Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “En un universo bastante absurdo, hay algo que no lo es: lo que podemos hacer por los demás”, An...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“En un universo
bastante absurdo, hay algo que no lo es: lo que podemos hacer por los demás”, André
Malraux (1901-1976) Novelista y político francés.
SOBRE EL MUERTO…
MAL | Graciela
empieza a mover su gobierno
Por Marco
Antonio Lizárraga
Hace apenas unos
días escribimos sobre los cambios que no llegaron. Reconocimos que las
versiones que habíamos publicado sobre posibles movimientos en el gabinete de
Graciela Domínguez Nava no se concretaron en los tiempos ni en los términos
señalados y asumimos el error.
Hoy la historia
es diferente: ya no estamos hablando de trascendidos. La gobernadora realizó
seis nombramientos y, entre ellos, cambió a los titulares de dos secretarías
particularmente relevantes: Administración y Finanzas y Obras Públicas.
La precisión
importa porque tampoco sería correcto decir ahora que aquellos trascendidos
resultaron ciertos. No fue así. El movimiento que entonces se colocaba como
principal, en la Secretaría General de Gobierno, no ocurrió y Yeraldine Bonilla
Valverde permanece en el cargo.
Tampoco hubo
relevos en Economía ni SEBIDES. Lo que Graciela decidió este 30 de septiembre
fue otra cosa: Wilfredo Véliz Figueroa sustituyó a Joaquín Landeros Guicho en
Administración y Finanzas; José Manuel Acosta Bernal llegó a Obras Públicas en
lugar de Raúl Montero Zamudio; Refugio Álvarez Montaño asumió la Subsecretaría
de Administración; Marco Antonio Zazueta Zazueta fue nombrado subsecretario de
Normatividad e Información Registral; José Cipriano Serrano quedó al frente del
ISIFE, y Aline Krystabel Guerra García asumió la Dirección del Trabajo y
Previsión Social.
Lo interesante
políticamente no está solamente en quién entra y quién sale, sino en dónde
decidió comenzar Graciela. Durante poco más de un mes gobernó esencialmente con
la estructura que recibió de Rubén Rocha Moya. Había razones para hacerlo:
llegó en medio de una situación extraordinaria, con la seguridad como principal
problema, la necesidad de establecer rápidamente interlocución con el Gobierno
federal y una administración que no podía detenerse mientras su nueva titular
decidía quién permanecía y quién se iba.
Ahora aparece el
primer ajuste concreto y no comenzó por la operación política tradicional, sino
por áreas relacionadas directamente con dinero, administración, infraestructura
y capacidad de ejecución.
Administración y
Finanzas no es una secretaría menor. Por ahí pasan presupuesto, gasto,
administración y buena parte de las posibilidades materiales para convertir
decisiones políticas en acciones de gobierno.
Obras Públicas
tampoco lo es: representa inversión, proyectos, presencia territorial y una de
las herramientas más visibles que tiene cualquier administración para responder
a municipios y comunidades.
A eso se agregan
cambios en Administración, infraestructura educativa, normatividad y trabajo.
Visto en conjunto, el movimiento tiene una orientación predominantemente
administrativa y operativa antes que una modificación general del equilibrio
político del gabinete.
También es
significativo lo que Graciela decidió no mover. Secretaría General de Gobierno
permanece con Yeraldine Bonilla; Economía continúa encabezada por Diego Armando
Aguerrebere y SEBIDES por Francisco Javier Barrón. El propio portal estatal
mantiene actualmente esa integración del gabinete.
La permanencia
no significa que estén garantizados hasta el final de la administración, pero
después de un mes de evaluación y frente a los primeros movimientos formales ya
puede comenzar a interpretarse de otra manera: Graciela no está sustituyendo
automáticamente todo lo que recibió.
Eso ayuda
también a dimensionar estos seis nombramientos. No estamos frente a una ruptura
general con la administración anterior ni existen elementos para presentar los
movimientos como una confrontación con Rubén Rocha. Cuatro de los funcionarios
removidos habían sido nombrados durante su gobierno: Joaquín Landeros, Raúl
Montero, Carlos César Castro y Hugo Echave.
