lo condiciona y el tiempo lo juzga. La política es un laberinto donde algunos buscan salidas, otros construyen muros y pocos saben abrir puertas. La grandeza de un líder no se mide por su cargo, sino por la huella que deja cuando el eco del poder se apaga. Quien no trasciende en política se convierte en un susurro en el viento, fugaz y olvidable. La oportunidad y la responsabilidad son hermanas gemelas del poder; quien ignora a una, pierde a la otra. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
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