Pero al mismo tiempo permanecen numerosos
integrantes de aquella estructura. Hasta ahora lo que puede documentarse es una
renovación parcial, no una limpia ni un cambio completo de grupo.
Los perfiles que
llegan también ofrecen pistas. Wilfredo Véliz fue presidente municipal de
Sinaloa y director general de Conalep; José Manuel Acosta ya trabajaba dentro
de Obras Públicas como director de Estudios y Proyectos; Refugio Álvarez fue
director administrativo del Congreso del Estado; Marco Antonio Zazueta fue
diputado local y director del Trabajo; José Cipriano Serrano cuenta con
experiencia en infraestructura pública, y Aline Guerra fue secretaria de
Bienestar del Ayuntamiento de Culiacán durante la administración de Juan de
Dios Gámez Mendívil. Hay, por tanto, experiencia administrativa, perfiles que
ya estaban dentro de la estructura gubernamental y otros provenientes de
espacios políticos e institucionales conocidos.
Eso permite una
lectura más prudente sobre aquello que comenzamos a llamar “el gobierno de
Graciela”. Un gobierno propio no necesariamente se construye despidiendo a
todos los funcionarios heredados para sustituirlos por personas cercanas.
También puede construirse seleccionando qué conservar, qué modificar y dónde
colocar nuevos responsables.
La diferencia
estará en saber si estos nombramientos responden solamente a ajustes
administrativos o si forman parte de una reorganización más amplia que
continuará durante las próximas semanas. Hoy no existen elementos suficientes
para afirmar lo segundo.
Hay además un
detalle que no debe pasar inadvertido. Graciela pidió a los nuevos funcionarios
austeridad, honestidad, transparencia, diálogo y cercanía con los sectores
sociales.
Es el discurso
institucional esperado en una toma de protesta, pero ahora viene la parte que
realmente permitirá evaluar los movimientos: resultados. Wilfredo Véliz tendrá
que enfrentar las presiones financieras de un gobierno que entra en su tramo
final; José Manuel Acosta tendrá que convertir proyectos y presupuesto en obra;
ISIFE tiene pendientes permanentes en infraestructura escolar, y las áreas
administrativas deberán demostrar que los cambios produjeron algo más que
nuevos nombres en el organigrama.
La secuencia
también resulta interesante. Graciela primero mantuvo estabilidad, después
construyó interlocución directa con Claudia Sheinbaum y recibió públicamente
respaldo presidencial; ahora comienza a intervenir en la estructura interna del
Ejecutivo. No prueba que una cosa haya provocado la otra, pero sí permite
identificar distintas etapas en el poco tiempo que lleva al frente del
gobierno.
Por eso tampoco
hay necesidad de apresurarse nuevamente.
Hace unos días
cometimos precisamente ese error.
Hoy tenemos seis
nombramientos oficiales y podemos analizar lo que efectivamente ocurrió.
Graciela movió Finanzas, Obras Públicas, Administración, Normatividad,
infraestructura educativa y Trabajo. No movió Gobierno, Economía ni SEBIDES.
Conservó buena parte de la estructura anterior y modificó áreas donde se
concentra una parte importante de la operación administrativa y material del
Estado.
El primer
movimiento ya llegó.
Ahora falta
saber si fue solamente un ajuste o el comienzo de algo más amplio.
Porque Graciela
Domínguez ya empezó a escoger con quién quiere gobernar.
Y, a partir de
ahora, cada nombre que conserve también será parte de esa decisión.
CONDICIONES
Imelda Castro
está comenzando a poner condiciones antes de que aparezcan las definiciones.
Primero dijo que nada estaba amarrado y que las encuestas estarían por encima
de los acuerdos políticos.
Ahora agrega una
condición que puede resultar todavía más incómoda para varios aspirantes: quien
quiera encabezar una coordinación municipal o distrital tendrá que demostrar
que también le aporta respaldo, aceptación y presencia a Morena, y no solamente
esperar que Morena haga electoralmente el trabajo por él.
“Hay que
aportarle a la marca Morena y no hay que colgarse de ella”. La frase tiene
destinatarios políticos aunque Imelda no haya mencionado nombres.
En un partido
con una marca electoral consolidada inevitablemente aparecen personajes que
pueden considerar suficiente conseguir la candidatura para beneficiarse del
voto asociado a las siglas, al proyecto nacional o a sus principales
liderazgos.
Lo que Imelda
está diciendo es que eso no debería bastar.
Y aquí aparece
una diferencia importante entre ser conocido y tener respaldo. La propia
coordinadora explicó que las mediciones de Morena no solamente consideran
conocimiento, sino también preferencia, aceptación y negativos.
Eso significa
que un personaje puede tener un elevado reconocimiento público y, al mismo
tiempo, cargar con niveles de rechazo que compliquen su eventual postulación.
La pregunta para
los aspirantes comienza entonces a cambiar: ¿cuánto tienes tú y cuánto te
presta Morena?
Ese quizá sea el
mensaje político más importante de la declaración. Una cosa es medir cuánto
obtiene Morena en Culiacán, Mazatlán, Ahome o Guasave y otra observar qué
ocurre cuando a esas siglas se les coloca determinado nombre. Si un aspirante
depende principalmente de la marca para sostenerse, existe una relación; si
además incorpora sectores, moviliza territorio, genera aceptación propia y
amplía la base del partido, existe otra muy diferente.
Eso también
representa una advertencia para quienes han comenzado recorridos, reuniones,
fotografías y acercamientos con dirigentes. Una fotografía con Imelda no
sustituirá una encuesta.
Haber
participado en el proceso estatal tampoco garantiza una posición municipal.
Ocupar actualmente un cargo, pertenecer a determinado grupo o tener relaciones
políticas importantes tampoco debería resultar suficiente si Morena mantiene la
regla que su coordinadora estatal está colocando públicamente.
Pero ahí estará
precisamente la prueba.
Imelda está
elevando el costo político de cualquier excepción futura. Primero estableció
que nada estaba amarrado. Después sostuvo que los acuerdos deberán pasar por
las encuestas.
Ahora agrega que
los aspirantes tienen que aportarle electoralmente al partido. Si llegado el
momento una coordinación termina encabezada por alguien que no cumple con esos
criterios, inevitablemente aparecerá la pregunta sobre qué otro factor
intervino.
Porque tampoco
podemos reducir todo a una encuesta.
Está la paridad.
Están PT y PVEM. Está la distribución territorial de posiciones. Está la
necesidad de mantener cohesionados a quienes pierdan. Está la conformación
completa de distritos y municipios.
La encuesta
puede ordenar una parte de la competencia, pero después tendrá que entrar la
política para construir la candidatura y mantener unido al bloque.
Mientras tanto,
Imelda parece recorrer otra pista. Los aspirantes están pensando en
coordinaciones; ella dice estar concentrada en consejos municipales, secciones
electorales, capacitación, organización y revisión de estructuras.
No es un detalle
menor. Una candidatura puede tener buen conocimiento, pero sin organización
territorial difícilmente puede aprovecharlo completamente.
Así comienzan a
aparecer dos procesos paralelos rumbo a 2027. Uno es el de quienes quieren
aparecer en la boleta. El otro es el de Morena construyendo la estructura que
respaldará a quienes finalmente aparezcan.
Por eso la frase
de Imelda tiene más fondo del que parece. No basta con querer a Morena cuando
Morena puede darte una candidatura. La condición que está colocando es
demostrar qué puedes darle tú al partido.
Y cuando lleguen
las encuestas municipales veremos algo más interesante que los nombres. Veremos
quién tiene capital propio. Quién necesita de la marca. Y quién realmente puede
aportarle algo a Morena.
RECHAZO
Manuel Antonio
Pineda Domínguez acaba de abrir una discusión que probablemente crecerá dentro
del PAN sinaloense rumbo a 2027.
El exalcalde de
Rosario no utilizó medias tintas: rechazó “rotunda y categóricamente” una nueva
alianza electoral con el PRI y extendió su postura a elecciones federales,
estatales, distritales y municipales. No a la alianza PRI-PAN
El documento
resulta particularmente interesante porque Pineda no habla desde fuera ni
desconoce las experiencias anteriores. Reconoce que Acción Nacional ya caminó
electoralmente con el PRI y precisamente utiliza esos antecedentes para
justificar su oposición actual.
Su argumento es
que aquellas alianzas no produjeron los resultados esperados para el PAN y
sostiene que incluso hubo incumplimientos y diferencias con liderazgos
priistas. Son acusaciones políticas contenidas en el escrito y deberán
entenderse como tales, pero revelan que las heridas de elecciones anteriores
siguen presentes. No a la alianza PRI-PAN
Ahí está lo
verdaderamente importante. Mientras algunos actores de oposición hablan de
construir un frente amplio para competir contra Morena en 2027, Pineda plantea
prácticamente la ruta contraria: recuperar identidad, abrir espacios a
ciudadanos y organizaciones sociales y dejar de depender de acuerdos entre las
cúpulas partidistas.
No está
discutiendo solamente candidaturas; está cuestionando el modelo mediante el
cual Acción Nacional ha intentado competir durante los últimos procesos
electorales.
Y el
planteamiento coloca al PAN frente a una decisión complicada. Una alianza puede
sumar estructuras y electorados distintos, pero no garantiza que los votos de
un partido automáticamente acompañen al candidato de otro.
Competir
separado puede permitirle recuperar identidad, pero también obliga al PAN a
demostrar cuánto conserva realmente por sí mismo en territorio, organización y
respaldo ciudadano.
Pineda agrega
además un componente territorial que merece atención. En su documento menciona
específicamente lo ocurrido, desde su perspectiva, en Rosario y Escuinapa. No
es casualidad.
El sur de
Sinaloa también será parte de cualquier negociación opositora y ahí los
acuerdos nacionales o estatales terminan enfrentándose con relaciones, agravios
y liderazgos locales que no siempre obedecen automáticamente a las dirigencias.
Por eso sería
apresurado interpretar este pronunciamiento como una ruptura de Manuel Pineda
con Acción Nacional.
El documento
dice otra cosa: habla desde su identidad panista, reivindica la historia del
partido y dirige su inconformidad precisamente hacia quienes toman las
decisiones dentro del PAN. No a la alianza PRI-PAN
No está
anunciando que se va. Está advirtiendo que no está dispuesto a recorrer
nuevamente el mismo camino con el PRI. Y ahí puede comenzar un debate mucho más
grande que Manuel Pineda.
Porque antes de
decidir con quién quiere aliarse para enfrentar a Morena en 2027, el PAN tendrá
que resolver qué quiere ser y cuánto está dispuesto a ceder para construir esa
alianza.
ENFOQUES
Ana Ayala Leyva
decidió que su Segundo Informe Legislativo no tendrá solamente escenario,
invitados y discursos. Lo llevará a colonias y sindicaturas de Ahome, casa por
casa, para explicar reformas, presupuesto y programas sociales. Es rendición de
cuentas, pero ocurre además en un momento político que inevitablemente le
agrega otra lectura.
La diputada
federal ya confirmó que buscará registrarse para la Coordinación Municipal de
Morena en Ahome rumbo a 2027. Por eso, recorrer el municipio mientras informa
su trabajo legislativo también incrementa su presencia territorial precisamente
cuando Morena ha comenzado a colocar las encuestas, el conocimiento y la
aceptación ciudadana como elementos centrales de sus próximas definiciones.
No significa que
el informe sea automáticamente un acto electoral. Ana tiene una responsabilidad
institucional que informar y resultados legislativos que presentar. Pero en
política el momento importa: mientras otros aspirantes tendrán que construir
recorridos para darse a conocer, ella puede regresar al territorio desde la
representación que ya ejerce.
Y ahí estará su
verdadera prueba. No bastará con informar cuántas reformas acompañó ni cuántos
beneficiarios tienen los programas federales en Ahome. Tendrá que demostrar
cuánto de ese contacto se traduce en reconocimiento propio y cuánto corresponde
a la fuerza de Morena.
Justamente lo
que Imelda Castro acaba de poner sobre la mesa: no solamente colgarse de la
marca, sino aportarle.
Ana Ayala ya
levantó la mano por Ahome. Ahora decidió caminarlo.
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